Música, amistad, festejo y mucho baile. Crónica del festival Latinoamérica 360

Por Berenice Rodríguez
@berenice_rj

Fotografías de Tonatiuh Barranco
@el_tona_yan

Latinoamérica 360 es una organizanización que viene trabajando desde 2013 en diferentes países, buscando exaltar a través de diversas actividades culturales, principalmente por medio de la música, las identidad de esta región, y para ser éste su segundo evento en México, debo de decir que fue un festival que nos dejó un muy buen sabor de boca, los pies agotados de tanto baile, una fuerte resaca al día siguiente pero también, muchos nuevos amigos…

El evento empezó alrededor de las 8:45 pm. En realidad, cuando llegamos había muy poca gente y mucha prensa. Les tocó abrir a los compas chilenos de Armadillo Cactus Rock, que a pesar de ser el primer acto, se entregaron por completo al escenario. Hay que decir que el lugar, Bajo Circuito, es un foro que da la impresión de ser algo que va entre lo under y un club privado, tanto por su localización como por su tamaño, pero, eso no impide que los precios de los tragos sean muy accesibles y tengan un muy buen ambiente. El segundo grupo, fue CholoPower, que nos visitaron desde Perú. Estos chicos, tienen un sonido muy particular que me recordó demasiado a los bajos que suenan con Molotov, pero con un toque muy marcado de sonidos tradicionales de la música peruana. Además, se hicieron sonar con una energía increíble, tanta, que aunque la mayoría de la banda no los topaba eso no evitaba que te contagiaran las ganas de comenzar a bailar y armar el slam. Para ser la primera vez que vienen a México, la gente los recibió muy bien. Creo que si algo siempre me ha llamado la atención son los detalles, y con los chicos de CholoPower, hubo muchos que me resultaron interesantes, como la playera de uno que decía “En mi casa y con mi gente se me respeta”, que creo que plasma muy bien esta calidez que tanto se teje en Latinoamérica. Una de sus canciones que más me gustó fue “Carnavales”, en la que nos hicieron corear a todos: ¡Arriba, abajo, váyanse al carajo, derecha, izquierda, váyanse a la mierda!. Sin duda son una propuesta muy buena que nos llega desde Perú y esperamos que vuelvan pronto a México, a mí en lo particular, me agradaría verlos mucho en un Vive Latino.

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Justo terminaban de sonar CholoPower, cuando de pronto, se comenzaron a escuchar unos beats que hicieron que todo el público volteara al otro lado del foro, donde ya estaba instalado y comenzando a tocar ÀTTØØXXÁ. Al principio creí que había sido una mala decisión ponerlo tan temprano, luego entendí la apuesta: si la música de ÀTTØØXXÁ no prendía a la banda, nadie más lo iba a hacer. Y poco a poco, las chicas comenzaron a acercarse al escenario, las caderas comenzaron a moverse, y el ambiente seguía subiendo. Creo que él es un artista, que representa mucho de esta alegría y calidez que somos los latinos. Su presencia no sólo estaba en las tornamesas, sino su decisión al tomar el micrófono e invitar a todos a disfrutar la fiesta, junto con su cabello, sus tatuajes, su sonrisa, hacen una mezcla impactante que hacía irresistible el quitarse la pena y soltarse a bailar. Al cuerpo no se le niega nada, y menos si es una buena dosis de trap-bass con ritmos latinos, que mezcla desde clásicos brasileiros, hasta el smoke weed de Snoop Dog. Estábamos muy prendidos después de ver ÀTTØØXXÁ, y debo decir que además de ser un dj que arrasa con el escenario, a más de una chica nos dejó enamoradas, es un homem muito bonito.

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El reloj marcaba apenas las 10:30 pm, y Los Fontana eran los encargados de seguir la fiesta. Después de bailar tanto, estuvo bien poner algo más tranquilo como estos chicos que tocan rock combinado con instrumentos como jaranas. Tienen un sonido (y actitud) que te recuerda a Fobia o a Soda Stereo, pero no se confundan, Los Fontana no son un grupo más que copia sonidos, ya que sin duda logran crear un tono particular que te hace disfrutar de sus canciones, tanto por las letras que hablan de amor, como por todo el sentimiento que dejan en el escenario. Tocaron “Lágrimas”, que fue una canción que muchas chicas corearon en medio de miradas coquetas hacia el vocalista, jajaja. El foro se seguía llenando de gente, y aunque estaba el ambiente algo tranquilo, había una sensación de que la noche prometía algo más…

