#National Geograffiti 8: Soledad es una enfermedad de dos

Por Christopher Nilton Arredondo
@niltopher

Luego de escuchar frecuentemente rock-pop con cierta atención, y sin tener un oído que sepa desmenuzar componentes armónico-melódicos, creo que el primer elemento que puede cansar y aburrir a un escucha es el ritmo. Poco es el rock-pop en México que combate contra la herencia anglosajona de los 4/4 acelerados y resonantes. Por eso la canción “Enfermedad”, del dueto residente de la ciudad de México, Soledad, resulta sobresaliente; por la ruptura de la uniformidad del ritmo.

La “propuesta” del grupo, de forma resumida y muy escueta, es la predilección del ruido armónico sobre la progresión melódica: desde su primer disco, el dueto crea atmósferas sonoras con distorsiones y percusiones en lugar de notas limpias que se suceden unas a otras.

Es más, desde su alineación se ve por dónde va la cosa: una agrupación formada por un baterista (Esteban Aldrete) y un guitarrista eléctrico (Brett Schultz) produce la sensación visual de carencia y, por lo tanto, de desafío. No hay segunda guitarra, no hay bajo, no hay teclados, (por esta progresión de oraciones negativas, algunos pensarán que, por lo tanto, no hay música).

Justo cuando piensas que podría tratarse de un virtuoso de la guitarra, de esos que hacen solos de 10 minutos a canciones de 3, el guitarrista toca acordes, espaciadamente o con fruición según la pieza, otorgándole mayor terreno en el espacio del silencio a la batería, que físicamente es incapaz de hacer melodías en sentido tradicional.

El dueto sacó este año su tercer compendio de canciones; el álbum Enfermedad supone, a pesar de la corta carrera del proyecto (como Soledad, llevan tres álbumes cortos de 2012 a 2015), el máximo esplendor de su estética. Su primer material del 2011, Fe, a pesar de la atmósfera descrita arriba, es muy melódico: entre el ruido de las percusiones, la guitarra realimentada llega a hacer progresiones de notas largas que hacen contrapunto a melodías vocales convencionales, cantadas en un registro grave. Prácticamente, se puede remplazar la guitarra por un sintetizador y la batería por una caja de ritmos para obtener piezas del más simple electro-dance que se pueda encontrar en cualquier antro, desde luego, en compases de 4/4.

La pieza “Enfermedad” es otra cosa: tiene un ritmo impreciso pero regular, difícil de pescar. Sospecho que el tema A de la canción está en un compás de dos tiempos, un 2/4, quizá, con un tempo lento que, cada vez que se aproxima a la barra final del compás, hace deliberadamente un rallentando. Como si la pieza fuera ejecutada por una cajita musical cuya manivela se atorara cada final de compás. La sección B de la pieza, un convencional y acelerado 4/4, contrasta con el resto que vuelve a su tempo lento una vez más, en un estira y afloje que exige paciencia del público.

El resto de las piezas siguen la dinámica de los discos anteriores, mayoritariamente en sus respectivos 4/4; sin embargo, Enfermedad como disco sobresale frente al primer álbum del dueto por la voz más tendiente al grito desafinado que a la voz grave y profunda, emitida por Esteban Aldrete. Esta voz deliberadamente descuidada, es en realidad otro elemento de desafío al oído acostumbrado al orden y a las melodías de buena parte de la escena rock-pop en el país.

La agrupación se ha presentado en múltiples recintos del territorio nacional; recientemente, Cultivo de Jercios, proyecto de Resistencia Modulada (espacio nocturno y juvenil de Radio UNAM), les dio cabida en la sala Julián Carrillo; mientras que El Imperial, espacio musical en la esquina de Álvaro Obregón y Oaxaca, en la Roma Norte, los puso junto a La MiniTK del Miedo este sábado 22 de agosto.

Su construcción constante de un currículum de presentaciones nos dicen que Soledad va marchando a buen ritmo, a pesar de (o precisamente por) los ritmos tristes y alterados de su “Enfermedad”.

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