Más que a una máquina, el cuerpo se parece al mar. ¿Qué es un cuerpo saludable?

por Daniela Orlando
@danieltitlan

Sentir es mi crossfit

La salud es la nueva utopía del siglo XXI, el paraíso terrenal que nos permite alcanzar todas las posibilidades del ser: el físico, emocional, psicológico, espiritual o cualquier categoría imaginada.

A raíz de una publicación que hablaba de la celulitis como un efecto secundario de los procesos hormonales en las mujeres, salió de nueva cuenta la discusión sobre el ideal de belleza, de lo que quiero hablar ahora es de lo que significa usar ese estándar para justificar el ideal del cuerpo saludable.

Salud es belleza” es la frase discreta detrás de cada campaña que nos invita a cambiar nuestra imagen. La publicidad de los productos y servicios estéticos ha sido obligada a justificarse en algo menos frívolo que la apariencia, así nos convencimos entonces de que esa es la imagen de la salud.

 

Si no duele no sirve

Yo soy bailarina, desde los tres años me metí a ese mundo de leotardos, mallas y salones de espejos. Ver el reflejo de mi cuerpo en todos sus ángulos fue -durante más de veinte años- mi trabajo diario. Crecí, como muchas personas, creyendo que trabajar nuestro cuerpo era una acción saludable, aún ahora, es cada vez más frecuente pensar que las personas saludables tienen cuerpos marcados por alguna actividad física intensa. Atletas, yoguis, bailarinas, corredores. Crossfit, gimnasios, salones de danza y un sin fin de prácticas corporales son los templos del culto al cuerpo y a la salud.

A los 24 años tuve que dejar de bailar. Una lesión no atendida que se fue incrementando a lo largo de casi nueve meses me llevó al límite del dolor y a enfrentar el temor más grande de cualquier profesional: abandonar su práctica. Los ocho meses siguientes fueron un tormento de emociones y de golpes contra la realidad que cambiaron por completo mi forma de entender el cuidado y la salud.

Los cuerpos de los atletas de alto rendimiento (los bailarines se consideran en este grupo) viven en el otro extremo del sedentarismo y el abandono del cuerpo; se ven sometidos a la deformación de su estructura corporal orgánica para potencializar sus habilidades y hacerlas altamente efectivas. Las dietas que siguen están perfectamente diseñadas para hacer del alimento el combustible preciso de nutrientes contra el mínimo de gasto calórico, con el fin de usar toda la energía en el desarrollo de su entrenamiento (economía de la alimentación). Son personas admirables, sin duda, requieren muchísima disciplina y compromiso, pero el trabajo de los atletas se queda en la búsqueda de la eficiencia del desempeño físico, arriesgando muchos otros aspectos como la salud emocional y mental; acortando además, las posibilidades de madurez y desarrollo de sus procesos orgánicos.

Durante su infancia y adolescencia -los años más fuertes de desarrollo y crecimiento-, los atletas se someten a un aceleramiento intensivo de madurez física que desgasta y sobresfuerza las posibilidades de regulación y sanación de los tejidos musculares, articulares, así como de los órganos digestivos y estructuras como el sistema nervioso. Es decir que el esfuerzo constante busca rebasar continuamente el límite de las posibilidades del funcionamiento biomecánico; este estado genera sobreagotamiento normalizado, un estado de alerta donde la adrenalina y el cortisol permiten responder e incluso sentir placer-satisfacción, pero que practicados diariamente a lo largo de los años fomentan el desgaste y acortan las funciones básicas del cuerpo. Es por eso también que la vida activa de los atletas es muy corta.

La temporalidad del cuerpo
, es decir sus procesos de madurez y de ciclos de crecimiento son periodos muy amplios, no funciona a través de semanas o meses más que en los primeros años de vida. Hacer ejercicio por supuesto que es saludable y recomendable, lo que necesitamos en sí es darle movilidad al cuerpo, usar todas sus estructuras y tejidos, necesitamos sudar para poder desintoxicarnos y romper los patrones de movimiento intrínsecos a la vida moderna y estos objetivos se logran de formas más simples en actividades físicas moderadas.

