¿México es una democracia?

por Alan Plata
@AlanPlata_97

Afirmar que en la coyuntura de México no hay democracia no resulta ser algo ocioso ni mucho menos falso, pues uno de los elementos para poder decir que un país es democrático es que los ciudadanos deben confiar en sus instituciones. El problema es claro, las instituciones atraviesan por una crisis de legitimidad y confianza, ya que la mayoría de éstas han recurrido históricamente a distintas prácticas que incentivan el problema. Algunos actos evidentes y comprobados son la corrupción, el mal manejo de recursos públicos, la falta de transparencia y de rendición de cuentas, y la opacidad que impera en el sector público. Para ejemplificar dicho problema utilizaré el caso de los diputados locales.

En México, los 1,124 diputados locales representan un alto costo que podría ser reducido y utilizado para resolver otras problemáticas. Según el informe legislativo 2017, realizado por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), sostenerlos cuesta 13 mil 551.3 millones de pesos anuales, por lo cual se hace necesario cuestionar la existencia de determinados diputados que no son elegidos (directamente) bajo el principio de mayoría relativa, es decir, diputados de representación proporcional que equivalen al 40% del total de diputados locales.

Antes de introducirnos plenamente a esta discusión, es importante mencionar que aunque fuera posible disminuir o eliminar a estos diputados, tendría que hacerse una regulación del presupuesto. De acuerdo con IMCO, “a pesar de que entre 2012 y 2017 el número de diputados locales se ha mantenido estable e incluso reducido, el presupuesto de los congresos locales en su conjunto creció 11.1% en términos reales”.

IMCO

La discusión sobre la existencia de los plurinominales en México no es nueva, se remonta a finales del siglo pasado. En esta discusión se han dado distintas perspectivas, algunas a favor y otras en contra. De este modo, los aspectos a favor se basan en el argumento de que los diputados de representación proporcional son necesarios para que las minorías estén representadas. Así, si se llegasen a eliminar estos diputados se vería afectada la representatividad, no habría diálogo, consenso ni pacto entre los partidos. Y por último, algunos afirman que por medio de esta forma de representación los partidos pueden llevar a sus mejores cuadros a la Cámara.

Por otro lado, los argumentos en contra son los siguientes: en primera instancia, es necesario disminuir el gasto en diputados, pues estos recursos se podrían invertir en otras materias. En contraste con el punto anterior de llevar a los mejores cuadros a la Cámara, cabe resaltar que en la práctica esto no sucede, ya que las listas plurinominales tienden a estar influenciadas por múltiples intereses al interior de los partidos, provocando que los candidatos a diputados no sean los óptimos para desempeñar este cargo. También es cierto que a partir de los diputados de representación proporcional la “chiquillada” (PVEM, NA, MC y PT) -la cual tiende a venderse al mejor postor- se ha visto sobre-representada, dado que estos partidos se han convertido en el fiel de la balanza para la toma de diversas decisiones en el Congreso.

En lo tocante al argumento de la representación de las minorías, podría decirse que era tanto válido como fundamental en el año de 1977, cuando el PRI era el partido hegemónico y sexenio tras sexenio ganaba el carro completo, dejando sin representación alguna a las minorías y a la oposición que habían sido ignoradas por décadas. Innegablemente, este tipo de representación fue imprescindible para consolidar una oposición que hiciera contrapeso al PRI.

No obstante, en el año 2000 una vez consolidada la oposición y el PRI desplazado como segunda fuerza política, los diputados de representación proporcional perdieron sentido al ser utilizados para formar nuevos partidos en cantidades desmedidas y obtener financiamiento. Así pues, para las elecciones del 2000, 11 partidos participaron en la contienda, de forma tal que de 1977 a la fecha el panorama político ha sufrido grandes transformaciones y, como hemos mencionado, los diputados plurinominales se volvieron una sobre-representación e incluso un problema para la misma salud de la democracia.

