#NationalGeograffiti 32: The Cro-Magnons, punk rock para que Mishima se revuelque

Por Christopher Nilton Arredondo
@niltopher

National Geograffiti hace un nuevo viaje, ahora al país del sol naciente, los reptiles gigantes y las competencias semi-deportivas con criaturas mágicas.

Debo empezar con una franqueza: no sé gran cosa de punk y todos sus derivados. No es que no me gusten las bandas de este movimiento, más bien no me han interesado lo suficiente para investigar en torno a ellas. Sin embargo, algo que admiro de las músicas punk (o de lo que amigos y conocidos me han presentado con ese nombre) es su inconfundible estética; una filosofía o forma de ver el mundo que se manifiesta en una estructura o en una realización concreta de la música. En cambio, suelo alejarme de los géneros o subgéneros del rock que dependen más del discurso del intérprete o del artista que de la música propiamente. Me gusta, pues, que las ideas estéticas del rock-pop puedan verificarse no sólo en las entrevistas con el compositor sino en sus mismas partituras.

Otra franqueza: soy seguidor entusiasta de Naruto, tanto de sus cómics como de sus versiones animadas; incluso me gusta su música incidental y sus temas de entrada y de salida. De entre las aperturas de su segunda serie animada, Shippuden, me parece curiosa una de ellas, la número 11. “Totsugeki Rock” es una pieza del grupo de punk rock, The Cro-Magnons, y sobresale por los guitarrazos crudos de Masatoshi Mashima y la voz grave y rasposa de su vocalista, Hiroto Kōmoto. No es que en el J-rock o el J-pop no haya voces graves (al contrario, parece ser una cosa común en el rock-pop asiático), pero la de este cantante es diferente de entre la selección de rolas puestas al servicio de las historias de Masashi Kishimoto, prácticamente por su color áspero y un efecto como de punteo en varias frases de la canción; este rechazo a las notas largas y melodiosas de otros intérpretes dentro de las canciones de Naruto resaltan la brusquedad, el “cochambre” de la interpretación de The Cro-Magnons.

En el video de su canción “Speed and Knife”, la agrupación (vocal, guitarra, bajo y batería) aparecen tocando en un espacio vacío, decorado únicamente por una plataforma redonda con una diana en el suelo, pintada de colores rojo, azul y blanco; obviamente The Who (una de esas bandas que se mencionan entre los exponentes originales del rock-pop como lo conocemos ahora, y que influyó en muchos de los grupos punk de mediados de los 70) viene a la memoria cuando vemos a estos japoneses bailotear y pegarle a sus instrumentos con un ritmo obsesivo.

Me encanta; es adorable ver cómo las estructuras conocidas del punk rock se mantienen más allá de los 70, más allá de las denuncias anti-establishment y más allá del Reino Unido en las canciones de estos fans nipones. Ellos reproducen la música que les gusta, sin ningún empacho, y el resultado es algo nuevo pero conocido, algo que puede gustarte.

Claro que hay algún peligro en el uso del punk o de cualquier manifestación contracultural fuera de su ambiente original; lo que fue creado como protesta puede ser usado por el sistema de poder para disuadir a los mismos manifestantes de sus denuncias.

Desconozco muchas cosas sobre la política interna de Japón, al mismo tiempo que desconozco su lengua como para entender las letras de The Cro-Magnons sin un traductor que me auxilie. Incluso se me ocurre que las bandas que hacen la música de Naruto o de otras exitosas series animadas podrían ser del tipo de músicos que sirven como vehículos de discursos oficialistas (pienso en los extranjeros que llegan a México pensando que Maná es la máxima representación del rock-pop en el país).

Pero, aun en ese caso, sigue siendo interesante cómo la expresión estética se preserva incluso para fines contrarios a los que tenía en un principio. En otro Graffiti hablaba de cómo las caricaturas preservaban el rock-pop cual si se tratara de contenidos académicos entre los chicos de primaria. Lo mismo puedo decir ahora sobre The Cro-Magnons y las anteriores bandas en las que Mashima y Kōmoto han participado (The Blue Hearts y The High-Lows); que preservan y presentan a un nuevo público una expresión musical relativamente ajena a su cultura, renovándola con sus propios recursos.

También abundan los casos contrarios, donde la idea no es reproducir un género, sino modificarlo a través de combinaciones inusitadas. Yoshida Brothers, por ejemplo, incorporan a la música de Occidente instrumentos tradicionales de Japón; incluso la primera serie de Naruto tenía como música incidental los arreglos orquestales mezclados con rock de Toshiro Masuda, pero por ahora sugiero que, con el desenfado con que The Cro-Magnons provocan que Yukio Mishima se revuelque en su tumba, nos dispongamos a escuchar un inocente punk rock venido de Oriente.

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