#PecesSueltos presenta: Naked City

“A Loose-Fish is fair game for anybody who can soonest catch it.” Herman Melville, Moby Dick

Si la música se parece al mar, y lo habitamos todos, hay especies raras, que se ven poco y extraña vez son capturadas. Aquí surcamos las olas para hacerlos más evidentes.

Naked City
¡Vete a la mierda, esnob del Jazz!

por Víctor Benítez
@VictorH_Benitez

El Avant Garde ha tenido una historia complicada desde que entró a las categorías de la crítica musical. Es fácil y tentador arrojar a ese cajón cualquier expresión que se aleje del mundano 4/4 o de los cánones de la música académica. Algunos de los pocos escuchas de esa música pueden (auto) complacerse en saberse miembros de un club selecto de connoisseurs, eternamente refractarios y petulantes. El tufillo de pretensión que rodea al Avant Garde ha estado allí desde el inicio y nunca podrá desprenderse de él. Para encanto de los freaks que amamos esa extraña música, llega en 1989 llega una bofetada estridente a esta escena: Naked City. La banda más pop que haya pisado los terrenos del Avant Garde.

Naked City es para la entrega a #PecesSueltos en realidad una ruta de entrada a una obra extensa, intrincada e inagotable: la música de John Zorn. El saxofonista, compositor y empresario judío, nace en Nueva York en 1953. Inicia en los 70 en el mundo de la composición de música contemporánea publicando discos en la disquera local Parachute. En 1984 lanza el Big Gundown con piezas de Ennio Morricone arregladas para su ensamble contemporáneo. El disco obtiene inmediatamente cierta notoriedad en los mundillos del Jazz y la música contemporánea. En 1987, llega Spillane, en el que colabora el Kronos Quartet en la pieza que da el título al disco. Ambos trabajos le granjean a Zorn fogueo internacional y un boleto de entrada al mainstream del Jazz y la música culta en Estados Unidos con un contrato de grabación con Nonesuch Records. De aquí se desprende el proyecto Naked City que durante unos cinco años habría de conseguirle a Zorn la exposición que nunca ha recobrado con algún otro proyecto.

Naked City tuvo una formación de altísimo octanaje de inicio a fin: John Zorn en el saxofón alto; Bill Frisell en la guitarra; Fred Frith en el bajo; el maestro Wayne Horvitz en los teclados , y Joey Baron en percusiónes. Yamantaka Eye y Mike Patton contribuyeron en la sección vocal intermitentemente durante el tiempo activo de la banda. El primer disco presenta el estilo de collage desenfadado que mantuvo en todos sus discos. Los saltos de géneros van del Punk, Metal, Noise, Country, Hardcore y cualquier otra categoría absurda que se venga a la mente. Las versiones paródicas de algunos géneros más tirados al pop recuerdan las extravagancias zappianas, pero a diferencia del maestro Frank Zappa, Naked City no trata con desprecio esa vena popular. Las dislocaciones e irrupciones se suceden violentamente, desesperan, son extenuantes a pesar de la brevedad de las rolas, pero con todo aquello, es imposible iniciar el álbum y detenerlo. Es simplemente demasiado entretenido y divertido; o como lo pusieron alguna vez en alguna crítica perdida por ahí: el Avant-Garde nunca había sido tan accesible.

Las amplias audiencias y el prestigio que vinieron después del primer disco de Naked City le dieron a John Zorn la palanca para querer imponer a Nonesuch Records una línea estética mucho más violenta en las imágenes que acompañarían los discos subsecuentes. La disquera se niega a darle esas libertades a Zorn y la relación termina amargamente. A partir del Torture Garden (1990) Zorn da la espalda a las disqueras del mainstream al publicar el álbum desde Shimmy Records y luego, el sello propio, Tzadik Records. Las miniaturas enloquecidas que conforman el Torture Garden son decididamente más crueles. Se percibe una respuesta tajante a la recepción que tuvo aquél primer disco de la banda; es como si Naked City se resistiera al esnobismo que rodea al Avant Garde y a sus pequeños arribistas. Incluso en el mejor de los ánimos, mientras uno escucha el disco y éste parece aterrizar en un desarrollo melódico más amable, cuando uno piensa: “¡coño, por fin un solo!”, la canción se desvanece y llega el siguiente esperpento a gritarte: “!Vete a la mierda, esnob del Jazz!”

Entre 1992 y 1993 Naked City publica Long Tch’e, pieza metalera de unos 30 minutos; Radio, el primer álbum con composiciones enteramente firmadas por Zorn y que regresa al ejercicio de collage del primer álbum; Grand Guignol y Absinthe, éstos últimos serán los trabajos más intelectualizados de la banda y que por momentos llevan a un terreno más seguro a los escuchas habituales del género. La banda inserta en sus composiciones citas y homenajes de compositores de música académica como Messiaen, Ives o Scriabin. El Absinthe, última colaboración de la banda, está hermosamente dedicado a interpretaciones sonoras de algunos temas y referentes de la vanguardia francesa del XIX.

Entrarle al trabajo del maestro John Zorn puede parecer intimidante si se inicia por el perfil público. La lista de discos es inmensa y los vínculos a músicos y géneros son igualmente sinuosos. El propio maestro comenta sobre su trabajo: “Algunas veces aterriza en el ámbito de lo clásico, algunas veces en el Jazz o el Rock; algunas veces nunca aterriza: sólo está flotando en el limbo. Pero no importa dónde aterrice, siempre será un engendro (freak). No pertenece a ningún lado. Es algo único, es algo diferente; es algo que salió de mi corazón. No está conectado con esas tradiciones.” John Zorn podrá ser desdeñado por el gran público de la música popular: no, no es una música para todos. Pueden bastar 10 segundos para deshacerse para siempre de esta música; sin embargo, para aquellos freaks que necesitan de otros engendros para vivir, John Zorn es necesario e imperdible.

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