#NationalGeograffiti 7: La canción fea de Paul McCartney, anécdotas en memoria de Cilla Black (1943-2015)

Por Christopher Nilton Arredondo
@niltopher

Esta vez, la columna se va de viaje en tiempo y espacio a otra escena “emergente”: nos vamos a la Gran Bretaña de 1963, año en el que la cantante Cilla Black, originaria de Liverpool, debutara con su primer sencillo, “Love of the loved”, que llegó al lugar 35 de las listas de popularidad en el Reino Unido. Cilla tuvo que esperar al año siguiente para ver su nombre artístico (su nombre real era Priscilla Maria Veronica White) ocupar un primer lugar: los sencillos “Anyone who had a heart” y “You’re my world”, de 1964, la convirtieron en una de las intérpretes favoritas del entonces creciente Merseybeat.

El discreto debut de Cilla estuvo cobijado por figuras que, en ese momento, eran sólo nombres apenas conocidos dentro de una tendencia en ascenso: la pieza que le produjo el egresado de Guildhall, George Martin, ya había sido grabada el año anterior, el 1º de enero del 62, cuando el mánager de Cilla, Brian Epstein, pidió que se grabara la audición de uno de los grupos que representaba. En West Hampstead, buscando un contrato discográfico con Decca Studios, el amigo de Cilla y también originario de Liverpool, Paul McCartney, grabó por primera vez “Love of the loved”, una composición suya.

Aunque, al final, Decca rechazó a los representados de Mr. Epstein, aquella audición es hoy un famoso y cotizado bootleg, merced al éxito que los Beatles (el grupo en el que tocaba el mencionado amigo de Cilla) consiguieron un poco más tarde. De las 15 piezas que interpretaron en Decca, tres fueron temas originales, entre ellos la canción debut de Cilla Black. Las otras dos fueron a su vez el debut de The Applejacks (“Like dreamers do”) y de The Fourmost (“Hello Little Girl”), alcanzando lugares más altos que Cilla.

Si bien estas piezas firmadas Lennon-McCartney no resurgieron en su discografía del 63 al 70, misteriosamente “Love of the loved” tampoco volvió en The Beatles Anthology, del 95. ¿Es ésta una canción tan prescindible que Cilla Black consiguió un éxito moderado frente a los impactantes debuts de otras bandas manejadas por Brian Epstein?

La sesión para Decca, en opinión de John Lennon, no fue grandiosa aunque fue buena. Es cierto que, en esa versión de “Money (that’s what I want)”, a Lennon se le acaba el aliento antes de terminar algunas frases; también lo es que McCartney mantiene el mismo estilo interpretativo en todas las canciones: la voz de tenor en un registro grave que, al final de las frases, liga hacia notas agudas y vibrantes. Con el tempo acelerado del Merseybeat, Paul parece un crooner con anfetaminas; da avisos de la prodigiosa voz que le oiremos en “Till there was you” de 1963, pero en Decca la grabación de poderosas interpretaciones (como el himno de Consuelito Velázquez) suena sucia y rudimentaria.

En este estilo algo edulcorado, “Love of the loved” podría ser la pieza que los detractores de McCartney amarían citar si la conocieran (1): el riff introductorio, un arpegio que pasa de un registro grave a uno agudo, posee una sonoridad de “ángeles tocando el arpa como en películas de los Tres Chiflados” (Seymour Skinner dixit). Mientras que, en la versión de Cilla Black, el arpegio es remplazado por una variación del tema, ejecutado por alientos metales, en un estilo que vislumbra el éxito que Nancy Sinatra alcanzará en 1966.

Luego de “Love of the loved”, los siguientes éxitos de Cilla no tendrán el ritmo de 4/4, característico de la invasión británica; sus canciones del 64 son temas lentos en 3/4 y 12/8, mientras que el vals jazzístico “It’s fot you”, de Lennon-McCartney, se aleja de la división cuaternaria. Es posible que el consumidor de la época asociara como norma las voces femeninas a géneros más calmados, compuestos en compases ternarios o con subdivisiones ternarias (2).

Sin embargo, ni el éxito aletargado ni el confinamiento genérico y geográfico (en Estados Unidos nunca pasó de ser una promesa musical) impidieron que Cilla cobrara relevancia en la industria del espectáculo británica, a tal grado que sobrevivió al ocaso que varios de sus contemporáneos sufrieron durante los 70. Gracias a su carisma, Cilla halló una nueva plataforma de estrellato en la televisión, donde desempeñó una memorable labor como presentadora y actriz de comedia junto a su carrera de cantante.

Hasta aquí esta remembranza en torno a una canción poco famosa, una escena emergente llena de jóvenes entusiastas y una estrella que vivió en tiempos y lugares significativos para la cultura reciente. Descanse en paz Cilla Black.
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1. En cambio, he visto recientemente opiniones severas contra “Ob La Di, Ob La Da”, a pesar de su ensamble preciso y la plástica de sus letras.
2. ¿Acaso podríamos hablar de una segregación de género en la primera ola inglesa, que orilló a cantantes como Cilla Black a interpretar baladas (ya no hablemos de componer, privilegio reservado apenas para Petula Clark en aquella época)?

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