Los 10 momentos más DADOS del Carnaval de Bahidorá 2018

por Alejandro Guerrero
@elAleGuarrero
Fotografías de Diego Alva
@aalvum

La más reciente edición del Carnaval de Bahidorá reunió a más de 60 artistas de diversos rincones del orbe. Cine, música, pintura y escultura se conjugaron en Las Estacas para compartir sus propuestas estéticas al calor del sol de Tlaltizapan, Morelos. Como sería infinitamente tedioso e inútil reseñar cada uno de los actos a los que asistí, he decidido traer hasta ustedes un relato diferente de lo que viví y sentí el pasado fin de semana. Es por eso que ahí les van los 10 momentos más DADOS del Carnaval de Bahidorá 2018.

• “Y retiemble en sus sueños la tierra”

Llegamos rayando las 15h al parque Las Estacas. Después de colocar las tiendas y cambiarnos de ropa, decidimos ir a dar un paseo por el lugar para observar el montaje de los escenarios. Así llegamos al Asoleadero, vacío, de aguas prístinas y frescas, apenas un grupo de chicas se encontraba disfrutando del río. Nos tumbamos en el pasto para intentar relajarnos del viaje. Fue en ese momento que la tierra comenzó a cimbrarse con un ligero movimiento que, en principio, pensamos había sido provocado por el paso de alguno de los muchos camiones que circundaban el lugar, sin embargo, el jalón duró más de lo esperado y comenzó a intensificarse. Sonaron las alarmas, las palmeras se mecían en un vaivén asustador mientras nosotros apenas nos inmutamos pues el sitio en el que nos encontrábamos era seguro y descampado. Después de unos minutos el sismo se detuvo y pudimos constatar que no había afectaciones en la infraestructura que sostenía al festival. Todo quedó en un susto. Bahidorá nos recibía con un temblor, tal vez como una metáfora de lo que sucedería con nuestras emociones durante el fin de semana.

• El suelo que todo lo da

Caía la noche en Tlaltizapan y con ella comenzaban las actividades de bienvenida para la prensa y aquellas avecillas nocturnas que se anticiparon a la llegada del pópulo. Llegamos a El Umbral para asistir la presentación de Sabine Blatzin y Nickodemus representando al sello Fania, uno de los más emblemáticos en cuanto a música latina refiere. Había unas cien personas quienes disfrutaban de los ritmos cumbiancherosalserobogaloofunkosos, hasta que de repente, fuimos sorprendidos por un castillo de pirotecnia que se encendía atrás de nosotros, fundiéndose en coloridos destellos y estruendosos resplandores. Todo lo anterior provocó, al parecer, que la chica que se encontraba frente a nosotros extraviara en el pasto algo de mucho valor, no sabíamos qué chingados buscaba con tanta enjundia y determinación, por lo que le preguntamos qué se le había caído, a lo que respondió con una mirada alterada y un tanto avergonzada, se levantó abruptamente y salió de ahí. Sin embargo, mis gentiles y abusados acompañantes aguzaron los sentidos y casi al instante advirtieron una pastilla azul en forma de garrita bebé, que yacía entre la hierba del pasto. Jah todo poderoso nos estaba mandando esa tacha de dudosa procedencia para probar nuestro temple y determinación para la acción de drogarse. No nos la dimos en el momento y al día siguiente pasamos al stand de la banda de SPOLEA para que checaran la calidad del regalo que la naturaleza nos había dado. El resultado: un comprimido metanfetaminoso que pues no estaba chido pero tampoco estaba gacho. Acabó disuelto en un poco de agua de la que de vez en vez le daba un traguito, nomás pa’ espantarme el sueño.

• “¡Uy! Ya sólo tenemos desayunos para medios oficiales”

Fue la frase que escuchamos como respuesta a nuestra solicitud de desayuno. Chale, la neta la producción sí se vio bien chaqueta al negarnos los sacrosantos alimentos del día sábado y domingo nomás por no ser medio “oficial”. Con decirles que ni a nuestros colegas de La Jornada les querían dar sus chilaquilitos. La verdad es que sí sentimos casi tan gacho como la comida que nos daban, en fin, algún día esperemos se acaben estas distinciones para la prensa y lleguemos al fin de las categorías que separan a quienes desayunan de quienes no, en general, para la sociedad también, hablando de todo.

