Los Intelectuales Pero Idiotas (IPI). Un texto de Nassim Nicholas Taleb

por Nassim Nicholas Taleb
@nntaleb

traducción de Gabriela Astorga y Benjamín Morales

 

El siguiente texto es una traducción íntegra del artículo publicado Taleb en su blog, y es un fragmento de Skin in the Game. Con la publicación queremos sumarnos a la discusión acerca de los motivos del triunfo de Donald Trump, que un grupo extenso de intelectuales ha querido simplificar, desacreditando las razones de un sector importante de los ciudadanos de a pie.

Lo que hemos estado observando alrededor del mundo, de la India al Reino Unido y a Estados Unidos es la rebelión en contra del cerrado círculo de burócratas ñoños-pecho frío y de los periodistas infiltrados, esa clase de expertos semi intelectuales y paternalistas salidos de una universidad prestigiosa, de Oxford, Cambridge o alguna similar, que quieren decirle al resto de nosotros 1) qué hacer, 2) qué comer, 3) cómo hablar, 4) cómo pensar y 5) por quién votar.

Pero el asunto es que el tuerto sigue al ciego: esos autoproclamados miembros de la intelectualidad no pueden hallar un coco en la Isla de los Cocos, lo que significa que ellos no son lo suficientemente inteligentes para definir inteligencia sin demasiados rodeos. Su principal habilidad es la capacidad de resolver exámenes escritos por gente como ellos. Con estudios de psicología con menos de 40 % de efectividad, consejos dietéticos que contradicen 30 años de obesofobia, análisis macroeconómicos que funcionan peor que la astrología, la designación de Bernanke que no tenía ni idea de los riesgos, y ensayos farmacéuticos que funcionan a lo mucho una de cada 3 veces, la gente está en completo derecho de confiar en sus instintos ancestrales y escuchar a sus abuelas (o a Montaigne y ese tipo de conocimiento clásico) quienes están mejor calificados que estos políticos bravucones.

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De hecho uno puede ver que estos burócratas de la Academia, que se siente con el derecho de dirigir nuestras vidas, ni siquiera son rigurosos. Ya sea con estadísticas médicas o con la legislatura. No pueden distinguir la ciencia del cientificismo, de hecho bajo su perspectiva, el cientificismo es más científico que la ciencia. Por ejemplo, no es trivial mostrar lo siguiente: muchos expertos del tipo de Cass-Sunstein y Richard Thaler -esos que quieren anudarnos a un tipo específico de comportamiento- equivocan su definición de «racional» e «irracional» (o alguna categoría que se desvíe de los protocolos prescritos o deseados) por su mala comprensión de la teoría de la probabilidad y de su uso cosmético de los modelos de primer orden. Ellos también son propensos a equivocar el orden de la suma lineal de sus componentes, como vimos en el capítulo sobre la reglas de la minoría.

Los intelectuales pero idiotas son un producto de la modernidad, por lo tanto su aparición se ha acelerado desde la mitad del siglo XX, para alcanzar su punto más alto hoy en día, junto a una enorme cantidad de personas apáticas que han invadido todos los aspectos de la vida cotidiana. ¿Por qué? Simplemente, en la mayoría de los países, la nómina del gobierno es entre 5 y 10 veces más que lo que era el siglo pasado (expresado en porcentajes de Producto Interno Bruto). Los intelectuales pero idiotas parecen ubicuos en nuestra vida, pero aún son una pequeña minoría y rara vez son vistos fuera de grupos especializados, laboratorios de ideas, medios de comunicación, universidades, puesto que la mayoría de las personas tienen empleos de verdad, y no hay demasiadas vacantes para los intelectuales pero idiotas.

Cuidado con el semi erudito que cree que es un erudito, pues falla en detectar las falacias.

El intelectual pero idiota patologiza a otros que hacen cosas que él no entiende, sin ver que es su entendimiento el que es limitado. Piensa que las personas debieran actuar de acuerdo a sus mejores intereses, y él conoce sus intereses, particularmente si son rednecks o ingleses de clase baja que votaron por el Brexit. Cuando los plebeyos hacen algo que tiene sentido para ellos mismos, pero no para él, el intelectual pero idiota utiliza términos como «ignorante«. Lo que llamamos usualmente participación en un proceso político, él lo llama con dos diferentes términos: democracia, cuando empata con el intelectual pero idiota, y populismo, cuando los plebeyos se atreven a votar en contra de sus preferencias. Mientras la gente rica piensa en términos de un voto por cada dólar de impuestos, otros más humanistas piensan en un voto por cada ser humano. Así como Monsanto piensa en un un voto por cada cabildero, el intelectual pero idiota cree que por cada título de una universidad prestigiosa hay un voto, con cierta equivalencia con escuelas extranjeras y doctorados, que son necesarios para pertenecer al club.