 

Forever young

Más que a una máquina, el cuerpo se parece al mar; sólo es comprensible en su totalidad, sus límites y fronteras son poco específicas. Su movimiento es masivo, constante e intermitente aunque no lo notemos; no sólo se mueve en la superficie, también se transforma por aspectos emocionales, psicológicos y externos. Nuestro cuerpo es uno pero nunca es el mismo. Esta misma industria que nos ha hecho pensar el cuerpo como un ideal a alcanzar y domesticar, nos ha convencido que el envejecimiento es un error capaz de controlarse.

Aunque a los humanos nos funcione entender el tiempo de forma lineal, es limitante pensar que avanzamos hacia la muerte y la putrefacción. Como seres vivos formamos parte de una lógica de vida-muerte, lo que significa que nuestros cuerpos tienen un proceso de vida, de desarrollo y crecimiento en el que envejecer es una constante de crecer. El cuerpo deja de generar hormonas y alimentos de los tejidos no porque juegue en nuestra contra, sino porque cumple sus procesos de crecimiento. Es la modernidad a la que le duele el paso del tiempo; no a tu cuerpo.

Asegúrese de estar vivo

Las enfermedades, las distintas fisiologías, los esquemas genéticos, la predisposición de buenos y malos hábitos sin duda forman una parte sustancial de cómo es el cuerpo de cada persona, es por eso que todos esos factores deben ser analizados para entender el estado de salud de cada una. La salud no es un conjunto de productos y prácticas que se instalan en nuestro cuerpo con el objetivo de modificarlo. Sino, por el contrario, es la comprensión consciente de quién somos para generar prácticas y hábitos que nos permitan darle a nuestros procesos corporales el tiempo preciso para desarrollarse en las mejores condiciones. La salud es percibirnos y crearnos nuestra propia pedagogía para crecer.

El ideal del cuerpo saludable es un estado que permite la transformación. Nada tiene que ver la delgadez, el mito del vientre plano, la sonrisa blanca perfecta, ni la piel uniforme. Un cuerpo saludable es un cuerpo capaz de adaptarse a las necesidades, procesos y al paso del tiempo sin perder ni disminuir sus funciones básicas. Si el ideal del cuerpo saludable tiene forma, es la que lucimos cada día.

El principio de la salud es el autocuidado, el reconocimiento de lo básico, de lo mínimo para llegar a lo que es suficiente. Ahí se encuentra la salud: alimentación suficiente, ejercicio suficiente, descanso suficiente, placer suficiente.

Si nueve meses antes de dejar de bailar me hubiera dicho “Daniela, es suficiente”, no tendría que haber dejado de bailar. Seis años después entiendo que atender a la salud física involucra necesariamente atender todo el espectro del ser y sentir.

La danza y cualquier práctica corporal son maravillosas (tal vez el crossfit no), tiene muchísimos beneficios acostumbrar a nuestro cuerpo a formas distintas de movilidad, además que siempre educan otra parte del ser. Hacer ejercicio con el objetivo de mejorar nuestra salud es aprender a sentirnos-percibirnos para distinguir nuestros estados de salud y enfermedad.

El capitalismo otra vez…

La salud no dejará de ser el pretexto que llena los bolsillos de la industria alimenticia, publicitaria, médica, ni frenará nuestra necesidad de buscar alegría y bienestar, incluso si para ello necesitamos reflejarnos en algún estereotipo de belleza y reconocernos en esa imagen. El reflejo en el espejo debería mostrarnos la capacidad de observar quién somos y no la permanente expectativa de ser alguien más. Que no te vendan la vida que ya posees.

El autocuidado y la aceptación del cuerpo habla también de la necesidad de evidenciar distintas realidades para hacer de esto una bandera política contra un mundo que insiste en homogeneizar todos los discursos, las apariencias, la belleza y el deseo.

Un cuerpo saludable no tiene ideal, es un conjunto de estados sensitivos que nos permite valorar cada etapa de nuestra vida desde sus propias posibilidades para seguir creciendo.

La salud, en realidad, se parece mucho a estar vivo.

 

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