#LaPrimeraVez que vi el mar

por Óscar Muciño
@opmucino

Parece que no termina y tiene sabor a sal, así me describía mi padre el mar antes de ir a visitarlo. Me emocionaba el viaje que haríamos para conocerlo.

Salimos de noche de la Central camionera del Sur. Llegamos aún de noche al puerto de Acapulco. Nos hospedamos en un hotel que pertenecía al sindicato de trabajadores del IMSS. El pago del alojamiento se le descontaría a mis padres puntualmente cada 15 días. El Hotel del IMSS estaba al lado del Hotel Ritz. Yo no tenía más de 10 años.

La oscuridad no me permitió verificar de inmediato los dichos de mi padre. Sólo el sonido duro e incesante. El sonido era suficiente para imaginar su presencia. La atmósfera húmeda y tibia. Era el océano Pacífico, el más grande del planeta, con su marea y sus olas.

Me acerqué a la arena. Me descalcé para pisarla. Sentí su consistencia. Seguía oyéndolo con asombro. Vi las continuas olas. Casi inmediatamente tuvimos que pasar a la habitación y dormir unas horas.

Amaneció. Desperté. El sonido seguía ahí. Ahora acompañado de claridad. No corrí escaleras abajo para salir a la playa. Abrí las persianas del cuarto. Desde el balcón lo vi. Parecía que no terminaba. Grande y azul, con las crestas de sus olas en color blanco. Era un falso infinito, pero algo cercano a él. Era un falso cielo. Ante mi vista parecía que en un punto cielo y mar se hacían uno.

Traje de baño puesto. Salvavidas del Mundial del 86 inflado y en el brazo. Listo para salir a la playa. Antes tomamos posesión de una silla al lado de la alberca. Nadé un poco. Salí a la playa. La arena quemaba, el aire también. Contemplé la hilera de olas. Me acerqué hasta que me golpearon. Sentí su sabor a sal. Sentí ardor en los ojos. Sentí su fuerza, me tiraron, me arrastraron un poco. Sentí miedo combinado con respeto.

El viaje tuvo varias visitas. Una al Parque papagayo, otra a la Quebrada. Una caminata por la costera. De esta primera visita a Acapulco conservo el recuerdo de mi hermana durmiendo sobre la mesa de un puesto de tacos. Nadar es cansado. De niño no me percaté, uno vacaciona y ya. Ahora me vengo a enterar que en ese puesto sólo comimos mis hermanas y yo. Mis padres nos veían esperando que dejáramos algo para poder comerlo. Ya no había dinero para todos.

No sé qué signifique ser padre. Tal vez nunca lo sepa. Una forma, entre tantas, con la que trato de explicármelo es poniendo en su justa dimensión actos de mis padres que de niño yo no percibía. Como ese: aguantar hambre con la intención que tus hijos conozcan algo que, tú con tu experiencia, sabes que los marcará de por vida. Hambre con tal de que en ellos, viendo el mar, quede un recuerdo que genere la idea de que el mundo, a veces, no es un lugar de mierda.

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