Los años luz son relativos: respuesta a #PecesSueltos acerca de The Monks. De Christopher Nilton Arredondo

Los años luz son relativos: respuesta a #PecesSueltos acerca de The Monks

Por Christopher Nilton Arredondo
@niltopher

La música, como todas las artes, es una convención social: en algún punto de la civilización infante, hombres y mujeres se pusieron de acuerdo en lo que debe ser la música, como cuando los grupos de peques se ponen de acuerdo sobre las reglas de sus juegos. A esas reglas de juego les hemos puesto el nombre de canon.

Lo canónico en Occidente contemporáneo (cada vez más hecho a la idea de aldea global) es una lata: con la aparición de las sociedades industrializadas, la antigua brecha entre la cultura elevada (anterior a la época Moderna y sus ideales de libertad e igualdad entre los seres humanos) y la cultura popular (perteneciente a todos aquellos ciudadanos de segunda clase, plebeyos medievales y esclavos griegos, o sea el resto del mundo) se ha hecho porosa debido al acercamiento de las clases populares a la alta cultura y al interés de la Academia (otra institución latosa) en las expresiones populares.

En este contexto, la obra de los Beatles, llena de elementos aristocratizantes (incorporación de instrumentos tradicionales de una orquesta a piezas de Rock n’ Roll, letras introspectivas o con referencias literarias, etc.), fue reconocida, asimilada e imitada por una buena parte de los músicos rock­pop, desde mediados de los 60 hasta la fecha, al grado de convertirse en la tendencia principal de aquella década.

La amplia gama de posibilidades musicales de los 60 prácticamente puede agruparse en dos vertientes muy generales; el acercamiento a esa tendencia principal o el distanciamiento de la misma. Si los Beatles establecieron la convención de lo que en 1966 era “buena música”, alejarse de la tendencia principal implicaba el riesgo de no alcanzar éxito comercial, lo cual explica que mucha música de la época pasara inadvertida a pesar de su calidad estructural.

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Por eso la labor de NoFM con su #PecesSueltos es tan loable. Sin embargo, conviene señalar que buena parte de los grupos que sobrevivieron a la selección de los injustos hábitos de consumo de la fanaticada, lo lograron porque crearon productos musicales de una calidad estructural impresionante.

En el #PecesSueltos de Efraín Navarro acerca de The Monks, uno de los nombres privilegiados del movimiento Garaje e importante influencia del posterior Punk, el autor dice que el grupo estaba “años luz adelantado” a los Beatles. Al escuchar tanto el LP de The Monks como sus sencillos se percibe que decididamente intentaron alejarse de la tendencia principal de su época al incorporar los elementos que Navarro menciona en su texto.

Pero, siendo honestos, no es una sorpresa que el Black Monk Time no generara mayor interés fuera de quienes volvieron a la banda un producto de culto: frente a la vertiente beatle, el tempo es casi el mismo en todas las piezas del disco al igual que los compases utilizados. La instrumentación se mantiene constante al grado de tratar al banjo de Dave Day como una guitarra más; si The Yardbirds no usaron un sitar en “Heart Full Of Soul” fue porque la pieza no lo necesitaba (tenían a Jeff Beck, claro) y, por su estética, The Monks no necesitaban un banjo.

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Por otro lado, la tendencia principal, ofrecía tempos variados (piezas rápidas seguidas de piezas más lentas, o piezas bailables junto a piezas vertiginosas), además de uno que otro ritmo diferente: aunque prácticamente toda la música rock está en compases de 4/4, el mismo Revolver de los Beatles presenta una pieza en un compás ternario, “Love You To”, y otra con valores rítmicos a la mitad, “For No One”.

Las armonías vocales de The Monks, que jugaban con la idea de un coro gregoriano, presentan paralelismos con la música que The Beach Boys exploraba en 1962 (aproximadamente unos 13.7 kilómetros a la 13ª potencia de distancia de The Monks), mientras que el feedback, efecto deseado cuando se usan instrumentos acústicos con órdenes o cuerdas dobles, ya era un recurso de los Beatles en 1966; incluso los integrantes de The Byrds, la banda folk-rock sesentera, señalan a George Harrison como inspiración en el uso de guitarras de doce cuerdas.

Un año luz es una medida de distancia y las cosas que ocupan espacio y se desplazan sobre éste, lo hacen en tres ejes del plano cartesiano. Me gusta pensar en los 60 como una exploración musical en múltiples direcciones que, cuando encuentra realizaciones diferentes entre sí, pueden ubicarse no una delante de otra en un eje Z, sino una lejos de otra, paralelamente, en un eje X. Los recursos de los Beatles pueden no ser los mismos que los de The Monks y, desafortunadamente, las tendencias de consumo privilegian el uso de ciertos recursos sobre otros.

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Pero el canon del que hablaba al principio no es una construcción inmóvil, sino un fenómeno de constante tensión y distención. Si The Monks no pegaron a la mitad de los 60, lo hicieron a través de quienes los recuperaron a finales de los 70. En contraste, si la tendencia Beatle privilegió en los 60 a músicos como The Byrds, Herman’s Hermits o al mismo Donovan, éstos quedaron prácticamente sepultados la década siguiente. Lo único que puede mantenernos ecuánimes frente a las voraces estrategias de mercado, que privilegian cierta estética en detrimento de otra durante una época determinada, es la consciencia de que existe ese canon.

Y claro, también cabe la consciencia de que los fans somos testarudos y, en pos de expresar una verdad personal, la retórica nos juega trucos. Seguramente Navarro quiso expresar cómo The Monks se volvieron un referente para las tendencias principales de años posteriores a 1966; si el Black Monk Time hubiera aparecido en 1969 o en 1975, habría sido quizá un hit de ventas. Pero el Krautrock, el Punk, incluso el Heavy Metal y sus derivados se volvieron interesantes como mercancía en cuanto el rock psicodélico y otras formas influidas por la beatlemanía dejaron de ser atractivas. Tensión y distención del canon.

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Quizá si hubiera existido en los 60 el Internet o un espacio no convencional como NoFM y su #PecesSueltos, habría sido más fácil para el consumidor musical de la época acceder a The Monks. Supongo que a los 60 le faltó un melómano crítico y consciente como Efraín Navarro.

Aquí puede checar el #PecesSueltos de The Monks a cargo de Efraín Navarro.

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