La primera vez que vi a México en un Mundial: USA 1994

por Óscar Muciño
@opmucino

El primero de enero de 1994 entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, ese mismo día el Ejército Zapatista de Liberación Nacional se levanta en armas como respuesta a una de las principales acciones del plan económico del Salinato, que ya estaba en su último año.

Ese Año Nuevo lo pasé en Mazatlán, con la familia de un amigo de la cuadra cuyo papá era originario de ese puerto. Ahí pasé también la Navidad, era la primera vez que pasaba esas fiestas sin mi familia. Cuando regresé a casa encontré a mis padres consternados por el panorama social que estaba fraguándose, y eso que aún no ocurría la devaluación que se conoce como “el error de diciembre”. Ese año también se celebró el decimoquinto Mundial de Fútbol, que tuvo como sede a los Estados Unidos.

México aseguró su clasificación hasta el último momento en un partido contra Canadá y con anotación del “Abuelo” Cruz. Yo tenía 10 años cuando, el 19 de junio, la Selección Mexicana debutó en el Mundial, después de haber sido vetados del mundial en Italia por el conocido “escándalo de los cachirules”, un castigo que también había relegado al combinado nacional de acudir a los Juegos Olímpicos de 1988.

Campos

El primer cruce del grupo E, en el que salió sorteado el tricolor, era contra Noruega, quien llegaba al campeonato por segunda ocasión en su historia, y tras haber conseguido el primer lugar de su grupo en la clasificatoria europea (el segundo fue Holanda) y dejando fuera de la competición a la selección inglesa.

Fuimos a casa de mi abuela para ver el partido. Ese día me atavié (o ataviaron) con un conjunto de playera y short blanco. La playera tenía un estampado de Jorge Campos, Piqué y Juanito, el ídolo de la afición junto con las dos mascotas de los campeonatos celebrados en México. La muda fue un regalo de mi abuelo.

La selección tenía como entrenador a Miguel Mejía Barón quien sustituyó a César Luis Menotti y venía de haber salido campeón con los Pumas en la temporada 90-91. Jorge Campos era la estrella del equipo, ese portero cuya alternancia en la delantera había despertado interés en otros países. En la delantera estaba Luis García quien en ese momento militaba en el Atlético de Madrid, un Hugo Sánchez que estaba en sus últimos años. En la defensa Claudio Suárez y Ramírez Perales, ambos de la cantera Puma, eran garantía de solvencia. En la media, Del Olmo tenía la batuta junto al “maestro” Galindo.

El partido fue tenso, de esos que se traban en medio campo, y con posibilidades de gol por ambos lados. Tanto Campos como Thorstvedt, arquero noruego, tuvieron varias intervenciones. Fue hasta el minuto 84 cuando llegó una del par de jugadas que dieron rumbo al partido.

El balón vuela por el medio campo, Ramírez Perales no despeja sino revienta el balón, sin buscar a nadie, Bratseth, defensa noruego vuelve a meter al lado del campo mexicano el balón con un cabezazo. Del Olmo revienta mal y, peor aún, hacia su portería, hacia donde está Fjoertoft, quien en ese momento militaba en la liga inglesa, el noruego pone el balón en tierra y de inmediato es recibido con una falta de Ramírez Perales. Aun así el balón toma trayectoria de pase hacia el otro delantero noruego Rekdal, quien había entrado de cambio. Ramón Ramírez intenta sin éxito cortar el rumbo del balón. El 10 noruego toma el balón y se perfila hacia Campos, Claudio Suárez pega una carrera para detenerlo pero no llega a tiempo, Rekdal dispara cruzado de pierna derecha, de nada sirve la salida y estirada de Campos, quien queda tirado en el campo mientras los noruegos festejan la anotación.

La segunda jugada ocurrió ya empezado el tiempo de compensación. Un balón llegaba a los pies de Ramón Ramírez quien chuta, el balón llega a Zague para que sólo la empuje hacia la red. Zague remata pero el balón pega en el poste izquierdo para después volver a tomar dirección hacia Zague, quien en el suelo busca rematar con la “mollera” pero el balón toma altura (no dirección hacia el arco) y es despejado por la defensa noruega. Después el silbatazo final, debut y derrota.

Tras el partido, acompañé a mi papá a la tienda, sintiéndome avergonzado de mi atuendo, traía yo una marca que delataba que había apoyado al equipo perdedor. Incluso creo que fue la primera vez que escuché aquella famosa frase de “jugamos como nunca y perdimos como siempre”. Estar del lado del perdedor no tiene gracia a los 10 años, uno no conoce que hay placer en el dolor y en el caer derrotado. El dependiente de la tienda notó mi malestar por la ropa, y me dijo: así es el futbol, a veces se gana y otras se pierde, pero no te avergüences. Palabras que ahora 22 años después aún recuerdo me dieron algo que no sabría llamar consuelo, pero sí me tranquilizaron y quitaron la incomodidad de mi playera con Campos estampado.

Después vino el empate con Italia, con gol de Marcelino Bernal, y la victoria 2 a 0 contra Irlanda, con dos goles de Luis García, uno de mis ídolos de aquellos años. México clasificaría como primero de grupo por la diferencia de goles y en octavos le tocaría jugar con Bulgaria, en ese famoso partido por sus penales fallados y los cambios que nunca realizó Mejía Barón. Pero yo ya había visto por primera vez a la Selección en un Mundial, y me tocó verla perder, y me tocó avergonzarme de mi país. Algo a lo que ya estoy acostumbrado.

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