#Monorriel. Lo “extraño” de lo extraño en Scooby Doo: ¿un perro que habla?

por Christopher Nilton Arredondo
@niltopher

Platicando sobre una de las Leyendas de Bécquer, “El Monte de las ánimas” (en la que aparece el ya conocido motivo de la flor de Coleridge materializado en un listón azul), le explicaba a mi interlocutor, a grandes rasgos, algunos conceptos de la Introducción a la literatura fantástica, de Tzvetan Todorov.

Al llegar a la literatura de lo extraño, donde el origen de lo sobrenatural en el relato se explica de manera lógica y racional, usé como ejemplo uno que, por su constante mención en #Monorriel, tenía a la mano: Scooby Doo. “Al final de cada episodio, por lo general, se revela que el espectro de origen supuestamente sobrenatural es, en realidad, un hombre disfrazado que es parte de alguna conspiración o fraude”, dije.

Pero no contaba con la astucia de mi interlocutor, que señaló que, en Scooby Doo, hay un elemento sobrenatural no explicado de manera lógica, por lo que la caricatura no corresponde al género de lo extraño, sino al de lo maravilloso (la existencia de lo sobrenatural se da por sentada, sin lugar a dudas): Scooby Doo es un perro que habla.

“Bueno”, dije, “en realidad Scooby Doo no habla, habla, lo que se dice hablar”. Me explico ante ustedes: Scooby, a diferencia de otras mascotas de dibujos animados, como Bryan en Family Guy o la pandilla de Top Cat, no construye diálogos con los humanos que lo rodean. Scooby no da argumentos, no objeta planes ni propone estrategias, no saluda a sus compañeros con fórmulas de cortesía y, como resultado, nadie más que Shaggy le dirige la palabra sin sonar condescendiente.

Incluso las conversaciones entre Shaggy y Scooby se parecen más a los monólogos que sostiene un típico dueño de mascotas(1). Scooby da evidencias de entender a su humano Shaggy, puesto que el perro actúa en consecuencia a lo que pactan ambos, pero Scooby “responde” en lengua humana no para los oídos de su compañero, sino para los del televidente. En un juego similar al que mantiene la serie de Garfield con sus espectadores, Scooby no es oído por los humanos que lo rodean en su universo de ficción, sino por los consumidores de su show, como una relación de complicidad entre los realizadores de la caricatura y su público.

Para los fans de la serie, será fácil estar de acuerdo conmigo (espero): en otro artículo mencioné la cinta Scooby Doo y los invasores alien. En ella, a manera de chiste, una de las alienígenas que, para ocultar su identidad en la Tierra, toma la forma de una perra de la cual se enamora Scooby, al abandonar el planeta se despide de los “chicos entrometidos”, transformada en perro, usando lenguaje humano. Sorprendido, Shaggy le dice a su can algo como “Increíble, un perro que habla”, a lo cual Scooby responde afirmativamente, ¡también en lengua humana!

Hasta ahí el por qué considero que la mayoría de los episodios de Scooby Doo corresponden al género de lo extraño. Pero una vez más fui aguijoneado por mi interlocutor cuando me dijo: “¿y qué pasa con los episodios en los que sale Scrappy Doo?” Scrappy, el sobrino cachorro de Scooby Doo que habla a chorros y hasta camina erguido sobre sus patas traseras.

“¡Válgame!”, dije.

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1.- Un ejemplo, tomado de una caricatura: en Avatar: La leyenda de Aang, nuestro héroe llega a una “isla” que resulta ser el caparazón de un león-tortuga gigante. En sus cavilaciones mantiene una conversación con su lémur, Momo, en la que Aang interpreta de manera cómica cada sonido de su compañero alado.

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