Las mujeres que vivimos cuidándonos. 8 puntos que demuestran que las mujeres no tenemos derechos humanos

por Gabriela Astorga
@Gastorgap

El 25 de noviembre de 1960, las hermanas Patria, María Teresa y Minerva Mirabal eran encontradas dentro de un jeep al fondo de un barranco en República Dominicana. El “accidente” mal disimulaba que “las mariposas“, como las llamaban, habían sido asesinadas a golpes por órdenes del dictador Rafael Leónidas Trujillo. Once años después, Latinoamérica recordaba a las Mirabal para conmemorar el 25 de noviembre como el Día de la no violencia contra la mujer; en 1999 la ONU lo nombró oficialmente como el Día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer. Y desde hace un par de años, el 25 de noviembre es el inicio a los 16 días de activismo contra la violencia de género, que culminan el 10 de diciembre, Día de los derechos humanos.

Lo que debería ser una celebración de los derechos de las mujeres pierde sentido cuando vemos la realidad en la que vivimos millones de mujeres y niñas alrededor del mundo. Es un lugar común decir que pese a los muchos avances en la lucha por los derechos de la mujer, actualmente hay un cúmulo de razones por las que su posición sigue siendo una de las más vulnerables de nuestras sociedades. Aquí 8 de ellas.

* Es muy válido que defiendan sus derechos pero…

Las mujeres y las niñas son quizá el grupo que más tiene que defenderse mientras defiende sus derechos. No solamente se trata de la lucha por garantizar derechos fundamentales que nos son negados (sí, negados por personas con nombre y apellido), sino en el camino evitar algunas de las formas más naturalizadas de violencia, además de lidiar con frases como “pero no son las únicas“, “por qué se separan en lugar de sumarse a la causa de la humanidad“, etcétera. Defender los derechos propios parece la ofensa de no defender los de la sociedad en su conjunto, aun cuando esa sociedad vea como natural que la mayor parte de ella viva violentada.

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* Lo bueno que ya no vivimos en esas épocas en que las mujeres…

El discurso de cuánto hemos avanzado es engañoso. Por un lado, tenemos que celebrar los triunfos obtenidos, por otra, siempre es más largo el camino que se tiene por delante, y no debemos descartar los saltos hacia atrás que damos constantemente. Las percepción de avance es engañosa: los países europeos (que parecerían mucho más respetuosos de las garantías individuales) son la mejor muestra de ello. La última encuesta sobre violencia de género arroja cifras reveladoras: aunque el 90% de las personas están a favor de la equidad, sigue habiendo brechas importantes en cuanto empleo, seguridad, salud y salario entre varones y mujeres. Igualmente, el 90% de los varones considera inaceptable gritar a una mujer en la calle, pero el 24% de las mujeres han reportado acoso callejero. Siete de cada diez empresas tienen políticas contra el acoso sexual, pero el 40% ha atendido denuncias penales en esa materia. La diferencia entre las garantías conseguidas en papel y la vida de millones de mujeres es ahora más grande que nunca.

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* Las ley escrita en piedra

Si bien una buena parte de los países del mundo cuentan con una legislación en materia de violencia contra la mujer, hay que considerar que los protocolos y las instituciones no cuentan con prácticas con perspectiva de género. Por ejemplo, Brasil, que cuenta con una amplia legislación en materia de género, tiene índices de violación parecidos a los de Túnez, que no cuenta con ninguna. En la mayoría de los países, la legislación que defiende a las mujeres de la violencia es letra muerta. Eso puede verse en nuestro país: en marzo de este año, 16 entidades solicitaron la alerta de género; sin embargo, los índices de feminicidios han ido en aumento. La alerta de género se ha convertido en un instrumento para que las autoridades se curen en salud, en vez de un mecanismo real que auxilie a las mujeres y niñas.

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* Las bromas no matan… o sí

Quizá el mayor riesgo para las mujeres consiste en que la sociedad parece incapaz de seguir el hilo de la violencia. La relación causa-consecuencia se pierde cuando no notamos que la violencia va in crescendo. El hecho de que no podamos ver que una ” inofensiva broma sexista” lleva a objetivar a todo un grupo de personas y eso al acoso sexual y eso a la violencia psicológica y eso a la violencia física y eso a la violación y eso al feminicidio, por seguir una ruta corta, causa que no notemos nuestra participación en el círculo de la violencia de género. Sí, tal vez la mayor parte de las personas no cometería un feminicidio o violaría a alguien, pero al legitimar y asumir como natural un comentario violento y desacreditar que alguien se sienta ofendida por él, estamos alimentando ese caldo de cultivo en que matar a una mujer es absolutamente impune.

