#NationalGeograffiti 29: Los doblajes groseros de El Chavo en YouTube o las peladeces como estrategia humorística

Por Christopher Nilton Arredondo
@niltopher

“¿Qué me ven, hijos de su pinche madre?, dejen de estar viendo mamadas en YouTube y ya pónganse a jalar” dice Quico, el personaje de El Chavo… No con la voz de Carlos Villagrán, sino con la de otro improvisado actor que, igual que el cómico del Club de los millonarios, tiene la intención de hacerte reír. Al humor blanco (blanquiazul a veces) de Roberto Gómez Bolaños siempre le hizo falta ese doble sentido que enorgullece a muchos mexicanos… digo, el Chavo vivía en una vecindad, ¿no? De ser un programa más “realista”, el Chavo manejaría un léxico similar al de los morros de South Park… Va pues, no es la idea, sino que Chespirito quería hacer lo que siempre hizo, ya sea al lado de Viruta y Capulina o tiranizando a su elenco bajo la dirección de Enrique Segoviano: humor para toda la familia (una familia no muy exigente, creo, pero familia al fin).

Hace unos años que vi esa colección de videos, algunos ya con cerca de 10 años de antigüedad, verdaderos ejemplos de folclor en tiempos del derecho de autor. Esto lo digo porque buena cantidad de videos de YouTube tienen un autor colectivo y anónimo. Sí, se pueden ver y seguir las cuentas de YouTube para dar con los autores originales de cada video con el título “El Chavo Grosero”, una empresa más sencilla pero igual de útil que rastrear a cada autor de memes que existe en el ciberespacio.

Desacralización de una de las figuras torales del humor mexicano, eso hay en cada video de El Chavo Grosero; desacralización subrayada por la forma rudimentaria, por las incoherencias y la simplonería de los videos, lo que los diferencia de la intentona sofisticada de EnchufeTV (“El niño del barril”, video que tuvo su buena polémica; divertido, bien hechecito y por eso menos atractivo para este artículo). Los Chavos groseros del YouTube cotorrean con temas considerados tradicionalmente tabú: consumo de drogas, sexo, prostitución.

Los personajes se la pasan insultándose, haciendo alusiones sexuales sin lógica alguna. A algunos esto no les gusta (el de “Clase de guitarra” es acusado por el uso repetitivo de la palabra “verga”), pero a otros los divierte mucho; supongo que por un fenómeno consignado por varios autores, uno de ellos Sigmund Freud: entre las ramificaciones del chiste, hay quienes consideran también un chiste absurdo, ni inocente ni tendencioso, sino en el que lo divertido es la posibilidad de disparatar, de regodearse en el sonido de las palabras y en lo chusco de sus sentidos; liberar al cerebro de la coerción de la lógica sintáctica. En un texto en el que rescataba la importancia de la poesía como juego del lenguaje en la formación de los niños, Luis Téllez-Tejeda decía: “¿quién no ha tenido el privilegio de mirar a algún infante que, orondo, grita por donde pasa ‘cabrón cabrón cabrón’ o cualquier otra palabra malsonante a los oídos de sus padres y totalmente jocosa para el espectador?” Pues bien, ese absurdo mezclado con obscenidad del niño malhablado está presente en la risa de los que vemos los Chavos groseros del internet.

Frente a la mayoría de estos Chavos, se alza en nuestras sugerencias del YouTube un “El Chavo del 8 Grosero” que ostenta el título de “Original”. Posiblemente sea así; lo pienso porque la estrategia de humor que este video emplea es distinta a las del resto. Aquí no está ese gusto disparatado por hablar de putas, chelas y vergas; el argumento del cazador de lagartijas original permanece, solo que aderezado con las unidades fraseológicas conocidas de nuestro lenguaje florido: “Cómo serás pendejo” en lugar de “menso”, “Estoy cazando lagartijas, no ojetes” en lugar de “lombrices”, y así sigue.

Este video no es de un humor obsceno y absurdo, sino paródico; la estructura del texto parodiado se mantiene intacta en el nuevo doblaje, incluso los chistes de Chespirito se conservan (“–¿Sabes cómo se les dice a los que te echan de cabeza? –Sí, se llaman luchadores”), pero lo novedoso es escuchar al Chavo hablando como se manda en la vecindad.

Humor de YouTube hay para todos los gustos, tantos como estrategias de humor hay para todos los creativos. Y de vez en cuando, vale la pena mentar una que otra madre o mandar a la verga a alguien o a algo, como un conjuro contra el estrés, como un detonante de la risa que a veces tanto nos hace falta o como una posición estética contra la comedia institucional. Las groserías funcionan a muchos niveles.

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