#Monorriel: Powerpuff Girls 3×10. “La Feminazi Strikes Again”

Por Christopher Nilton Arredondo
@niltopher

Con “feminazi” definimos a la persona hipotética que, pretextando la lucha feminista, toma actitudes absurdamente radicales (muchas veces ridículas) contra los hombres, privándolos de derechos, como venganza por siglos de patriarcado. Resalto su calidad de hipotética porque jamás he conocido a ninguna mujer que se diga feminista y que lleve a cabo acciones discriminatorias contra los hombres. Las feminazis existen en mi cabeza y en el imaginario colectivo como existen los zombies, los invasores extraterrestres y las máquinas del tiempo; existen porque hay una narrativa popular que las representa.

La controversial bloguera Anita Sarkeesian ejemplifica a la feminazi(1), cultivada por la industria del entretenimiento, con Femme Fatale, villana del episodio 36 de las Chicas Superpoderosas. Esta asaltabancos convierte el feminismo en su fetiche: usa el símbolo femenino como máscara, como uniforme e incluso como arma.

Sarkeesian resalta que el guion pone a la feminista exacerbada en un contexto inadecuado; en una ciudad como Saltadilla (Townsville), en la que se respira igualdad y respeto por las mujeres, la denuncia de Femme Fatale no tiene cabida. Pero en la vida real, en la que viven los pequeños espectadores de la caricatura, la mala tiene razón al mencionar la escasa presencia de mujeres en programas de superhéroes y en los billetes.

Además de su “visual”, en el que se plasma su feminismo rabioso, la caracterización de Femme Fatale luce otro aspecto propio del estereotipo femenino: el capricho. Ser caprichoso ha sido durante mucho tiempo algo asociado a la esfera de lo femenino, al grado de que muchas mujeres lo consideran realmente un elemento constitutivo de su personalidad. La villana no se lleva todo el dinero físico posible en cada asalto bancario, sino que se limita a tomar las impopulares monedas de $1.00 (USD) con el rostro de Susan B. Anthony(2), presentándose al público como una delincuente incompetente con un afán absurdo.

Por último, para restaurar el orden en Saltadilla luego de que las Chicas quedaran “contaminadas” por la agenda ideológica de Femme Fatale, dos personajes que coinciden con socorridos estereotipos de género llegan para hacerlas entrar en razón: la maestra Keane y la Señorita Belo; la primera cuida niños profesionalmente, la segunda es una secretaria curvilínea y sin rostro, bajo las órdenes de un hombre con poder a pesar de su ineptitud.

Al final, es satisfactorio que las Chicas Superpoderosas salven el día poniendo a esta farsante tras las rejas; sin embargo, así como desenmascararon a la falsa feminista, se espera que las heroínas creadas por Craig McCracken desenmascaren también el temor de la industria del entretenimiento a la palabra “feminismo”.

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1.- Sarkeesian llama a este recurso Straw Feminist, (“Feminismo de paja” literalmente) que consiste en caricaturizar y ridiculizar a personajes feministas en los relatos de la cultura pop; esta ridiculización permite la desestimación de sus demandas y sus luchas.
2.- La moneda dejó de circular en 1981 y volvió brevemente en 1999. El episodio de las Chicas Superpoderosas se estrenó en 2001, para entonces la moneda ya había sido remplazada por el dólar de Sacagawea. Su impopularidad se debía a que era fácilmente confundida con monedas de un cuarto de dólar.

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