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* Vístete de naranja, de rosa, de negro, de violeta… pero no de falda

El 25 de noviembre fue durante muchos años identificado con el color violeta como un símbolo de exigencia de equidad. Ahora, cada 25 de mes es el #DíaNaranja, para no reducir a una fecha al año la defensa de los derechos a las mujeres. El problema es cuando se reduce dicha defensa a la prenda de un color y no a cambiar acciones de la vida cotidiana. Enrique Peña Nieto puede tuitear mil veces el hashtag en turno, mientras las mujeres de Atenco siguen persiguiendo la justicia. Los símbolos son importantes, mientras tengan un contenido detrás, la petición no es vestirnos de un color, es vestirnos como queramos libres y tranquilas.

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* Entre la frialdad de los números y las heridas abiertas

Las cifras de la violencia de género son tan absurdamente abrumadoras que hemos preferido ignorarlas mientras siguen creciendo. Desde todos los frentes salimos perdiendo: si se presentan las cifras de los miles de abusos y vejaciones que recaen sobre las mujeres, los números son tan grandes que se pierde la perspectiva. Escuchar que cada día son asesinadas 40 mujeres en Rusia, 125 violadas en México, más de 200 sufren mutilación femenina a nivel mundial, puede hacer parecer a las víctimas como objetos. Sin embargo, si recurrimos a hablar de historias concretas: de Claudia a quien violaron 15 hombres en Brasil, de Rosa que a sus 14 años está embarazada tras un año de abuso sexual de su padre, y de miles y millones de casos similares, pareciera que cerrar los ojos es la respuesta natural. La negación del problema ha sido la respuesta, las personas no quieren saber de heridas abiertas, sin saber que al ignorarlas, la infección crece y se profundiza.

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* La bruja, el coco, la feminazi

Heteronormatividad, acoso, violencia, patriarcado, machismo, mansplanning, y un largo etcétera de palabras nos han sido arrebatadas para hablar de las cosas por su nombre. Las burlas y los ataques a las mujeres que defienden sus derechos han reducido las palabras a simples fantasías. Se habla de la violencia de género como si fuera el coco con que nos amenazaban de niñas, sin ver que, al igual que los reyes magos traían regalos, en muchas ocasiones los papás son quienes traen la violencia. Quienes llaman feminazi a alguien que sólo quiere ejercer libremente su derecho a la vida, no sabe qué significa ni nazi, ni derecho, ni vida, ni libertad. No es exagerado decir que además de cuidarnos en las calles y casas, ahora debemos cuidarnos en el lenguaje, y ese es un territorio que no podemos perder: el machismo mata, no dejemos de decirlo nunca.

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* Disculpe las molestias, pero nos están matando

No es un eufemismo. Ojalá lo fuera. El grito en las calles por nuestros derechos dirige hasta el más básico de ellos: el derecho a la vida. Y sí, todo ser humano cuenta con ese derecho, pero a las mujeres se les niega por el hecho de ser mujeres. La simple condición femenina tiene una serie de implicaciones que desde el momento de nacer nos coloca a la defensiva: las mujeres vivimos cuidándonos. Hoy 25 de noviembre no salimos a las calles para reafirmar nuestros derechos y exigir otros, sino para que dejen de eliminarnos. Finalmente, como bien dijo Alejandra Ortiz Medrano, “Decir Vivas nos queremos, implica que alguien nos quiere muertas”.

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Nos vemos a las 5 pm en el Ángel de la Independencia para conmemorar la muerte de las Mirabal, la de tantas otras que ya no están. Nos vemos a las 5 para gritar que, a pesar de que corremos el riego de ser violadas al ser víctimas de cualquier otro delito, que tendremos que regresar a casa a oscuras y alertas, que se burlarán de nosotras, que nos llamarán exageradas, que habrá que seguir gritando y peleando, nuestra vida nos pertenece y merece ser celebrada.

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