Las 8 cosas que le faltaron al #DebateEdoMex

El primer debate entre los candidatos a la gobernatura del Estado de México dio de qué hablar más por lo que faltó que por lo que sucedió. El formato que impedía el diálogo directo, la falta de propuestas, el intercambio de los ya muy oreados trapitos de cada candidato, fueron las constantes de este primer encuentro. La opinión pública coincide: no hay manera de dar un ganador (aunque pululen las encuestas que ensalzan a Vázquez Mota) porque no hubo pelea.

Les dejamos aquí 8 puntos básicos (aunque sabemos que son muchos más) que brillaron por su ausencia en este primer debate por el gobierno de la entidad llamada la joya de la corona.

* Debate

Obviedad de obviedades, la primera ausencia importante en lo que sea que sucedió anoche en el Instituto Electoral del Estado de México fue el debate. Según la RAE, debatir es “discutir un tema con opinions diferentes” o “luchar o combatir”. En los 90 minutos de ayer no sucedió ni lo uno ni lo otro. Para empezar, ningún candidato respondió a interpelaciones directas, optaron por al máxima de AMLO de salir incólumnes del pantano. Pero lo más importante es que no hubo opiniones sobre los temas planteados. El debate se dividió en tres ejes: seguridad pública y justicia social, combate a la corrupción y desarrollo social, que todos los candidatos aboradron desde la misma perspectiva: cada uno de ellos hará más y mejor, el cómo quedó ahí perdido.

*Moderador

Ante la parsimonia de los candidatos, la esperanza del debate era un moderador incisivo o que, de menos, les metiera un poco de presión. Javier Solórzano fungió más como maestro de ceremonias que como moderador. El formato acabó de amarrarle las manos al no permitirle cuestionar directamente a los candidatos. La mayor aportación del periodista fue la pifia inicial de confundir a Josefina con Delfina para otorgar el primer turno. Eso y su casi disculpa final, anunciando un segundo debate que, esperamos todos, se ponga mejor.

* Calle

Los grandes ausentes del debate fueron los mexiquenses. Aun con la insistencia de los candidatos de hablarle de tú a la cámara, las necesidades, inquietudes, miedos y propuestas de los ciudadanos de a pie nunca aparecieron en los discursos de los candidatos. La entidad más poblada del país no fue ni telón de fondo de la plática. Los ejes temáticos plateados como los grandes problemas del Estado de México no surgieron ni como cifras, mucho menos con caras y cuerpos que padecen cada día las calles. Los candidatos hablaron de la situación del estado como hechos etéreos que estaban ahí para ser tomados como argumentos y que todos dejaron escapar.

* Sangre

Si las propuestas no surgieron, al menos los espectadores esperábamos que se dieran hasta con la cubeta. En un gris debate, hasta el intercambio de acusaciones y recriminaciones fueron tibios. Los trapitos nunca salieron al sol, porque todos ya los conocíamos. Las desacreditaciones que se mencionaron podían conocerse mucho mejor y de manera más interesante en las redes sociales que lo que se dijeron entre ellos. La cautela de los candidatos se tradujo en el nulo arriesgue, algo inaceptable si desean gobernar un estado en que la mayoría de los ciudadanos se juega la vida cada día.

* Partidos políticos

Sorprendentemente, los partidos políticos tampoco hicieron acto de presencia en el debate. En una absoluto culto a la personalidad, los candidatos evitaron defender la casa y la escuela a la que pertenecen. Únicamente Delfina Gómez y Juan Zepeda defendieron las plataformas de sus partidos: la primera defendiendo su oposición al gasolinazo (aunque se equivocó primero diciendo que había votado a favor), y el segundo enalteciendo al PRD como pionero en los programas sociales. No obstante, ningún contendiente defendió la venia política a la que pertenece. En la moda internacional de los outsiders, los candidatos, aunque quieran, no pueden negar la cruz de su parroquia.

* Espectáculo

Si el debate tenía el objetivo de informar y atraer a los electores, el formato falló terriblemente. En la era de la inmediatez hubo un debate de cartón; en la era de los memes y los gifs, los candidatos parecieron niños de primaria exponiendo con rotafolio las  fotos comprometedoras. La producción de la puesta en escena fue nula, y la ejecución de los actores tan pobre que ni para pena ajena dio.

*Sentido del Humor

Una de las grande fallas de la política mexicana es la absoluta incapacidad para tener sentido del humor. Y no pidamos que se rían de sí mismos, no pueden ni burlarse de los contendientes. La seriedad con que se asumen los políticos es de un tedio insufrible. Así, ni los insultos saben. El único atisbo de humor que tuvo este debate fue el cierre de Delfina Gómez con su  superrequetebién, que recuerda más a la comedia de Odisea Burbujas que a otra cosa. En un debate gris, no hubo ni humor involuntario.

* Hambre

Sin propuestas, sin insultos y sin debate, la ausencia más preocupante de todas es el hambre por ganar. A ningún candidato se le notaron las ganas de triunfar. Si no había con qué convencer, tampoco hubo intención de seducir al votante, ni a la buena ni a la mala. Si, como dicen algunos medios de comunicación, los candidatos hablaron como si estuvieran en mitin político, nadie consideró a la audiencia que se supone que los hará llegar al palacio de gobierno. Perdidos en la foto y el eslogan, no interpelaron a los votantes ni siquiera para que éstos temieran ser manipulados. Si la intención era hablar de tú a tú, nos dejaron a los ciudadanos con un espejo muy pobre en el cual ver nuestras propias aspiraciones.

Así es, muchachos y muchachas, la incertidumbre continúa para los mexiquenses. La apuesta ya no es por el menos peor o por el malo conocido, sino por otorgarle el justo peso a la elección de una entidad determinante en la política de este país, que se halla perdida entre el botox, el gel y una honestidad en duda.

Comments

comments