#PecesSueltos presenta: Blind Willie Johnson

“A Loose-Fish is fair game for anybody who can soonest catch it.” Herman Melville, Moby Dick

Si la música se parece al mar, y lo habitamos todos, hay especies raras, que se ven poco y extraña vez son capturadas. Aquí surcamos las olas para hacerlos más evidentes.

Bajo esta noche oscura; sobre esta tierra mojada: Blind Willie Johnson

por Víctor Hugo Benítez
@VictorH_Benitez

En 1977 la NASA lanzó las sondas espaciales Voyager 1 y Voyager 2. Durante los primeros 10 años de su viaje por el sistema solar, su primera misión era recabar y enviar información de los planetas más lejanos a la Tierra. Hace un par de años, las sondas volvieron a ser noticia cuando la NASA anunció que había perdido comunicación con la sondas y que estaban en los límites de nuestro sistema solar, listas para su última misión, la cual tomaría por lo menos 60 mil años más: llevar un mensaje sobre quiénes somos, o alguna vez fuimos, a otros sistemas. Junto a los instrumentos que habían servido para observar los planetas, se encontraba un disco de cobre bañado en oro, un estilógrafo e instrucciones para reproducir las imágenes y las grabaciones que Carl Sagan y Frank Drake habían elegido. La grabación fonográfica consistía en saludos en 55 lenguas, sonidos e imágenes de la Tierra y cerca de 90 minutos de música. La antología contenía, entre muchas otras, música andina, sones mexicanos, percusiones senegalesas, y por supuesto, música de Bach, Mozart, y cerrando el disco, Beethoven. La pieza que antecede al cuarteto de cuerdas de éste último pertenece a un músico texano negro y ciego: Blind Willie Johnson.

Carl Sagan comentó en alguna entrevista que la idea de incluir la pieza de Johnson era representar el sentimiento humano de la soledad. Para muchos, el ejercicio de Sagan fue inútil y absurdo. Ry Cooder utilizó la canción de Johnson para musicalizar la película de Wim Wnders, Paris, Texas (1983) y alguna vez comentó sobre ella: “se trata de la pieza más trascendental de toda la música Norteamericana”. La canción no podría ser más simple: tres minutos de un rasgueo melancólico de un slide guitar y la voz de Johnson gimiendo al unísono y a veces arítmicamente. Podrá o no estar de acuerdo con Sagan o Cooder sobre la interpretación que hicieron de la pieza, pero no podrá negar que la melancolía de la canción es absolutamente sobrecogedora. No se puede evitar la pregunta: ¿qué clase de hombre hace una pieza así y por qué? Para muchos, el disco de Sagan fue un disparate absurdo y estúpido. ¿Qué sentido tenía mandar un mensaje a seres que percibirían el universo de una forma tan distinta a nosotros y que tal vez fuera incapaz de comunicar algo de vuelta? En una visión quizá muy romantizada del disco dorado de Sagan, podría pensarse sobre el destino de esos mensajes que de alguna vez ser interceptados, dentro de miles o millones de años, y si es que acaso la música es perceptible a aquellos seres que lo consigan, tal vez se pregunten: ¿qué clase de criatura hizo esto? Lo fascinante de la historia es que nosotros no sabríamos contestar esa misma pregunta.

No hay un solo dato certero sobre la vida Blind Willie Johnson y los que hay son escasos. Se sabe que nació en 1897 en Pendleton, Texas. A muy temprana edad su madre muere y cuando él tenía 7 años pierde la vista. La historia más verosímil sobre el origen de su ceguera apunta a que su madrastra quema los ojos del niño con sosa cáustica en venganza por las infidelidades del padre. No se sabe gran cosa sobre la juventud de Johnson, salvo que se entrega al único trabajo que alguien en su condición podía realizar: músico callejero.

