#Monorriel. Avatar: The Last Airbender 1×10, en busca de la Guerra Justa

Por Christopher Nilton Arredondo
@niltopher

De la misma forma en que el derecho internacional se resigna a la guerra como una actividad común en la historia de los gobiernos y se limita a buscar las condiciones para una “guerra justa”, el público de caricaturas de acción y aventuras debe comprender una convención genérica fundamental: la violencia es la única solución a los conflictos que la trama presenta.

Para este fin, los antagonistas suelen presionar a los héroes hasta la agresión física: el asaltante se resiste al arresto; el conquistador jamás busca una solución diplomática; el malo busca la destrucción del bueno. Sin embargo, aunque sabemos que los héroes se van a decantar por los golpes al final del episodio (y en un contexto de guerra, como el de Avatar: La leyenda de Aang, es una conclusión necesaria y verosímil), hay en ellos un proceder distinto al de sus antagonistas, basado en valores que la sociedad reconoce como positivos: la justicia, la protección al inocente, el respeto a la vida e incluso la compasión.

Sokka (joven guerrero de la Tribu Agua del Sur) entra en conflicto con Jet (líder de un grupo insurgente que busca liberar pueblos invadidos por la Nación del Fuego) por sus métodos de lucha: mientras que Jet inescrupulosamente roba a un civil de la nación enemiga y toma la drástica decisión de inundar un pueblo del Reino Tierra ocupado por el ejército invasor, Sokka considera que atentar contra la vida de civiles, sean de la nación que sean, es deshonroso y contrario a la lucha por la liberación.

En un mundo parecido al Continente Asiático del siglo XIX, Sokka intuye lo que el Derecho Internacional Humanitario llama crimen de guerra, que incluye la devastación de pueblos o ciudades, el asesinato de civiles y el pillaje. De haberse consumado el plan de Jet, éste tendría que enfrentar un juicio por la muerte de toda una población civil en el Reino Tierra, en caso de existir en el mundo del Avatar algo como la Convención de Ginebra, a la cual los hermanos Sokka y Katara tendrían mucho que agregar de su experiencia personal.

Sobre tácticas de guerra aberrantes, la madre de nuestros héroes fue asesinada estratégicamente por ser una presunta maestra agua. En otro episodio de la última temporada, una sobreviviente cuenta cómo en su tribu se llevó a cabo un secuestro sistemático de maestros, mientras que en la primera temporada, Aang y sus amigos se detienen en un pueblo ocupado en el que la tierra control, que posee un carácter no sólo militar sino cultural, es prohibido entre sus habitantes.

Tras ver con cuidado esta serie, creada por Michael Dante DiMartino y Bryan Konietzco, y leer testimonios de terror como los que ocupan el Caso Sepur Zarco, en Guatemala, siento que tal vez un adoctrinamiento militar más humano sería poner a nuestros cadetes a ver un episodio de Avatar al día.

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