• Del dancehall al soca de la Isla San Andrés

El reloj maracaba las 12 y las actividades del escenario principal comenzaban con mucho ritmo y poder. Los colombianos Hetty y Zambo salían a un caliente escenario que crasheaba las compus del Mc, haciendo que el show se detuviera por momentos y lo que provocó que la producción improvisara una sombrilla y un ventilador para mantener frescos los distintos equipamientos de la banda. Al solucionarse el pedo, la dupla comenzaría a encantar a los asistentes con la fuerza de la cultura criolla, al tiempo que aprovechaban los pocos espacios entre tema y tema para invitarnos a visitar esa bonita isla del caribe colombiano: San Andrés. No era mucha la audiencia que se congregó pero sí fuerte y determinada, pues siguieron a la perfección los pasos que la dupla nos enseñaba como para mostrarnos cómo se baila ese tipo de música, allá por esas paradisíacas y turquesas aguas. Esperen próximamente a este dúo en vivo en el HipHopótamo de la NoFM charlando con el buen Rafa Martínez. Muy chida manera de comenzar, con esta agrupación tan orgullosa de sus raíces e identidad criolla, esa mezcla cultural que interesa al festival y que lo hace ya una constante edición tras edición.

• Poner las palabras “campesinos” y “obreros” dentro del contexto

Siguió el turno de Los Aguas Aguas, agrupación nacional que mezcla ritmos como el son jarocho, cumbia, ska y rock de manera magistral. Hicieron uso de sus dotes provocando fuerte movedera de cadera en la asistencia, al tiempo que sus letras, cargadas de fuerte contenido social, hicieran aparecer por momentos en ese ethos invisible que flota sobre la colecividad, algunas palabras y conceptos que parecieran olvidados por nuestra condición de clase: “obreros y campesinos”, “justicia, paz y dignidad”, “alto a la guerra contra la sociedad civil”. Alguien lo tenía que hacer y qué bueno que fuera una agrupación nacional, quienes recordaron la función social que tienen los músicos: ser voceros del pueblo y sus necesidades, denunciar los abusos del gobierno e intentar abrir una brecha en la conciencia colectiva para provocar un cambio. Algo que al parecer a nadie le importa ya estos días, y menos en un festival que va dirigido a un público pudiente y económicamente cómodo.

• De la apropiación cultural y las reflexiones en torno

Llegaba el turno de los argentinos Chancha Vía Circuito, dúo que mezcla la música del folclore andino con elementos electrónicos. Lo hacen bien, hasta llegan a producir conmovedores estados cuasi enteógenos, sin embargo, un pensamiento me asaltó casi al mismo siento de sentir tal fruición: ¿cuál sería la reacción de la gente perteneciente a esas comunidades perdidas en la infinidad de las montañas sudamericanas al escuchar la música de sus pueblos, sampleada en electrónicos beats tocados para un público mayoritariamente blanco y privilegiado? No sé si andaba muy pasado, y mi comentario no va en torno a atacar lo que hacen estos compas, sino mas bien a reflexionar sobre el fenómeno de la apropiación cultural. ¿Qué tanto se lucra con la herencia de los diversos pueblos del mundo?, ¿qué tanto se resignifica la cultura en entornos ajenos al que la vieron nacer?, ¿es acaso esto un fenómeno impulsado por la economía o meramente un producto de la globalización de estos tiempos? No sé responder a estas preguntas, no sé si sea “bueno” o “malo” apropiarse de elementos culturales como la música y el vestido para ser usados en contextos completamente diferentes a los que los originan, reduciendo las partes esenciales y emblemáticas de ciertos pueblos a meros objetos de consumo dentro el mercado global. Lo mismo pasa con esa gente que lleva penachos a los festivales, o pelucas afro, o huipiles o dreadlocks o turbantes, ¿somos todos responsables de estos fenómenos? Y si sí, ¿en qué medida?, ¿qué tanto de la cultura contemporánea se ha construido con base en referentes de elementos propios de otros pueblos con otra cosmogonía? En fin, ahí están esas preguntas cuyas respuestas podemos imaginar, a través de distintos procesos de reflexión.