La incertidumbre sobre todo lo que rodea la vida de Johnson, y aquellas historias tan brutales y patéticas alimentaron la leyenda de Blind Willie Johnson como el bluesman por excelencia: un hombre venido a menos, llevando una vida paupérrima en las calles, tocando la guitarra por pocos centavos. Lo poco que sabemos sobre Johnson alcanza para deshacerse de esa leyenda. Él era un cantante de Spirituals, no un bluesman. Johnson cantaba exclusivamente música religiosa; su repertorio se concentraba en los spirituals del siglo XIX que había aprendido de niño y adolescente. Las letras trataban de las penurias de Jesús en sus últimos días; hablaban al mismo tiempo de la salvación de las almas en el momento de la muerte o de la ira de Dios. Los pocos testimonios que tenemos sobre Blind Willie Johnson lo pintan como un hombre en extremo devoto, de trato honorable y entregado a hacer música como misión religiosa.

Entre 1927 y 1930 Johnson grabó treinta canciones deslumbrantes. Las primeras sesiones de grabación las hizo en Dallas entre 1927 y 1928. De ahí surgen sus canciones más conocidas: It’s Nobody’s Fault but Mine, Mother’s Children Have a Hard Time, y la que está de camino en el viaje interestelar, Dark was the Night Cold was the Ground. Aquellas grabaciones consiguieron venderse copiosamente en Texas y le prepararon el camino a vivir de la música grabada. Algo completamente inusitado para alguien como él. Aquí la canción que habría de coverear Led Zeppelin en 1976 con el mismo título:

Johnson vuelve a grabar en 1929 y 1930 en New Orleans y Atlanta respectivamente, acompañado en la voz por su entonces esposa Willie B. Harris. De esas últimas sesiones se editaron muy pocas copias. Posterior a esas grabaciones, Blind Willie Johnson desaparece por completo. Se sabe que se asentó en la costa texana hasta su muerte en 1945. Las razones por las que decidió no seguir grabando y vivir de ello son un misterio aún en estos días. Sólo esas treinta canciones bastaron para influenciar a todos los músicos que han transitado por el blues en cualquier momento de la historia: Robert Johnson, Muddy Waters, Eric Clapton, Jimmy Page y un largo etcétera.

Johnson cantaba indistintamente en dos voces. La más recurrente era la del estilo callejero; con voz rasposa y estridente, bastante útil para imponerse al barullo de la calle; el otro estilo involucraba más su voz natural de tenor, más cercana a lo que conocemos como el góspel. Esa es la voz que prefiero sobre todas en la tradición del blues. Es en esa voz donde más reconozco el carácter de esa música que alguna vez definió Martin Luther King: “aquellos que hacen el blues dan cuenta de las dificultades de la vida, toman las realidades más terribles para hacer nueva música, sólo para brindar nueva esperanza y un sentido de triunfo”

En 1959 se edita el libro The Country Blues de Samuel Charters, donde se recoge el primer ejercicio biográfico sobre Blind Willie Johnson. El libro convierte a Johnson en una leyenda en el mundillo de los músicos de Folk, tanto así que Bob Dylan recrea una canción de Johnson, Jesus Make up my Dying Bed, en su álbum debut , con el título In my Time of Dyin’ (1962).

Ya como héroe de la escena del Folk y la explosión del blues en Inglaterra, se revivieron las historias sobre su muerte. Se tiende a aceptar la versión de que su casa en Beumont, Texas se incendia por completo en una noche de otoño de 1945; sin lugar alguno donde pasar la noche, Johnson y su esposa duermen a la intemperie, cobijados con sólo algunos periódicos. Johnson enferma de pulmonía y muere a los pocos días después de haber sido rechazado del hospital local por ser ciego.
A veces es mejor no conocer todo sobre aquellos personajes que convertimos en modelos o en héroes. ¿A quién le sirve saber cómo murió, cómo amó o cómo vivió Blind Willie Johnson? Su misión era más grande que él mismo; quizá por eso decidió no seguir grabando su música; quizá se dio cuenta muy pronto que es inútil y absurdo buscar ser recordado.

Samuel Charters cuenta que en la búsqueda de las pistas del músico ciego, abordaba a los viejos que vivían en los lugares donde se sospechaba había tocado Blind Willie Johnson. Al preguntarle a los viejos por un ciego con un talento increíble para tocar la guitarra y con voz portentosa, la repuesta más común era: ¿cuál de todos?

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