Marcapasos VI: 10 segundos

Dejé de respirar por unos segundos. En realidad yo no supe lo que me pasó. Cada quien lo nombra de diferente forma: intubación-complicación-reacción-paro. Nadie le llamó muerte. El hecho es que, en una mesa de quirófano, mi corazón se detuvo.

Hasta donde puedo saber, me acababan de meter a la sala de procedimientos. Una enfermera me hizo las preguntas de rutina: nombre, edad, peso, alergias, cirugías. Le conté de la fisura en la muñeca y fractura en el paladar. Un médico nos interrumpió: “Te voy a poner la anestesia, vas a sentirte adormilada”. Recuerdo haber asentido.

Desperté en otra cama, en otra sala. Distinguí algunas palabras: asistólica, intubada. Mi doctor me preguntó mi nombre, la fecha, mi edad. Preguntó dónde estaba, le dije que en el hospital, me preguntó que en cuál, se lo dije. No recuerdo haberme dormido, pero desperté en otra cama y en otra sala.

Lo demás, lo sé por otros.

Hablan los padres

Le dije a mi papá que tenía hambre. Él salió a conseguirme algo de comer. Mientras me daba zanahorias cocidas y bistec, habló de lo bien que había salido todo. Luego dijo: “Tú mamá se asustó. Absorbiste muy rápido la anestesia y te tuvieron que intubar”. Eso no estaba contemplado. Pero él parecía tranquilo y yo me sentía bien.

Más tarde esa noche (creo que era de noche), mi mamá me acomodaba la mascarilla de oxígeno que yo insistía en quitarme. “Es que intubaron”. Ya me lo habían dicho. No entendí la insistencia.

Salí del hospital al día siguiente. Sentía rara la garganta. Mi papá hablaba de la complicación, y de que una de mis tías había insistido en saber cuánto tiempo se habían tardado en intubarme. “Fueron segundos”, dijo y todos se tranquilizaron.

Después me contaron cómo recibieron la noticia. Se suponía que la cirugía duraría una hora. Pasaron dos sin informes. Mi papá jura que los llamaron por el altavoz, mi mamá nunca escuchó nada. Mi papá tiene problemas de oído.

Encontraron al doctor a medio camino. Había habido una complicación con la anestesia, me intubaron, estaba bien. Mi mamá no le perdona que no hubiera empezado por “está bien”.

Habla el doctor

Volví al hospital una semana después. Entré en la sala en la que desperté por primera vez tras la cirugía. Me recibió la enfermera que estaba en el quirófano. “Ahora sí muy contenta”, dijo con una rara mezcla de indignación y alegría, “después del susto”. Me retiró los puntos. Todo estaba bien.

Cuando vi al médico, le dije que me molestaba la garganta. Aún no podía hablar, la tos cedía de a poco, y no podía comer. “Va a pasar, fue por el tubo”. Otro médico ya me lo había dicho: el tubo me había lastimado, pero fue la emergencia.

Ya iba de salida, cuando recordé que no sabía qué anestesia me habían puesto y si debía tener algún cuidado en el futuro. El doctor sonrió apenado ante mi pregunta: “No volverá a pasar. Lo evitará el marcapasos. No fue una reacción. La anestesia deprime el corazón. Tu corazón ya estaba deprimido y por eso se detuvo. Fueron 10 segundos. No volverá a pasar”, dijo aún con pena.

Habla el veterinario

Cuatro meses después, me lo explicó simple y llanamente. La anestesia la absorbe primero el tejido adiposo, después los músculos. Al bajar tanto de peso, perdí tanto grasa como músculo. El anestesiólogo calculó la dosis de acuerdo a mi peso. Pero no consideró la masa corporal. No hubo grasa que frenara la anestesia, y entró directo al corazón. El corazón dejó de latir, dejé de respirar y mi cerebro dejó de recibir oxígeno. Las preguntas del doctor tras la cirugía eran para asegurarse de que la falta de oxígeno no hubiera causado daño.

¿Hablo yo?

“¿Te moriste?”, preguntó un amigo cuando le conté. Supongo que “caer en paro” puede ser tan ininteligible como “te intubaron”. Y sin embargo, muerte parece no ser el término preciso. ¿Cómo se llama el regreso del no retorno? No se llama muerte. No tiene nombre, pero tiene duración. Fueron 10 segundos. Cada quien le nombra como puede, como la memoria se lo permite. Yo no lo recuerdo.

Todos me dicen que lo que viví fue muy fuerte. A veces también lo creo. Y lo creo porque lo veo en sus caras. Por los abrazos tan fuertes como si no nos hubiéramos visto en mucho tiempo. Por las frases con las que se disculpan por no saber. Por el gusto de lo que no fue. A veces también quisiera tener respuestas. Pero sólo fueron 10 segundos que existen, que pesan, pero que desconozco.

Al escribir, elegí decir que morí. Pero en pasado, y sólo por 10 segundos. Fuera de la escritura, yo lo nombro como me lo cuentan. Ellos saben, ellos estaban despiertos, ellos quienes, de una u otra forma, no permitieron que se llamara muerte.

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Gabriela Astorga – @Gastorgap

Marcapasos V: 17 latidos

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