La palma de aceite, crónica de un ecocidio anunciado

Con fecha de publicación 19 de mayo de 2019, la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader) dio a conocer un comunicado sobre la palma de aceite, mismo que fue replicado en distintos medios (Regeneración, La Jornada, etc.) Las afirmaciones de los titulares son las siguientes:

1) Que el cultivo está “dirigido a detonar áreas de cultivo ociosas”.

2) Que “hay una percepción errónea del cultivo de la palma de aceite”.

3) Que “el 95 por ciento del área sembrada con palma de aceite es de temporal, por lo que es mínimo el impacto en los mantos acuíferos”.

4) Que “cuenta con sólo el 0.5 por ciento de la superficie total de cultivos en el país”.

5) Que “no es un monocultivo y se intercala con plantas nectaríferas que mantienen la diversidad de insectos benéficos y polinizadores, además de plantas leguminosas que mejoran las características químicas y físicas de los suelos”.

6) Que “la Sader es un aliado de los productores de palma de aceite”.

7) Que se busca “ampliar la producción de aceite, que actualmente sólo cubre el 15 por ciento de la demanda nacional”.

Un ecocidio anunciado

Estos esbozos de argumentación pueden dar lugar a confusiones y no merecen quedar sin respuesta. Aquí algunas:

1) La realidad es que la palma de aceite no ocupa únicamente áreas ociosas sino que es famosa por desplazar áreas activas e incluso ocasionar la pérdida de bosque primario.

2) No es una cuestión de percepción sino de hechos. El sur del continente asiático ofrece el precedente paradigmático. Los principales productores de aceite de palma del mundo son también los que observan las tasas de deforestación más altas y se enfrentan a una seria crisis ambiental.

3) Es una falacia conocida citar la ausencia de un mal para justificar la instancia que se defiende. El cultivo de la palma podrá no tener fuerte impacto en los mantos acuíferos, pero esto es por la sencilla razón de que se siembra en los trópicos, cáliz de los bosques húmedos. Por otra parte, nada asegura que no haya un impacto en los mantos acuíferos debido a la contaminación, ya sea por los agroquímicos que incluye el paquete tecnológico del cultivo o los residuos de las plantas procesadoras.

4) Que el porcentaje respecto al total de cultivos sea bajo no significa que sea deseable incrementarlo, como se sigue de reconocer que es colindante a zonas naturales tan protegidas como amenazadas. Por ejemplo, la selva Lacandona que solo ocupa el 0.4 por ciento del territorio mexicano.

5) En las decenas de plantaciones que he visitado en Chiapas no he sino observado a nivel de suelos: compactación, desecación y sombras yermas; a nivel de las copas: un extenso desierto verde. Si realmente existen plantaciones significativamente diversificadas y estudios concluyentes con resultados positivos sobre su suelo sería magnífico que se indicara dónde pueden hallarse.

6) Sorprende que la Sader confiese que vela por intereses particulares y no los generales del pueblo mexicano.

7) Siempre es loable que un país busque disminuir su dependencia del extranjero. Sin embargo el mundo no da para las exigencias de un consumo desaforado. Lo que en verdad se necesita es disminuir la demanda nacional y mundial.

Nada apunta a que el cultivo de la planta de aceite pueda hacerse de manera verdaderamente sustentable. En todo caso la carga de la prueba cae en la industria, el principio precautorio lo demanda.

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Alan Heiblum 

¿Eres ecofriendly? Gracias por la contingencia ambiental

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