#NationalGeograffiti 12: En detrimento de la novedad, rock, cultura en las caricaturas y The Risin’ Sun

Por Christopher Nilton Arredondo
@niltopher

La primera vez que escuché nombrar a Edgar Allan Poe posiblemente fue en El Show de Charlie Brown y Snoopy. “Ese Edgar Allan Poe era muy chistoso”, dice Charlie Brown mientras cuelga boca abajo de la rama de un árbol, enredado en la cuerda de su “volantín”, justo después de que Lucy describe el argumento de “El pozo y el péndulo”.

Posteriormente me topé con Poe, no en una biblioteca o en la escuela, sino en un especial de Halloween de Los Simpson, y en un episodio de Tiny Toon en algún punto entre 1991 y 93; en ambos recreaban cómicamente “El Cuervo”. Esto me dio un poco de ventaja en el último año de secundaria, cuando por primera vez escuché de Poe en un ambiente académico (cerca de 8 años después de verlo en caricaturas).

Podríamos discutir cómo la televisión tiene buena parte de responsabilidad en la formación de un individuo desde la infancia, pero hoy quiero concentrarme en otra cosa: Charlie Brown, Los Simpson y Tiny Toon, productos de la cultura de masas, cultura pop, contracultura o lo que sea, en este pequeño ejemplo resultaron vehículos para consolidar un contenido de cultura canónica como la obra del maestro de Boston.

El rock es tan pop como los monitos de Schultz y de Groening, y seguro que alguna vez habrá divulgado a grandes maestros de la alta cultura. Pero creo que la eficacia comunicativa de la cultura de consumo masivo ha consolidado y vuelto tradición expresiones populares, al grado de convertirlas en material temático similar a la obra de Poe.

En 2005, Tim Burton estrenó su Charlie and The Chocolate Factory, con canciones de su compositor frecuente, Danny Elfman, que dedica una rola de influencia funk a Violet Beauregarde, un rock-pop psicodélico a Veruca Salt y un rock pesado a Mike Teavee. En este último aparecen cuatro músicos Oompa Loompas, interpretados por Deep Roy, con uniformes militares brillantes, sobre plataformas de diferentes alturas en un set de televisión colorido. Una imagen que directamente alude a íconos originales del rock pop: El Sargento Pimienta y la escena hippie en San Francisco.

Años más tarde, la serie animada Phineas y Ferb nos ofrece una colección de canciones genéricas, acompañadas de imágenes de gran poder evocativo a manera de videoclip. Incluso algunas de estas elecciones genéricas se vinculan directamente con el argumento de la caricatura, aunque otras veces el estilo de las piezas parece arbitrario.

Y mientras que grupos como Muse siguen buscando inventar el hilo negro del rock, paralelamente el rock se preserva para nuevas generaciones en la barra de caricaturas de los canales infantiles; ya no como novedad que incita a una rebeldía de direcciones inciertas ni como producto desdeñable frente a los contenidos culturales canónicos, sino como parte integral de la cultura y la Historia recientes.

Con esto en mente, The Risin’ Sun, joven power trio mexicano, presenta una obra divertida. Señalan que sus influencias son el “Classic Rock” (lo que sea que quiera decir eso), el blues, el soul, el R&B y la ola psicodélica. Los ocho archivos de su perfil de Soundcloud confirman su presentación.

La canción “I Love You”, por poner un ejemplo, comienza con una melodía de guitarra distorsionada, sello de muchos temas de Jimi Hendrix. Al entrar a la primera estrofa, la guitarra cede y revela un bajo que evoca clásicos sesenteros como “She’s not there” de los Zombies.

La voz canta en inglés líneas breves y lanza gritos espásticos exaltando su influencia soul. Entre el intercambio melódico de guitarra y bajo, la batería no deja huecos de silencio con sus constantes redobles. Aparece luego un puente que, por la forma de recortar los valores rítmicos, emparenta al trío con Santana (la banda, no el güey que la encabezaba). Y durante el puente las únicas palabras en español que se cantan son “suave” y “rico”.

Composiciones originales, pero para nada música original y, sin embargo, vale la pena, precisamente por lo “suave” y lo “rico” del género que tocan. Sin tomarme muy en serio, la obra de The Risin’ Sun, entendida como reproducción genérica fiel en detrimento de la novedad, se parece a lo que Jordi Savall y sus Hespèrion hacen con la música antigua: la preservan y la presentan a un público nuevo, renovada con sus propios recursos.

Entre The Risin’ Sun y las caricaturas se puede cubrir un contenido académico importante; falta que se agregue el rock como tema en los planes de estudio de las escuelas secundarias.

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