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Después de estos chicos, hubo una pausa. Se estaba preparando el escenario para recibir a The Guadaloops. Debo decir, que la atmósfera en Bajo Circuito es muy agradable, y la gente de la puerta era muy flexible, podías entrar y salir sin problema alguno al mostrar tu sello. Dentro podías elegir entre estar bailando, o en una mesita viendo todo y cheleando, o bien en la barra bebiendo y platicando. Bueno, el escenario comenzó a sonar. Eran The Guadaloops. Como siempre, deleitaron al público. Fermín y Tino, son dos grandes que se nota que no sólo tocan música, sino que la sienten, la viven. La voz de Fermín te envuelve, mientras que Tino con el micrófono en mano, brincaba, cantaba y se entregaba por completo. Al parecer había muchos fans del grupo, ya que las primeras filas cercanas al escenario, coreaban a todo pulmón esas rimas que Tino lanzaba. Los demás estábamos platicando, viendo el acto y con chela en mano. Terminó The Guadaloops en medio de gritos y aplausos. Todo se oscureció un poco más, y las pocas luces apuntaron otra vez al otro lado del foro. En medio de la oscuridad, dos máscaras al estilo de Daft Punk hicieron sonar las tornamesas. La Tostadora, dúo de djs colombianos, nos pusieron a bailar a todos. Además, las máscaras le daban un toque perfecto a los beats. La fiesta explotó cuando en medio de brincos y cuerpos dejándose llevar por la música, se escuchó fuerte el coro de “Vida Bacana“, que sin duda es el sueño de más de uno: ¡Yo, no quiero trabajar, yo lo que quiero es vacilar y que me paguen por bailar!. Justo en ese momento, se quitaron las enigmáticas máscaras, y Juan y Diego nos hicieron explotar en la pista. El clímax llegó cuando Juan subió a lado de las tornamesas con micrófono en mano y brincó hacia la pista. Pronto, toda la gente estaba bailando en el escenario y la pista estaba ardiendo. Había risas, tacones golpeando el suelo, manos arriba, y botellas de tequila que rolaban entre la banda para alegrar a todos con shots. Lo interesante de cuando se quitaron las máscaras es que nos dimos cuenta que eran dos chicos que desde al principio estuvieron pisteando con todos. Creo que ese es otro rasgo que caracteriza a la banda latinoamericana: esa enorme habilidad de hacer amigos y enfiestar dónde sea, como sea y con quién sea.

El acto siguiente fue Sotomayor. A pesar de que a mí no me gustan tanto, ese día conquistaron el escenario. Pusieron a todos a bailar y cantar. Los hermanos Sotomayor, son un dúo que en vivo arrasan con el público. Tienen este sonido que parece ser una de las tendencias actuales de la música electrónica latinoamericana, esa apuesta por hacer electro no sólo con medios digitales, sino impregnando un estilo propio con instrumentos como percusiones en vivo y demás. El performance en el escenario fue bueno, las luces eran bajas para resaltar los detalles fosforescentes que la vocalista traía en la cara, y aunque fue un muy buen detalle, complicaron mucho la chamba de tomar fotos. Creo que ese fue uno de los únicos aspectos que no me gustó del festival: los juegos y mezclas de luces. Resaltan mucho a un integrante de la banda pero oscurecían a los demás. En fin, creo que aunque es algo técnico, deberían de cuidarlo más.

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Todos sabíamos que el evento estaba a punto de terminar, pero aún nos esperaba algo: Sonido Satanás. Eran alrededor de la 1.30 am. la banda estaba prendida y queríamos seguir la fiesta. Comenzaron las tornamesas otra vez, y al grito de “cuuuumbia”, la pista empezó a sonar.. Abrieron con un clásico de Sonido San Francisco: El género romántico. Seguido, pusieron tal vez una de sus canciones más emblemáticas: Santa Tere. Creo que una de las ideas del festival, no sólo es el impulsar el talento independiente local de cada país, sino que buscan proyectos que van más allá de la música, es decir, proyectos con una identidad propia. Así como vimos a CholoPower resaltando los sonidos peruanos, o a La tostadora con esa increíble alegría de los carnavales colombianos, también tuvimos la explosión de los beats brasileiros, y Sonido Satanás explota muchos recursos de la cultura popular mexicana, jugando entre los chusco, lo alegre, lo guapachoso. Y como siempre, trajeron a ese particular personaje del impactactante bigote: el Chamuco. Quedé maravillada con la manera en que estos cuatro chicos conquistan no sólo el escenario, sino la pista. Estuvieron tocando poco más de una hora y nos hicieron bailar sin parar. Mucha gente dice que estos vatos sólo tocan “remixes”, pero creo que hacen un trabajo mucho más profundo que eso, logran apropiarse de las canciones y les impregnan su sabor. Tal fue el caso de Wiggle de Jason Derulo que en el coro, en vez de ser “wiggle wiggle wiggle”, cantaron con un fuerte y determinante “cumbia, cumbia, cumbia”. Me encanta su selección de canciones, cantaron desde Marisol, hasta Mi razón de ser. Eran las tres de la mañana y Sonido Satanás había arrasado con la banda. Fue inevitable que la gente pidiera otra canción. “Santa Tere, Santa Tere”, todos al unísono, y los Satanas cerraron así con broche de oro. Estábamos todos gritando, brincando, riendo y disfrutando una de las noches, que al menos en mi caso, fue de las menos planeadas pero sin duda, una de las mejores. Creo que la intención de Latinoamérica 360, de ser una plataforma de desarrollo cultural y celebración de diversas identidades de la región se cumple y queda superada en tanto que logra tejer a través de la música, redes de solidaridad, amistad y transformación.

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Poco a poco, el foro comenzó a vaciarse, pero hubo algunos que resistimos, no sé si éramos unos atascados o éramos unos amantes de la fiesta. Todos estábamos ansiosos de seguir el after, en medio de maletas, botellas de mezcal, sudor, acentos colombianos, chilenos, peruanos, y algunas frases en portugués: la segunda parte del festejo estaba a punto de comenzar. Latinoamérica iba a seguir la fiesta, pero bueno, esa es otra historia…

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