En el terreno de la vida social, el inteligente pero idiota se suscribe al New Yorker. Nunca insulta en Twitter, habla de la igualdad de las razas y de la equidad económica, pero nunca ha ido a tomarse un trago con un taxista parte de la minoría (la verdadera empatía es ajena al intelectual pero idiota). A los intelectuales pero idiotas del Reino Unido les dieron gato por liebre con Tony Blair. El intelectual pero idiota moderno ha asistido en persona a más de una TED talk, o ha visto más de dos en Youtube. No sólo votaría por Hillary Monsanto-Malmaison sólo porque parece elegible y algunas otras razones redundantes, sino asegurará que todo el que no lo haga es un enfermo mental.

El intelectual pero idiota tiene la primera edición de The Black Swan en su librero, pero confunde la ausencia de evidencia con la evidencia de ausencia. Cree que los organismos genéticamente son «ciencia», que la tecnología no es diferente de la crianza convencional a causa de su premura por confundir ciencia de cientificismo.

Usualmente, el intelectual pero idiota entiende bien la lógica de primer orden, pero no los efectos secundarios (o más complejos), lo que lo hace totalmente incompetente en terrenos complejos. En la comodidad de su casa en los suburbios, con estacionamiento para dos coches, él exige la «eliminación» de Gadhafi por ser un dictador, sin pensar que esa eliminación tiene consecuencias (recuerden que él no se juega el pellejo ni paga el precio).

El intelectual pero idiota ha estado históricamente equivocado en cuanto al Stalinismo, Maoísmo, organismos genéticamente modificados, Iraq, Libia, Siria, lobotomías, planeamiento urbano, dietas bajas en carbohidratos, aparatos para ejercitarse, comportamiento, grasas saturadas, Freudianismo, Teoría del portafolio, regresión lineal, gaussianos, Salafismo, Equilibrio general dinámico estocástico, proyectos habitacionales, el gen egoísta, Bernie Madoff (previo al escándalo) y los valores P. Sin embargo, está convencido de que su postura es la correcta.

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El intelectual pero idiota es miembro de un club para obtener privilegios para viajar: si se trata de ser científico social, usa estadísticas sin saber de dónde se derivan (como Steven Pinker y todos los «psicologizantes» en general); cuando están en el Reino Unido va a un festival de literatura, come filetes con vino tinto (nunca vino blanco), solía creer que la grasa era mala y ahora piensa todo lo contrario; toma estatina porque su doctor se la recetó, no puede entender la ergodicidad, y cuando se le explica lo olvida de inmediato; no utiliza palabras en yiddish, incluso si habla de negocios; estudia gramática antes de hablar cualquier lengua; tiene un sobrino que trabajó con alguien que conoce a la reina; nunca ha leído a Frederic Dard, Libanius Antiochus, Michael Oakeshot, John Gray, Amianus Marcellinus, Ibn Battuta, Saadiah Gaon, o Joseph De Maistre; nunca se ha emborrachado con rusos; nunca se ha emborrachado al grado de romper los vasos, o de preferencia las sillas; ni siquiera sabe la diferencia entre Hécate y Hécuba. No sabe que no hay diferencia entre seudo intelectual e intelectual cuando no hay compromiso y ganas de jugarse el pellejo. Ha mencionado la mecánica cuántica al menos en los dos últimos años en conversaciones que nada tenían que ver con física.

Él sabe claramente lo que sus palabras y sus acciones hacen a su reputación. Pero su rasgo más distintivo es que no mata ni a una mosca.

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Posdata

A partir de las reacciones a este texto, he descubierto que el intelectual pero idiota tiene dificultades para, en la lectura, distinguir lo satírico de lo literal.

Post Posdata

El intelectual pero idiota piensa que esta crítica a los intelectuales pero idiotas quiere decir que todo mundo es un idiota, sin comprender, como lo hemos dicho, que son una pequeña minoría. Sin embargo, no les gusta que su condición de elegidos sea cuestionada y, a pesar de que tratan al resto de la humanidad como inferiores, no les gusta que el agua no vaya a su molino.

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