¿Menos dinero a los partidos? 8 puntos para entender el financiamiento de las campañas

El domingo 11 de marzo inició el proceso para registro de candidatos ante el INE para las elecciones de 2018. Todas las personas que tengan intención de competir por un puesto de elección popular deberán solicitar su registro y, en caso de obtenerlo, empezar campañas los meses de marzo y abril, según el cargo al que aspiren. Los primeros en la fila del INE, fueron Ricardo Anaya, candidato de la coalición Por México al Frente (PAN-PRD-MC), y Margarita Zavala, candidata independiente o, para ser más precisos, candidata sin partido.

Y aprovechando el viaje al INE, la señora Zavala aprovechó para hacer la siguiente declaración:

Sí, oyeron bien, la candidata decidió renunciar al financiamiento público para su campaña. Esa idea de entrada no suena mal: ante la indignación social por el exorbitante presupuesto destinado a las elecciones, que un político decida no gastarse la lana del erario parace algo digno de celebrarse, hasta que hacemos una pausa y nos preguntamos: y entonces, ¿quién le va a pagar la campaña a Margarita? De que hará campaña, eso que ni qué; y de que las campañas cuestan lana, no hay ninguna duda. Y si le rascamos un poquito más, cabe también preguntarse: ¿pueden los candidatos renunciar al presupuesto otorgado por el INE? ¿Quién está autorizado para darles dinero a los candidatos y los partidos políticos, y qué implicaciones tiene?

Para tener las cosas más claras, les dejamos acá 8 puntos para entender cómo funciona el financiamiento a los partidos, cuáles son los riesgos de que cualquiera pueda meterle lana a las campañas, y lo importante que es que todos podamos saber de dónde viene y en qué se gasta cada peso destinado a las campañas políticas.

* ¿Cuánto y por qué tan caro?

Seamos sinceros, lo que sigue no es fácil de explicar. No hay manera amable de entender cómo hicieron para determinar cuánto dinero se les debía dar a los partidos. Pero les podemos contar que se ha ido modificando con cada una de las reformas electorales. La más reciente, del 2014, plantea la siguiente fórmula para otorgar dinero a partidos:

Presupuesto para Actividades Ordinarias (es decir, el funcionamiento diario de los partidos)

Número total de ciudadanos en el Padrón Electoral
X
65% del Salario Mínimo vigente en la CDMX

Para Campañas Electorales en año en que se elige presidente, se les entrega además

50% del Presupuesto para Actividades Ordinarias

Les damos un momento para recordarles cuando las matemáticas eran sencillas.

Y ¿cómo se da la repartidera entre partidos? El 30% de la bolsa se reparte por partes iguales entre todos los partidos, y el 70% restante, se entrega de acuerdo a la cantidad de votos obtenida en la elección anterior. Para los independientes, este año hay una bolsa de 42 millones 963 mil 332 pesos que se repartirá en tres partes iguales para los candidatos a diputados, a senadores y a presidente. Es decir, en caso de que Margarita Zavala obtenga su registro, se le asignarían 4 millones 768 mil pesos.

* ¿Quién reparte el pastel?

Cada vez que nos enteramos del presupuesto destinado al INE y a los partidos políticos, nos da un algo. Y tal vez lo que no queda claro es por qué cada vez se les da más dinero y quién decide esas obscenas cantidades. La cosa está así: a diferencia de otros países, México ha metido en la Constitución la fórmula para calcular presupuestos y costos de campaña. Es decir, en lugar de que la fórmula pueda discutirse y ajustarse cada que sea necesario de acuerdo a conflictos que surjan de las elecciones, si se quiere modificar la manera de calcular el presupuesto a partidos y campañas hay que promover una reforma constitucional. Los legisladores (sí, esos seres desinteresados) son quienes definen la fórmula, cómo se calculan los topes de campaña y quién es el encargado de revisar las cuentas de cómo se gastó ese dinerito. Y el asunto es que, por el diseño de la fórmula (basada en el salario mínimo), cada año el presupuesto aumenta. Actualmente, la Unidad Técnica de Fiscalización es la encargada de checar en qué se gasta cada peso destinado a partidos y campañas. Ante esa unidad, los partidos deben presentar informes mensuales, además de informes de precampaña y campaña, que, con paciencia y bajo el mantra “debo saber de estas cosas, debo saber de estas cosas”, pueden monitorear a través de esta página.

* ¿De qué bolsillos sale la lana?

México tiene un sistema de financiamiento mixto para partidos y campañas. Es decir, en su mayoría el dinero para esas operaciones sale del erario público, pero también pueden recibir, en menor medida, recursos privados. Pero hay reglas muy específicas para éstos últimos. Candidatos y partidos pueden recibir dinero de simpatizantes, militantes o de sus propios bolsillos, PEEEERO la cantidad aportada no puede superar el 10% del tope de gasto de la elección anterior, y cada uno de ellos individualmente no podrá aportar más del 0,5% del tope del gasto de la elección anterior. En cifras:

Tope de gasto 2012 – $336,112,084.16
10% – $33,611,208.41
0.5% – $16,805,604.20

Así es, Margarita Zavala podrá juntar entre su cochinito y la buena voluntad de sus cuates hasta $33,611,208.41 y con eso armar una campaña absolutamente legal. Claro que, como dicen los anuncios, aplican restricciones. Los candidatos y partidos no podrán recibir aportaciones o donativos en efectivo o en especie de Poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial (local y federal), dependencias públicas, partidos políticos, iglesias, organizaciones civiles ni mercantiles; tampoco de personas físicas con actividad mercantil, personas morales, mexicanas o extranjeras, colectas públicas, ni de personas no identificadas. Es decir, candidatos y partidos pueden recibir dinero de buenos samaritanos, personas de a pie perfectamente identificables, de posean unos milloncitos y nada de segundas intenciones… O no.

