#Monorriel: Steven Universe 2×01 o “Llore, no sea Batman”

Por Christopher Nilton Arredondo
@niltopher

El final tonificante de la película Spider-Man, de Sam Raimi, debería venir con una etiqueta de advertencia sobre las ideas del sacrificio. La segunda entrega de la trilogía de Raimi funciona como esa etiqueta, cuando Mary Jane/Kirsten Dunst corre en traje de novia a la casa de su enamorado. En los cómics, Peter Parker llegó a casarse con MJ y pensó hacer lo mismo con Gwen Stacy antes de que muriera.

Recuerdo incluso una página de un Amazing… noventero, escrita por David Michelinie e ilustrada por Mark Bagley, en donde el arácnido y la pelirroja pierden la compostura en un beso junto al refrigerador. Por muy cerdo-imperialista de tradición cristiana que sea, Peter/Spidey sabe cuándo decir “ya estuvo de poder y responsabilidad, hoy me quedo con mi esposa”.

spidermanmaryjane

Entre las décadas de los 60 y 70 hubo mucho interés académico por los cómics de superhéroes; muchos de esos trabajos se ocupaban (con ironía y humor que no le restaba seriedad al asunto) de esos desórdenes sexuales que caracterizan a la mayoría de los superhéroes gringos. El caso de la supuesta homosexualidad de Batman, por ejemplo, es algo cómico; pero en una entrevista a Frank Miller hecha por Christopher Sharrett, el problema cobra tintes escalofriantes:

Batman no es gay. Sus urgencias sexuales son sublimadas en la lucha contra el crimen tan drásticamente que no deja lugar a ninguna otra actividad emocional. Sólo observa cuán insípidas son las historias en las que Batman tiene novia o un romance breve. No es porque Batman sea gay, sino porque está al límite de una patología, es obsesivo. Sería más sano si fuera gay.

El primer episodio de la segunda temporada de Steven Universe, serie animada de Cartoon Network creada por Rebecca Sugar, trata los hechos inmediatos a la batalla de las Crystal Gems contra un grupo de Gemas invasoras lideradas por Jasper. Steven, asustado por la fuerza de sus nuevas enemigas, decide romper lazos con su amiga Connie para protegerla. Pero Connie insiste en saber de Steven y lo confronta, lo obliga a ser honesto y decirle lo que tenga que decir. El niño del cuarzo rosado en el ombligo se le para enfrente, como diría Miguel Hernández, “masculinamente serio” sólo para reventar en un llanto mocoso y admitir que no quiere dejar de ver a su amiga.
El momento es gracioso porque se rompen las expectativas del público, pero la escena trae una reflexión importante: Steven no sacrifica su amistad por un supuesto bien mayor. ¿Por qué tendría qué hacerlo? Si no es del todo humano, Steven vive dentro de los parámetros de la humanidad y, como humano, sabemos que tiene deseos, gustos, preferencias y afectos, así como también tiene el derecho de cumplirlos.

En su tierna ingenuidad, Steven Universe nos ha dado una gran lección a muchos niños que crecimos viendo a Batman golpear criminales, pero que no lo vimos ser cariñoso con su pareja: se vale llorar a moco tendido y no renunciar a lo que nos da alegría por las causas nobles y trascendentes, por los grandes ideales o por cualquier cosa que nos pida sacrificios. Tal vez en el futuro ya no hará falta que Mary Jane corra o que Connie nos confronte para darnos cuenta de que procurarnos bienestar no nos hace menos heroicos.

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