#PecesSueltos presenta: Luca Prodan

“A Loose-Fish is fair game for anybody who can soonest catch it.” Moby Dick

Si la música se parece al mar, y lo habitamos todos, hay especies raras, que se ven poco y extraña vez son capturadas. Aquí surcamos las olas para hacerlos más evidentes.

Luca Prodan: “¡No se qué es lo que quiero, pero lo quiero ya!”

Por Víctor Benítez
@VictorH_Benitez

Conocí la voz de Luca Prodan hace más de 20 años, aún cuando la Internet no conocía las glorias de la inmediatez de estos días y la idea de hacerte de discos inconseguibles, o por lo menos no tan conocidos al gran público, aún representaba cierto orgullo entre preparatorianos que iban entrándole en serio al rock. Fue así como un amigo me hizo escuchar completito el Divididos por la felicidad (1985) de Sumo, banda de la cual Prodan era frontman. Recuerdo bastante bien haber desdeñado el disco por simplón y caduco. En aquellos años, era tan soberbio que no admitía nada que no fuera el jazz o el progresivo; el reggae y sobretodo el punk se me presentaban como odiosamente monótonos e insustanciales. Y para colmo, no podía concebir que a esas alturas del partido una banda latinoamericana presentara todas sus canciones en inglés; no cuando se creía rebasado el complejo de tener que cantar en inglés para legitimarse.

Regresé a la música de Sumo muchos años después. Ya treintón y con la guardia relajada, después de haber comprendido que las afectaciones en los gustos musicales son para pendejos. Pero lo que de verdad me atrajo a esa música fue el personaje de Luca. Un par de documentales en Youtube me revelaron a una de esas personalidades limítrofes que nos fascinan a tantos. En la superficie, el paso de Luca Prodan por el rock se trata de una de tantas historias de efervescencia, autodestrucción y anunciada muerte. Sin embargo, el personaje de Luca trasciende el estereotipo del rockstar atormentado y sociópata. La sensibilidad del creador era, en el caso de Luca, mucho más profunda y fina que la del vulgar ególatra que busca el reflector gratuitamente.

Luca George Prodan nace en Roma, Italia en 1953; de madre escocesa y padre italiano. La familia de Luca fue bastante adinerada y culta así que se empeña en que los hijos tengan la educación de las élites. Luca es enviado al prestigioso colegio escocés Gordonstoun, el mismo donde estudiaban los hijos de la familia real inglesa. Luca describiría muchos años después la experiencia en el colegio como una prisión. En aquellos años, ser un chico italiano en el Reino Unido era una carga demasiado pesada, pues se les percibía como los cobardes que habían perdido la guerra. Faltándole un año para terminar sus estudios, Luca escapa del colegio en 1970 para vagar por toda Europa. Tras una breve temporada en la cárcel por posesión de marihuana en su natal Roma, Luca consigue escabullirse a Londres.
La estancia en Inglaterra fue fundamental para la formación musical de Luca. Allí conoció de primera mano la gestación del punk y la explosión del reggae en la escena londinense. Por aquellos años funda su primera banda, The New Clear Heads y trata de abrirse paso en una industria que de a poco iba cerrando las puertas a expresiones más radicales del punk. A finales de la década de lo setentas, Luca se inicia en el consumo de heroína. La adicción se vuelve mórbida cuando se entera del suicido de una hermanas, también con la heroína involucrada. Fue un amigo del colegio, el argentino de origen escocés, Timmy McKern quien lo rescata de una muerte segura, al invitarlo a pasar una temporada en Córdoba, Argentina, donde era imposible hacerse de un solo gramo de heroína.

Al cabo de poco tiempo de su estadía en Córdoba, Luca da forma al primer Sumo con músicos a penas en formación. Y eso justo necesitaba Luca para plantarse frente a una escena que estaba obsesionada con las excentricidades del progresivo y el jazz fusión. Para Luca, las letras insulsas de Luis Alberto Spinetta o los coqueteos de Charly García con el pop eran ejercicios detestables. Aquellos, capitanes de la escena rockera argentina de ese entonces, representaban todo lo que estaba mal con el Rock y que lo divorciaba del origen subversivo y desmadroso de sus primeros años. El punk y el reggae devolvían al género su naturaleza simple, austera y sin afectaciones burguesas. La monotonía y lo descarnado de la música y sus letras no eran accidentes, sino esencia.

Sumo graba su primer material de forma independiente en 1983. Corpiños en la noche se distribuía en cassette en las tocadas de la banda. En los inicios se percibe a un Luca cantando con furia y montándose en los escenarios como si desafiara a todo lo que tenía en frente. Cuentan los allegados que Luca se arrojaba al fuego con tanta rabia en parte porque estaba partido a la mitad por la abstinencia de heroína y en otra parte porque era en ese ejercicio creativo donde encontraba el asidero a esta vida. Una vez recuperado de la abstinencia de heroína, comienza a beber como si no hubiera mañana.

La banda consiguió inmediata notoriedad en el underground argentino. Su ascenso tiene doble mérito en tanto que al final de la dictadura, después de la pesadilla de las Malvinas, el general Galtieri y sus esbirros buscan prohibir cualquier expresión en inglés. En 1986 lanzan Divididos por la felicidad bajo el sello discográfico CBS. Ya con distribución nacional, la banda toma por asalto al rock argentino y empieza a hacer historia. De pronto esos géneros que parecían tan lejanos, consiguen por sí mismos abarrotar cualquier auditorio. En 1986 la banda lanza Llegando los monos, y con el sencillo Los viejos vianagres consiguen internacionalizar a la banda.

Para el lanzamiento del último disco de Sumo, After Chabon (1987), la salud de Luca pendía de un hilo. Su alcoholismo era ya un camino sin retorno. El 20 de diciembre da su último concierto en Buenos Aires y muere de un ataque al corazón dos días después. La causa de su muerte se atribuyó a un ataque al corazón detonado por una hemorragia derivada de una cirrosis hepática. Hay quien describe After Chabon como un trabajo bastante errático por la naturaleza improvisatoria de la lírica de Prodan. A mi juicio, es en este trabajo cuando llegan las letras más bellas de Luca. Se percibe incluso cierto melancólico reposo en la voz e ideas de Luca en varios momentos de este último disco, como si de alguna forma el mismo Luca anunciase que no quedaba más para él en el mundillo del rock.

A casi tres décadas de su muerte, cuesta trabajo pensar en Luca extendiendo su vida más allá de los ochenta. Como un Hendrix, a Luca le bastaron pocos años bajo los reflectores para hacer historia en la cultura popular. Tras su muerte, el personaje de Luca se fue mitificando en Argentina y Europa. En México, los discos de Sumo llegaron un poco más tarde, y son referentes imperdibles del género para los iniciados. La historia de Luca Prodan, sin embargo, ha pasado bastante desapercibida. Sirva esta entrega de Peces Sueltos para traerlo un poco a la memoria de aquellos que hemos empezado a envejecer y acercarlo a los recién llegados. ¡Salud, pelado!

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