#NationalGeograffiti 35: 30/3D, el número en que Comikaze “maduró”

Por Christopher Nilton Arredondo
@niltopher

Ya hace un rato que Comikaze, revista especializada en el mundo de la historieta y beneficiaria del Programa Edmundo Valadés de Apoyo a la Edición de Revistas Independientes, pregona ser la única publicación de este tipo en México. En un panorama informativo más general compite con podcast, y videoblogs; todos ellos más vistosos, de consumo más inmediato y, si tienes una conexión a internet, más baratos (aunque no se trata de una competencia injusta; Comikaze también maneja un blog y un socorrido podcast).

No obstante, la revista tiene las ya tradicionales y nada menospreciables ventajas del lenguaje escrito, como la capacidad de sus articulistas de corregir, quitar y agregar a su antojo antes de decir “ya quedó”, cosa que quienes dependen de la oralidad no tienen. ¡Y algunos dueños de podcast, videoblogs o programas de radio en vivo en verdad dependen de la oralidad, a pesar de que su ejercicio demanda un guion previo!

COMIKAZE

Claro que hay aspectos positivos en los blogs, los canales de YouTube y los programas de radio sobre cómics; pero en el ejercicio de un “periodismo comiquero” (o sea hablar de una expresión que sigue injustamente viviendo en la periferia de la canonización artística) se da fácilmente la verborrea, la reseñitis elogiosa o vilipendiosa sin verdadero análisis o el juicio de autoridad arbitrario: “esto es basura porque yo, que he leído más cómics que tú, lo digo”.

Comikaze ha presentado en su ya no corta historia artículos que implicaron algún tipo de investigación, muchos de ellos de carácter más histórico y descriptivo que meramente valorativo, cosa que aleja a la revista de la tendencia general de los “especialistas” de cómics a calificar obras como malas o buenas. Resalto este aspecto porque, precisamente en esas discusiones sobre la validez artística de la historieta frente a otras expresiones canónicas cobijadas por la academia, este tipo de trabajo de archivo deja constancia del desarrollo de una disciplina artística más de lo que hacen las opiniones personales de ciertos consumidores distinguidos.

Esta publicación ha llegado a su número 30 y conmemora este logro con una portada estereoscópica 3D y con artículos que celebran una coincidencia numérica: en 1986, hace 30 años como 30 números de Comikaze, varias historias hoy consideradas clásicos del cómic estadounidense (sí, los ineludibles gringos que lo cubren todo, especialmente el mundo de las viñetas) vieron la luz, y su destello llamó la atención de buena parte de la crítica cultural en el país que lleva la égida. Bajo el título “El año en que los cómics maduraron”, la revista dedica algunos artículos a eventos relevantes del 86, como son la aparición de The Dark Knight Returns, arco narrativo de Frank Miller (muy en boga por estos días luego del estreno de Batman V Superman: Dawn of Justice) y la creación del sello independiente Dark Horse, entre otros.

Seguro que la intención de Comikaze no es pugnar porque el cómic entre al Olimpo de las artes canónicas, es decir que sea preservado por las universidades como producto artístico más allá de su ya demostrado valor como medio de comunicación o como herramienta pedagógica. Tampoco es la idea retomar esa discusión caduca sobre si el cómic es arte, sin embargo, la revista que existe “por amor al (9º) arte” sí cumple una función importantísima en el entendimiento de un medio que a recientes fechas, y en alianza con el cine, ha cobrado notoriedad entre un público más diverso que el que tenía anteriormente.

COMIKAZE_RockShow

La adquisición del cómic de un estatus de madurez en territorio gringo durante los 80 tuvo una réplica mexicana en los 90; con el fuego avivado de la entonces reciente muerte de Superman, se condicionó el terreno para que se levantaran las primeras convenciones y clubes de cómics, las primeras tiendas especializadas y muchas discusiones sobre el valor artístico del cómic. No obstante, la historieta en México ha dado muchos pasos hacia atrás a pesar de sus muestras de destreza excepcionales y hoy está en manos de proyectos independientes ofrecer a los lectores un producto hecho en el país con más que las mejores intenciones.

Vale la pena entonces fomentar un fenómeno como Comikaze (la publicación coordinada por Jorge Tovalín y Alberto Calvo anuncia en su número 30 el cierre de un ciclo y el comienzo de una nueva y prometedora etapa), que por su carácter informativo, permite tener a nuestro alcance herramientas útiles en la comprensión, apreciación y, en algún momento, valoración articulada de un producto que históricamente ha vivido en el menosprecio cultural.

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