El vato pedo que nos robaba la chela

Después de clavarme un rato en eso de la apropiación cultural, decidí darme un respiro del escenario principal pues el buen Javi (Sonido Martines), ya estaba pinchando sus vinilos en el Asoleadero. Iba entrando al “Tepetongo” del Bahidorá, cuando me encontré a mi amigo Nimai sentado diciendo cosas incoherentes. Me invitó de su michelada, yo le di unos haloweens del café que llevaba y una cosa llevo a la otra, salió el MDMA y seguimos en la fritas hasta que un carnal bien pedo, en tono juguetón castroso, nos quitó nuestro vaso de chela y ya no nos lo quería devolver, hasta nos decía que era de él y que no mamaramos. Le dimos por su lado, armamos otra cheve y después de unos tragos comenzamos a dudar si en verdad esa chela era de nosotros. Reencontrar viejos amigos es siempre una delicia, como delicioso fue el set que nos compartió el Javi, quien nos llevó en un viaje análogo por la francofonía caribeña, el África occidental, los Andes sudamericanos, la selva del Perú y las playas del Brasil; siempre con el sello característico del Sonido Martines, un investigador que no duda en zambullirse dentro de las polvosas cajas que ofrecen toda clase de vinilos en los tianguis perdidos alrededor del mundo, otorgando una experiencia completamente novedosa para las nuevas generaciones acostumbradas a la música digital hecha 100% por computadoras; un sonido que les resulta curioso en principio y que después de un rato, termina por atraparlos dentro del hipnótico trance que provoca la fricción de la aguja con el zurco del vinil. Qué bueno que gran parte del programa del festival fue ocupado por dj’s y selectores que utilizan formatos análogos. La música y sus texturas les agradecen.

• La Isla Picó

Este año el Carnaval de Bahidorá contó con diversos escenarios alternos, alejados del bullicio y las aglomeraciones del Asoleadero y el escenario principal, la Isla Picó ofreció experiencias sonideras de música tropical latina y vanguardia. Fue en este escenario, ataviado al estilo de los sonideros picoteros del caribe colombiano y venezolano, donde lo mejor del mundo de la música grabada se manifestaría con el candor propio de los lugares que les vieron nacer: la fiesta de barrio. Llegó pues el turno del Sonido Confirmación, viejo favorito de La hora DADA y sus festivales de parrandas, para hacer las delicias de la noche con sus menciones y dedicatorias 100% confirmación. El buen Danny rifando y controlando desde las tornas, pinchando puro tema bailable chingón, que congregó a la malandragem: la banda de la Resistencia Modulada (el Apache O’Raspi con el Paquito de Pablo), el Javi (Sonido Martines), Carlos Tropicaza y Julien (La ReDaDa) quienes tocarían pasando el turno de Confirmación. Todo en un ambiente suave y tranquilo, la noche había caído en Las Estacas cuando el escenario se transformó completamente, ampliando su capacidad y haciendo emerger una batería en medio de la nada. Era el turno de La ReDaDa, agrupación chilanga oriunda de la colonia de Doctores en el mero centro de la capirucha, mexicalpan extra ponketo. Estos locos del ritmo nos hicieron bailar con su groovy repertorio cargado de sintetizadores, theremins y notas de sax que surfean sobre el vaivén de su base percutiva, atrayendo al asistente a un viaje psicodélico y tropical dotado de fuertes momentos disco funky. En fin, se viene una fecha próximamente en el Alicia, cáiganle pa’ que sepan de qué lado masca la iguana.

