#PecesSueltos presenta: Body Count

“A Loose-Fish is fair game for anybody who can soonest catch it.” Herman Melville, Moby Dick

Si la música se parece al mar, y lo habitamos todos, hay especies raras, que se ven poco y extraña vez son capturadas. Aquí surcamos las olas para hacerlos más evidentes.

por Albert Weber
@AlberthusWeber

Directo desde South Central Los Angeles, cuna innegable del gangsta rap y semillero de incontables solistas y agrupaciones esenciales para el sonido West Coast, surge en 1992 uno de los proyectos más desafiantes, que combinó las líricas y temáticas del estilo gangsta local con un furioso y veloz Heavy/Thrash Metal. Desde finales de los ochenta se habían visto fenómenos de crossover en el hip hop de la rival Costa Este con punk o hardcore, algo bastante perceptible en bandas underground de Brooklyn como Onyx o Biohazard, pero Body Count generaría este sincretismo único justo en el corazón de la escena rap de Los Angeles, que impactaría para siempre al género y su entendimiento desde el mainstream.

Body Count fue formado por estudiantes de la famosa Preparatoria Crenshaw, cuna de la cultura juvenil afroamericana de Los Angeles. El talentoso guitarrista Ernie Cunnigan (mejor conocido como Ernie C) viene, literalmente, Straight Outta Compton, y fue de los poquísimos estudiantes en mostrar algún interés en el rock, música mayoritariamente consumida por blancos y con poca presencia en el purista ambiente musical afroamericano de ese entonces. Aunque al principio fue visto escépticamente por otros compañeros por tocar rock, muy pronto ganó respeto por su extraordinario talento, principalmente entre varios de los miembros más jóvenes de la pandilla de los Crips, que atendían Crenshaw. En este cenáculo pandillero, además de empaparse de la contracultura gangsta, conoció a Tracy Marrow (desde ese entonces conocido como Ice-T), quien desde los primeros años de su adolescencia había sido cercano a la pandilla por recitar de memoria párrafos completos del chulo escritor Iceberg Slim, pero había cultivado secretamente también un gusto oculto por el rock a través de su primo mayor Earl, con el cual compartía cuarto en la casa de su tía.

Ambos se graduaron, cada quién siguió su camino y pasó toda una década. Ernie C siguió tocando sin parar hasta convertirse en músico de sesión, mientras que Ice-T se volvió uno de los raperos más influyentes de los ochenta, estandarizando el sonido que agrupaciones posteriores como N.W.A., Kid Frost o Cypress Hill retomarían pocos años después para consolidar finalmente el sonido de la costa oeste. Bajo el deseo constante y aún no cumplido de hacer un proyecto de heavy metal, Ernie C y Ice-T decidieron reunir a sus ex compañeros de Crenshaw (D-Roc, Beatmaster V y Mooseman) para colaborar todos en un proyecto musical desafiante, irreverente, que juntara la ferocidad del overdrive guitarroso con una fulminante y honesta mentalidad rapera. Esta idea dio como resultado una fusión musical que hasta ese entonces ni siquiera había sido imaginada.

La proyección de Body Count fue combinar el aplastante doom de Black Sabbath, la sensibilidad punk de Suicidal Tendencies (quienes anteriormente habían sabido ya cómo meterle ese estilo pandillero californiano a los guitarrazos y tamborazos rockeros), y la precisión y brutal velocidad de Slayer, una de las bandas favoritas de ambos fundadores. El resultado fue una avalancha de agresividad sonora y rimas filosas que, en conjunto, se presentaban explosivamente sin parangón alguno.

En efecto, la manera particular con la que Body Count ejecuta su estilo único hace parecer como si ambos géneros estuvieran hechos para ser mezclados. La inconformidad, enojo y crítica social del rap se mezcla en una sola textura con la furiosa velocidad y el agresivo sonido del heavy/thrash para hacer una síntesis perfecta, nunca antes alcanzada así, del inconformismo presente en ambas formas de música contracultural.

La discusión sobre el racismo hacia la comunidad negra en Estados Unidos no puede no estar presente. Es interesante ver cómo, de cierta manera, la existencia misma de Body Count se convierte en un manifiesto. No es sólo la apropiación consciente de artistas afroamericanos de un estilo musical primordialmente entendido como blanco; es también una expresión personal de Ice-T y Ernie C a través de un medio estilístico que no tiene por qué no pertenecerles, y la música, al final del día, es lo que cuenta, y es de quién la hace.

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