#PecesSueltos presenta: Lucille Bogan

“A Loose-Fish is fair game for anybody who can soonest catch it.” Herman Melville, Moby Dick

Si la música se parece al mar, y lo habitamos todos, hay especies raras, que se ven poco y extraña vez son capturadas. Aquí surcamos las olas para hacerlos más evidentes.

Lucille Bogan

por Ana Martínez de Buen
@Anamdb

La mayoría de las personas desean darle un significado a su nombre más allá de sí mismos, que se borre el sujeto y nazca el ícono. Esta historia no llega a tanto, pero es digna y divertida de contarse, pues habla de una muchacha que se hizo de tres nombres para hacerse de tres vidas.

Lucille Anderson nació en Mississippi en algún momento de los 1800 tardíos. Creció en Bringham, Alabama, donde conoció a Nazareth Lee Bogan, un rielero de la zona con quien habría de casarse en 1914 y, más tarde, dar a luz a su hijo, Nazareth Jr, por ahí de 1915 o 1916. No hay que dejarse engañar por estos nombres cristianos -tan usados en esos tiempos para continuar la evangelización de las comunidades sureñas afroamericanas-, Lucille sí viviría rodeada de ángeles, pero de aquellos caídos y fuera de la moral. Se divorció de Bogan pero mantuvo su apellido como propio, incluso al volver a casarse, esta vez con James Spencer, quien era 22 años más joven que ella.

Comenzó su carrera profesional grabando canciones de tipo vaudeville para la disquera Okeh Records en Nueva York en 1923. Más tarde, en el mismo año, grabó Pawn Shop Blues en Atlanta, Georgia. Esta era la primera vez que un artista negro de blues era grabado fuera de Nueva York o Chicago.

Para los años 30 ya era conocida en varios estados y su nombre resonaba con fuerza en la escena de bares underground. Su pianista de confianza fue Walter Roland, un gran músico que sabía perfectamente cómo hacer relucir los mejores tintes de la voz de Lucille. Juntos grabaron más de cien canciones en menos de dos años, hasta que el 1935, Bogan dejó de grabar por completo.

Pero ese fin solamente significó el nacimiento de Bessie Jackson, su nuevo personaje, quien se presentaba a sí misma de una forma aún más irreverente. Si las canciones de Bogan ya hacían referencia a antros malamuerteros y chistes de doble sentido, las composiciones de Jackson llevaban esas temáticas al siguiente nivel, sin miedo a hacer referencias explícitas sobre temas tabú, como la prostitución, siempre con un tono pícaro y seductor. Una de sus canciones más controversiales fue “B.D. Woman’s Blues”, en la que B.D., es abreviatura para Bull Dikes, lo cual toma mayor sentido si vemos algunos versos de la canción que dicen “dentro de un tiempo, las mujeres no van a necesitar a ningún hombre” o “Ellas tienen la cabeza como un dulce ángel y caminan como un hombre natural” y “Pueden usar su jerga como un hombre natural”.

Su voz, su gran personalidad en el escenario y su talento para escribir decenas de canciones le ganaron el respeto de grandes músicos, pues sus composiciones, en lugar de ingeniarse una imitación barata de los temas como era usual, eran tan originales que otros artistas de blues tuvieron que darle el crédito merecido.

Una mujer negra hablando de sexo y placer en la primera mitad del siglo XX suena más a un listado de puntos en la periferia que a la descripción de una artista. Por eso es tan interesante escucharla. Bueno, por eso y porque sus canciones son hermosamente explícitas y llenas de estilo para decir cosas como “tengo pezones en las tetas, tan grandes como las yemas de mis pulgares, tengo algo entre las piernas que haría que un muerto se viniera”.

Murió en 1949 en Los Ángeles, California. No llegó a escuchar el lanzamiento de su último sencillo, I’m Leaving Town”, que, pensándolo bien, es un excelente título para partir de verdad.

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