#NoVotarOVotar. Una sospecha

El 7 de junio se acerca peligrosamente. Para algunos es la fecha en que el sistema político recibirá nuestra merecida indiferencia, para otros es de nuevo la oportunidad de ejercer un derecho que no podemos darnos el lujo de perder. No Votar o Votar, cada ciudadano tiene una postura, o debiera tenerla. Frente a la gesta electoral y todos sus vicios, NoFM mantiene una postura crítica y asume su responsabilidad como medio de comunicación para mostrar parte del sentir de la sociedad que se cuestiona el funcionamiento de nuestro sistema partidista. Por ello, del 20 de abril al 5 de junio, publicaremos una columna diaria con la postura de distintos ciudadanos. No Votar O Votar, lo invitamos a participar en este debate.

Una sospecha

Por Tania Tagle
@Tania_Tagle

Este es probablemente uno de los textos más difíciles que haya tenido que escribir, hace mucho que, para bien o para mal, se me terminaron las certezas políticas. De mi militancia por un partido o un candidato me queda nada más un puñado de impotencia. De mi fe en el cambio por la vía electoral me quedan las imágenes de miles de muertos, podríamos llenar dos veces el estadio Azteca con todas “las bajas” de los últimos 14 años de nuestra “democracia”.

Democracia, las maestras miopes de civismo nos enseñan a venerar esa palabra aún antes de ser capaces de comprenderla, como si se tratara de un conjuro mágico. Una palabra amuleto contra un enemigo que tampoco tenemos claro. Durante 12 años juramos cada lunes defender una bandera y un territorio, prometemos lealtad absoluta a una entelequia y aprendemos que ser ciudadanos significa ejercer el derecho y la obligación del voto.

Pero nuestro voto no detuvo a los convoys militares. Nuestro voto no hizo que los soldados, esos que los libros nos pintaron como héroes, no golpearan ni violaran a las mujeres de Atenco. También fue inútil cuando 49 bebés murieron quemados por culpa de un funcionario negligente. Nuestro voto no evitó que los federales desollaran vivo a Julio César Mondragón.

Hasta ahora, votar nos ha dejado algunas gorras y playeras con logotipos, plumas, despensas, costales de cemento para terminar la casa en la que no veremos crecer a nuestros hijos cuando los desaparezcan.

Me detengo, no era mi intención escribir un texto tan desesperanzado, ¿pero desde dónde sino desde la desesperanza es que es posible concebir las utopías? No las “utopías” de campaña que nos vende la propaganda, no el bienestar económico de los comerciales, no la seguridad garantizada con un policía afuera de cada casa. Me basta con la simple y modesta sospecha de que es posible justamente lo que los discursos políticos nos quieren hacer pasar por imposible: un país sin ellos.

No creo en el voto pero creo en los votantes, no creo en la democracia pero creo en el pueblo, no como una masa sin nombre sino como una suma de voluntades y, sobre todo, de afectos: mis hijos son sus hijos, sus muertos son mis muertos. Nosotros, no un dibujo, ni un himno ni un pedazo de tela, nosotros somos la patria y no necesitamos un partido, un candidato o una institución que nos salve porque estamos cada día aprendiendo a salvarnos unos a otros.
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Tania Tagle (Ciudad de México, 1986) Editora y ensayista. Le gusta fingir que nunca le han dado becas. Ha colaborado en diversos medios digitales e impresos como Tierra Adentro, Letras Libres, Este País. Sin Embargo, Horizontal, etc.

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