National Geograffiti 2: Buchaca Fest y la lucha por el espacio público

Por Christopher Nilton Arredondo
@niltopher

Zona alcanzada por la mancha urbana. En su planeación, una ciudad autosuficiente: zona de oficinas, industrias, vivienda, entretenimiento y muchas áreas verdes. Pero proliferaron las unidades habitacionales de departamentitos y las áreas grises, terrosas y escasamente alumbradas, como si hubieran sido concebidas no para el ocio de los niños, sino para la reunión de delincuentes.

A principios del año pasado, los medios informativos hicieron eco del informe del Observatorio Nacional Ciudadano sobre el incremento de ejecuciones y otros delitos en el Estado de México. Casi ningún municipio escapa, ni siquiera esta zona que en décadas anteriores se consideraba, pese a todo, tranquila.

Pienso en Cuautitlán Izcalli, municipio en el que se encuentra el bar Buchaca, que da nombre a un festival de rock programado para el 19 de septiembre de este año. Sin embargo, estas líneas podrían ajustarse a casi cualquier municipio del EdoMex.

Arturo Ascención, en una nota para CNN México, menciona que en Cuautitlán Izcalli, en los tres primeros meses de ese año, se registraron “al menos 39 asesinatos y hallazgos de cadáveres, según los datos de la Comisaría de Seguridad Pública”.

Mientras la delincuencia gana terreno y la policía lo pierde (o se hace güey fingiendo que lo pierde, no lo sé), los ciudadanos lo cedemos por pánico, guardándonos en casa apenas llegando de trabajar o con el cierre de negocios al ocultarse el sol. Sólo las tiendas de conveniencia persisten hasta muy tarde, con sus puertas de cristal cerradas.

Sin embargo, hace falta que la vida mexiquense siga después de las 8 pm., y que no se limite a una vida nocturna de marginación o evasión (con hartos bares que tocan casi exclusivamente grupero). Por esto, el Buchaca Fest merece la atención del público.

Merecen también reconocimiento Edgar Hernández, Ernesto Villarreal y Samuel Velázquez (las mentes detrás del festival que se realizará en el Estadio Hugo Sánchez) por lo peculiar del cartel, puesto que no lo integran las conocidas bandas de urbano que se mueven cómodamente por el Estado de México, sino bandas de rock-pop “fresa” más ecléctico, con mayor disposición a la universalidad que al nicho.

El cartel puede arrastrar, por el puro gusto de la música en vivo, a muchos capitalinos que jugarán con uniformes de visitante, en una cancha que alguna vez pensó hospedar un equipo profesional que le disputara al Toluca su preponderancia mexiquense.

Pero más que lo que el festival tiene que dar en sí, quiero resaltar lo importante que es la apropiación del espacio público; el Estado de México como foco contracultural, más allá de ser semillero de artistas con estética marginal, es un escenario posible y deseable frente a panoramas desalentadores como el que vivió la entidad a principios del año pasado.

Para quienes sigan creyendo en el poder contestatario del rock, creo que vale la pena ver al Buchaca Fest como una misión más que el rock en México tiene por emprender: la lucha del rock en México es por los espacios, más que por la innovación o la identidad frente a su contraparte anglosajona (en realidad, el cartel del Buchaca lo integran mayormente bandas que apelan a la nostalgia gringo-británica más que a la innovación).

Y como respaldo de esta idea, el destino de otro espacio emblemático de la contracultura en México pende de un sello de clausura mientras escribo esto el Multiforo Alicia enfrenta otra tentativa de cierre por parte de la Delegación Cuauhtémoc.

Al rock mexicano no le duelen las propuestas; grupos hay muchos (tan sólo el Buchaca recibió la propuesta de más de 300 bandas independientes en su convocatoria) y, mientras que el talento o la genialidad son temas subjetivos y cuestionables, la ausencia de espacios adecuados para la música de estos grupos es algo un poco más concreto, algo sobre lo que se puede llegar a un consenso.

Buchaca

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