#NationalGeograffiti 13: Píldora Comix, alivio para la industria nacional

Por Christopher Nilton Arredondo
@niltopher

En ese popular monstruo conocido como La Mole Comic Con, albergado en el Centro Internacional de Exposiciones y Convenciones del WTC, se presentó en marzo pasado un proyecto llamado Píldora Studio: una empresa de artistas visuales que, entre sus trabajos, destaca un compilado de historietas en un formato pequeño, con el título de Píldora Comix. Y como a este espacio le gusta hablar de la actividad cultural emergente en México, revisaremos la publicación en sus aspectos generales.

Antes, algunas coordenadas: a pesar de viejas glorias de la historieta nacional y de numerosos ejemplos de profesionales destacados, en México, como dice José Quintero, hacer comics no es una profesión sino una afición. Siguiendo la tesis del autor de Buba, esto ocurre por la falta de un gremio estructurado, un aval educativo y un mercado formal en el cual ejercer; en resumen, hacer comics es un hobby gracias a la ausencia de industria en México.

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Por ello, es digna de elogio la propuesta de Píldora de ofrecer un volumen antológico periódico que reúne historias diversas de cierta duración, en una idea similar a la de publicaciones japonesas como Shonen Jump, de la que han salido títulos relevantes a nivel internacional (Dragon Ball, Saint Seiya y Naruto son algunos de ellos).

En su primer volumen, Píldora Comix presenta 8 historias de distintos autores; y aunque son tan distintas como las personalidades de sus creadores, la constante de todas es la presencia de lo sobrenatural; ya sean historias inclinadas a lo maravilloso, a la ciencia ficción o a las leyendas de aparecidos, ningún relato escapa a lo sobrenatural.

En la necesidad de atrapar al lector cuanto antes, la mayoría de las narraciones introducen elementos de tensión de inmediato: un hombre lobo que se abre paso entre las calles nocturnas; una niña que despierta, desorientada, en un cuarto atiborrado de muñecas, etcétera.

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Destacan en número las historias de ciencia ficción, las cuales cumplen con un esquema narrativo similar: primero, se expone con un estilo referencial un panorama general (mundial, universal, intergaláctico) para, después, presentar con los recursos convencionales del comic una aventura particular, personajes dentro del universo descrito en el paso 1. Las historias MRKBH-741, Los hijos de la luna y Space Hunters cumplen con esta estructura. Excepción a la norma es el relato 44, en el que el misterio es introducido de inmediato, pero marcha contemplativamente en escenas futuristas que nos muestran avances tecnológicos en un entorno urbano contemporáneo.

El resto de las historias (Nocturna Devils, Ginger y Luna, Underneath y La Cruz del Diablo) navegan en un coctel genérico: Nocturna Devils, La Cruz del Diablo y  Underneath comparten la temática del terror con distintos matices; Ginger y Luna, por otro lado, es una prometedora mezcla de aventuras sobrenaturales y comedia de situación. El humor y la aventura emparentan a Ginger y Luna con Nocturna Devils, donde un equipo de cazadoras desmadrosas se enfrentan a un hombre lobo. Por último, Underneath y La Cruz del Diablo se hallan en polos opuestos de la originalidad del material base: la primera está cargada de subjetividad (la autora, Raven Bazán, confiesa que su inspiración fue una pesadilla personal), mientras que la segunda se basa en una leyenda de Gustavo Adolfo Bécquer.

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Aunque narrativamente, y cada quien a su estilo (aquí los trazos simples de Ángel García en Space Hunters, allá los abundantes detalles de José García en Ginger y Luna), cada autor hace en pocas páginas un encomiable despliegue de su oficio, resalta una terrible mancha a lo largo del primer volumen: un desdén general por la corrección de estilo. No son pocos los errores ortográficos, gramaticales y de puntuación a lo largo del tomo, lo que le da la apariencia de un trabajo no sólo amateur, sino de tarea escolar hecha en domingo por la noche.

Sin embargo, una vez superado el asunto de la redacción, se pueden esperar cosas valiosas del Studio. Por vía de mientras, sus esfuerzos han llevado a Píldora Comix a presentar un tercer volumen en la edición de septiembre de la Mole Comic Con.

Frente a la ausencia de una industria formal, el proyecto encabezado por José García intenta aliviar las dolencias del consumo de comics nacionales.

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