* Financiamiento Privado aka El Diablo

Mucho se ha discutido acerca de la eliminación del financiamiento público a partidos políticos en nuestro país. Las razones van desde la indignación que causa que se destinen tales cantidades de dinero a instituciones que hace mucho que ya no están al servicio de los ciudadanos, el pesado aparato burocrático que han construido los partidos, y la necesidad de destinar los recursos económicos a tareas mucho más urgentes en nuestro país. Todo parece tener mucho sentido, hasta que analizamos la alternativa. Si optamos por un modelo que privilegie el financiamiento privado, básicamente le venderíamos nuestra alma al diablo. En un país con los niveles de desigualdad como el nuestro, renunciar al financiamiento público sería entregar del todo el control de las votaciones a quienes puedan comprarlas a billetazos. Si pensamos que, según el más reciente reporte de OXFAM, México es al mismo tiempo unos de los países con más millonarios, pero también con mayor cantidad de pobres, de pronto las “aportaciones” a candidatos y partidos, y la compra de votos adquiere una nueva dimensión. Hay evidencia que demuestra que la cantidad de dinero que se gasta en una campaña sí se refleja en la cantidad de votos obtenidos. Además habría que considerar la injerencia que grupos de la delincuencia organizada podrían llegar a tener en las elecciones.

* Poderoso señor es don dinero

Si la compra de la elección es ya de por sí grave, también tenemos que pensar en lo que sucede depués de las elecciones. El gran peligro de las aportaciones privadas a las campañas y los partidos políticos es el conflicto de interés que se crea entre donatarios y políticos. Si de por sí, las personas más ricas tienen una injerencia clara y contundente en las decisiones políticas del país, imagínense qué pasaría cuando decidieran cobrar los favores por apoyar a uno u otro candidato. El ejemplo más claro de los intereses que implica el financiamiento privado lo tenemos en nuestro vecino del Norte, cuyo Congreso se mueve, en gran medida, por los grupos que cabildean favores políticos a cambio de apoyo económico en las elecciones (saludos a la NRA). En nuestro país, casos como los de Monex, Odebrecht, los Amigos de Fox, por citar sólo algunos, muestran un botón de lo que se desataría con la eliminación del financiamiento público. Ahora bien, también hay que considerar qué hay que hacer para controlar la cantidad de desvíós y manipulación de recursos públicos para favorecer a tal o cual partido.

* ¿Puede un candidato renunciar al financiamiento público?

En teoría sí. De acuerdo a la ley, nada obliga a un candidato a gastar el presupuesto público que se le otorga. Puede gastar una parte, gastarlo todo o no tocarlo en lo absoluto. El punto fino aquí está en cómo controlar no sólo los dineros, sino también el poder de los intereses privados en las campañas. Hace unos días, varios ciudadanos sacaron una carta en que pedían a los empresarios de México mantener sus manos fuera del proceso electoral, pues se ha visto cómo el dinero puede favorecer a un proyecto político, pero también para perjudicar a otros menos afines. La intervención no sólo se da como apoyo directo a candidatos, sino también con campañas pagadas, en especial en redes sociales. Si bien el anuncio de Margarita Zavala puede resultar muy atractivo, tiene muchas aristas que deben considerarse porque la propuesta puede resultar todo menos inocente.

* ¿Hay alternativas para el financiamiento público?

En los últimos dos años, se han presentado once iniciativas para modificar el financiamiento a partidos y campañas, que van desde la eliminación del financiamiento público, hasta la modificación de las fórmulas  y la forma de repartir los recursos entre los partidos. Quizá una de las que más ha llamado la atención, por venir de un diputado independiente, es la iniciativa #SinVotoNoHayDinero, promovida por Pedro Kumamoto, que está empantanada en el Congreso. La propuesta resultó atractiva a la ciudadanía por las mismas razones que la de Margarita Zavala: si se trata de quitarle lana a los pólíticos corruptos, para luego es tarde. Sin embargo, ambas propuesta adolecen del mismo mal: no consideran que al poner candados endebles al financiamiento público abren las fauces de la iniciativa privada. Las declaraciones del consejero presidente del INE fueron desconsoladoras, pero cierto: si el INE no les da dinero a los partidos, éstos pueden buscarlo donde no queremos.

* ¿Y el INE, apá?

Actualmente, algunos estudiosos han propuesto fortalecer los procesos de fiscalización del INE, sancionar no sólo a los partidos políticos sino también a las empresas que los financien ilegalmente, modificar el sistema de multas a partidos, y hacer efectiva la anulación de elecciones por rebase de tope de campaña. Una de las propuestas más importantes es sacar de la Constitución la forma de calcular el financiamiento a partidos y campañas, para que esté sujeta a constante discusión y ajuste, sin necesidad de pasar por todo el proceso legislativo que implica una reforma constitucional. Aunque quizá, el primer objetivo sea lograr que el INE pueda cumplir a cabalidad con la ley electoral, para después modificarla.

Así es, muchachos y muchachas, es un desmadre todo esto, pero es importante que sepamos de qué se trata para que no nos vendan gato por liebre. La indignación por el gasto en las campañas es muy grande y justificada, pero, como dicen las tías, no nos vaya a salir más caro el caldo que las albóndigas. Finalmente, lo que es más importante es que nos esforcemos en entender cómo funcionan las instituciones, que sepamos que las cosas son complejas, pero si las asumimos ajenas, también estamos regalando nuestro derecho a participar en la vida pública.

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