Es fundamental tomar en cuenta que aún con la existencia de los plurinominales, el informe país sobre la calidad de la ciudadanía en México elaborado por el INE y el COLMEX, revela que el 82% de la población no confía en los diputados, siendo así la institución con el nivel de aprobación más bajo del país. Con base en estos datos, se pueden sacar dos conclusiones: la primera es que el objetivo de los diputados plurinominales, que no es otro sino generar representatividad, ha fracasado. La segunda, refleja puntualmente que los mexicanos no confían en las instituciones. Esto no es exclusivo de los diputados, sino que está presente en casi todas las instituciones del país. De esta manera, este último punto nos conduce a afirmar que en México no existe democracia.

En el caso de México, la democracia no se ha logrado consolidar principalmente porque el nivel de desconfianza por parte de los ciudadanos hacia las distintas instituciones es muy alto y generalizado, donde la mayoría de éstas son cabalmente rechazadas por estos mismos. Con base en un estudio de confianza en instituciones realizado por Consulta Mitofsky en 2016, se menciona que en una escala de aprobación del 0 al 10 los partidos políticos tienen 4.8 de confianza, los sindicatos 4.9, los diputados 5.0, presidencia 5.1, los senadores 5.2, INE 6.2 y el ejército 6.8. Es decir, las principales instituciones que están estrechamente vinculadas a la vida política del país no cuentan con el nivel de aprobación necesario para denominar al sistema político mexicano como una democracia.

Aunado a ello, la cultura política no se construyó de una forma óptima, dado que la expresión de la voluntad ciudadana se ha reducido exclusivamente a su participación en las urnas, teniendo como resultado una sociedad civil débil. Es por esto que en gran medida el INE y la misma democracia tienen mayor credibilidad cuando ganan o pierden determinados partidos, al igual que la incidencia civil en las decisiones políticas es mínima, tal como ha sido el caso en las reformas estructurales.

Mitofsy

Según Giovanni Sartori, teórico utilizado por los así denominados transicionólogos, uno de los elementos fundamentales para la democracia es la confianza tanto en las instituciones como en el árbitro: si no hay confianza no hay democracia, tal como lo establece Pedro Salmerón es su artículo Un país sin democracia.

Sin embargo, Lorenzo Córdova, el consejero presidente del INE, sostiene que “La baja estima de los partidos políticos y de los parlamentos (instituciones indispensables de todo sistema democrático), la erosión de la confianza en las instituciones públicas y entre las personas, así como el consecuente debilitamiento del tejido social, son fenómenos que reflejan el desencanto con la democracia”.

Es claro que el presidente del INE (institución que no tiene la confianza ni la credibilidad deseada) no reconoce que la falta de dicho atributo impide una plena democracia. Sin duda alguna, la aseveración generada por Córdova, por un lado, comprueba que la falta de confianza en las instituciones públicas amerita un cambio en la cultura política mexicana, y por otro lado, afirma la ausencia de confianza y, a su vez, siguiendo lo expuesto por el pensador italiano, la inexistencia de democracia en México.

En suma, de lo anterior se derivan las siguientes tres conclusiones: por un lado es esencial cuestionar la existencia de los diputados de representación proporcional, pues hasta cierto punto representan más un problema que una solución. También hay un clara necesidad de construir una cultura política que resulte más beneficiosa y sirva como contrapeso de la enorme maquinaria gubernamental.

Finalmente, a partir de la crisis que viven las instituciones públicas y la inexistencia de democracia en México, se vuelve fundamental construir democracia desde abajo. Es decir, históricamente ha existido un distanciamiento entre los políticos y los ciudadanos, a tal grado que a los políticos se les ha dejado de ver como ciudadanos, lo cual genera que las personas se sientan alejadas y poco representadas por estos individuos. Por este motivo es importante que los ciudadanos comiencen a construir formas de organización independientes del INE y las instancia que tienen como objetivo promover las prácticas democráticas, a partir de las cuales puedan incidir de manera directa en la toma de decisiones, construyendo así un contrapeso a las instituciones.

Probablemente las decisiones locales sean las primeras que constituyan esta democracia desde abajo, puesto que es en la inmediatez donde se puede incidir con mayor facilidad, permitiendo así que los ciudadanos participen y escalen en la esfera política participando en otras instancia, incluso gubernamentales.

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