#PecesSueltos presenta: Les Rallizes Dénudés

“A Loose-Fish is fair game for anybody who can soonest catch it.” Moby Dick

Si la música se parece al mar, y lo habitamos todos, hay especies raras, que se ven poco y extraña vez son capturadas. Aquí surcamos las olas para hacerlos más evidentes.

 

Les Rellizes Dénudés

Por Benjamín Morales
@tuministro

La pregunta no sobra: ¿cómo sobrevives dos bombas nucleares, una guerra perdida y tu país invadido por fuerzas enemigas? Algunos dirán que nadie puede sobrevivir tales eventualidades, otros dicen que la dignidad no se pierde nunca y que a la destrucción sucede el luminoso camino de la construcción. Pero algunos otros sugieren: olvidas todo y fundas la banda de rock más enigmática de todos lo tiempos.

Los tres caminos que acabamos de describir se vivieron con intensidad en el Japón que despertó tras el discurso de rendición que el emperador Hirohito ofreció el 15 de agosto de 1945, fecha que marcaría dos sucesos históricos: la primera vez que el pueblo japonés escuchaba la voz de su regente y el fin de la Segunda Guerra Mundial. Tres caminos. Tres posibilidades. Tres visiones del mundo.

Y en este contexto nace Les Rallizes Dénudés.

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Esta banda originaria de Japón pone a prueba todas las ideas que podamos tener sobre el Rock. Sombras y misterios que apenas dejan ver una serie de anécdotas incompatibles entre sí, produciendo fascinación, desconcierto y la peculiar sensación de que todo lo que conocemos es tan sólo la punta de un iceberg sin final.

Formados por ahí de 1962 en la Universidad de Kyoto como banda de soporte para los movimientos de teatro avant-garde que nacían en esos años, no es hasta 1967 que se tiene una primera noción de que Les Rallizes Dénudés están tocando.

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Pero, ¿por qué el misterio? Pues muy sencillo. Su trabajo está recogido en una gran lista de grabaciones en vivo no certificadas dado que nunca grabaron nada por cuenta propia, o hay muy pocos ejemplos. Su líder, Takashi Mizutani, se inventó un idioma que nadie puede decifrar. Fueron radicales hasta poner en peligro sus vidas. Sus lazos con grupos comunistas eran bien conocidos, de hecho, su primer bajista, Moriaki Wakabayashi, vive refugiado en Corea del Norte porque secuestró un avión en 1970. Y la lista sigue.

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Su música se extiende por décadas y después desaparece. Mizutani es algo más parecido a un fantasma que a un hombre real. Si uno busca no encuentra más que teorías: que si está muerto o muy enfermo, que si vive en París, que si lo han visto por aquí o por allá, que si vive paranoico esperando su arresto por el incidente del avión. También se postula que está obsesionado con su propio mito y disfruta de alimentarlo siendo elusivo, casi una leyenda. Pero al final todo es teoría. Nadie sabe casi nada de la banda, y esto la ha puesto lentamente entre los cultos del pequeñito mundo de los obsesivos del parlante.

Pero algo no puede entrar en duda: su música es genial. Interminables variaciones, distorsión al máximo, el feedback como religión, el delay como evangelio. Y mucho antes que nacieran los grandes maestros del Rock atascado y ruidoso de Occidente, esta banda llevó hasta su límite la posibilidad de la música en vivo en su tiempo, tal vez hasta la asesinó y nadie supo.

Y también, de una forma retorcida, su propuesta es dulce, casi frágil. Pasan de la brutalidad al susurro con una simpleza arrobadora.

Entonces en esta fábula, tras dos bombas, había tres caminos: perecer, reconstruir o formar la banda más enigmática del Rock. Por suerte estos artistas tomaron la última ruta, y no salió tan mal. Les Rallizes Dénudés son todavía un territorio sin límites y para descubrir. No conocemos algo parecido, a muchos herededos sí, pero con una visión tan pura y una sed tan contundente no. Y, la verdad, nunca nos lo habíamos preguntado: ¿a qué suena la muerte de una ciudad entera? Tal vez a esto.

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