• Un oscuro claro de luna

Llegó el turno de uno de los actos más esperados del carnaval, la presentación de Kamasi Washington. Uno de los jazzeros más prolíficos y activos del momento, colaborador de sinfín de proyectos, encendió la noche desde el primer momento de su presentación para luego bajar y llevarnos a un suave valle soul en compañía de sus talentosos músicos, quienes también son parte de su familia. Kamasi nos recuerda el valor de hacer las cosas con el corazón, rodeados de la gente que queremos en un ambiente de cariño y camaradería, eso se transmite en el escenario y dota a la música de un plus muy especial, ese sentimiento auténtico tan necesario para esta onda de la música. Fue increíble cómo las rolas se extendían en infinitos solos de cada uno de los miembros de la banda: trompeta, flauta transversa y hasta DOS BATACAS precedieron el solo del gurú, quien, dando lección sobre improvisación, demostró una vez más que, más allá de una técnica refinada, lo que hace a un solo crispar la piel es la intención con la que se toca. Este maestro se quedó varias vueltas parado firmemente sobre una nota, y así, improvisando en un único sonido, concretó uno de los momentos más chingones del festival. Nos hizo reparar sobre lo indispensable que resulta para todo músico y ejecutante hacer de su instrumento una extensión de su cuerpo, sintiendo con él, moviéndose a través del sonido con sólo sentir, sentir sintiendo el sentimiento presente del aquí y ahora, tan fluido que no se necesita parar a pensar.

• El rincón de los tee-pees

Después del ritual que significó la presentación de Kamasi Washington, y un poco desencantados de lo que siguió en el escenario principal, nos dirigimos al recinto más alejado del carnaval (no sin antes echar el taco de rigor, pa aguantar la madrugada): La Madriguera, un escenario íntimo y acogedor que presentaba propuestas diferentes a lo que se escuchaba en otros escenarios de Bahidorá. Encontramos el show de Benny Bajo & the Kings of Creole, agrupación que nos dejó un buen sabor de boca por lo bien lograda de sus fusiones que reunían elementos de la música caribeña como el reggaetón, con el free jazz de John Coltrane y otras ondas funky. Muy chiro, muy suave, con mucha onda, varias parejitas aprovechaban la luz baja del lugar para cachondear dentro de los tee-pees dispuestos, al parecer, para los placeres del cuerpo. Emulando antiguas casas de opio, estos tee-pees ofrecían un ambiente relajado y sensual para quienes se adentraban en ellos a descubrir las bondades de los frutos corpóreos. Lástima haberlo encontrado tan tarde, hubiera sido bueno tener más tiempo para disfrutar del programa de La Madriguera y sus rincones.

Así pues esta breve lista de lo más DADO que aconteció en la más reciente edición del Carnaval de Bahidorá, importante evento que ya está consagrado dentro del horizonte cultural de Tlaltizapan, Morelos, y que año con año ofrece al público un variado cartel que conjuga diversos artistas de distintos rincones del globo, todos con una propuesta única que habla de sus raíces y es parte fundamental de su identidad.

Cabe señalar que este año, a diferencia de otros, me sentí muy cómodo dentro del festival y eso se debió a la gran cantidad de amigos que encontré y con quienes compartí risas, sorpresas y sustancias; la verdad es que sin esas personas mi experiencia habría sido radicalmente diferente. La aventura está a la vuelta de la esquina, es sólo fluir y dejar de agarrar. Magia le llaman algunos, ley de la atracción otros, pero lo cierto es que nada me faltó, del piso encontré desde cigarros hasta tachas, y de la mano de los amigos vinieron chelas, mezcales, galletas de mostaza, emedemea y hasta hojita de coca directamente de La Paz, Bolivia. Esa es la enseñanza que me deja Bahidorá: tu mente es un imán que atrae y repele lo que deseas y rechazas, una actitud estoica y parsimoniosa es fluir con el momento, tus deseos se proyectan en el universo reflejándose nítidamente en el mundo material al tiempo en el que los sueltas, los dejas de agarrar, te desapegas. La próxima vez que desees algo, visualízalo en tu mente mientras evocas la sensación que te produciría el obtenerlo, experiméntala fuertemente, vívidamente y después… olvídate de ella. Llegará.

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