#NoFMex. 5a Noche de Minuetes: El Señor del Perdón

Por Emilia Perujo
@emilia_perujo

Óscar Muciño
@opmucino

Imágenes de Felipe Bracho
@brachosaurus

Perdonar difiere mucho de pedir perdón. Perdonar nos coloca en la posición del ofendido, del que ha sido receptor de una falta, que ha sido insultado o vejado en su persona. Hay un hálito de superioridad moral en el que perdona, porque en su perdón hay una porción, aunque sea muy pequeña, que es benevolente y capaz de aceptar el error ajeno y olvidar que ese error lo afectó. Es sencillo aceptar que el otro se equivoca.

Pedir perdón nos coloca en el lado opuesto, es un acto que busca enmendar alguna de nuestras acciones que consideramos incorrectas, que afectaron a otro o que el otro considera incorrectas. Pero para que nuestra voluntad dé ese paso, debemos convencernos que nuestro actuar fue incorrecto, que obramos mal y nuestro proceder causó un daño en alguien más. Y aun teniendo el pleno convencimiento de que actuamos mal, implica un acto especial de la voluntad, enfrentarte al enojo del otro, ponerte en examen ante su capacidad de perdonar.

Hay un par de sentencias sobre el perdón, una dice que un perdón no se pide sino que se ofrece. La otra: perdona nuestros errores como nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Con facilidad, con reticencia o nunca.

El Señor del Perdón: Op. 1 No. 1

Francisco Javier Salcedo Zepeda, mayo de 2008
Forma musical: vals
Interpreta: Mariachi Tradicional Ixtlauakuikani
Judith Georgina Ixtláhuac Montelongo – Violín
Fátima Guadalupe Rosales Barbosa – Violín
Martha Elizabeth Miranda Gaspar – Vihuela
Francisco Javier Salcedo Zepeda – Guitarrón

Sobre el minuete:

Este es el primer Minuete que compuso Francisco Javier Salcedo. Tiene un dato curioso, lo compuso en 2006 llamándolo La Virgen de la Pila. En 2008 le cambió el nombre al darse cuenta que ya existía uno llamado así:

«Lo primero que me pregunté fue: ¿Qué tema no existe? En 2006 hubo en la Catedral Metropolitana de Guadalajara una exposición de Cristos de pasta de caña del siglo XVI en la cual el Señor del Perdón estuvo presente, encontré sin proponérmelo la razón perfecta. Toda mi vida lo había visto arriba del altar mayor de la parroquia. La imagen de San Miguel lo tuvo siempre en segundo plano y pasaba desapercibido para la mayoría de las personas sin conocer el gran valor histórico de la imagen. Esta composición fue prototipo y la célula generadora de todas las demás.

En México, casi por regla general, el ritmo de vals no tiene la velocidad y brillantez de los grandes valses de Strauss. Tomo como ejemplo al vals Sobre las olas de Juventino Rosas, el cual lo toma de forma elegante y serena. Por tener más influencia de la música mexicana, he tomado este ritmo como referencia en mis composiciones, unas en gran formato de 64 compases (Elías Nandino, Rafael Méndez Moreno, Enrique Silva…) o con frases más pequeñas de dieciséis u ocho compases por tema.»

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