#PecesSueltos presenta Roky Erickson

A Loose-Fish is fair game for anybody who can soonest catch it.” Herman Melville, Moby Dick

Si la música se parece al mar, y lo habitamos todos, hay especies raras, que se ven poco y extraña vez son capturadas. Aquí surcamos las olas para hacerlos más evidentes.

Roky Erickson

por Albert Weber
@AlberthusWeber

Para C., quien jamás leerá esto…

Roky Erickson fue un excéntrico compositor y guitarrista estadounidense, nacido en el estado de Texas, en la igualmente excéntrica ciudad de Austin (Keep Austin Weird!). Es recordado hoy en día por haber fundado, junto con Tommy Hall, a los 13th Floor Elevators, y es reconocido como uno de los indiscutibles pioneros de la inserción de la psicodelia en el rock.

Su carrera es un claro ejemplo de música dirigida para y hecha por outsiders. Desde una temprana edad Roky no pudo hallarse cómodamente en el mundo. Teniendo antecedentes biológicos en su familia de trastornos mentales y desórdenes de personalidad, nunca fue el chico más cool, ni el más popular, ni el más tradicionalmente divertido. La preparatoria fue un calabozo institucional el cual abandonó una semana antes de graduarse sencillamente para no tener que cortarse el pelo y cumplir con el absurdo y estricto código de vestimenta. A Roky sólo le interesaba una cosa, la música, y no le importó un carajo vender su alma por ella.

 

Con 18 años recién cumplidos, Roky fundó junto con Tommy Hall a los 13th Floor Elevators, con quienes podría componer y escribir sus irremediables “locuras” libremente, sin que ningún maestro o pazguato director texano limitara su consciente creatividad. Muy pronto la banda se hizo de un nombre, y su inusual y ácida manera de improvisar llamó la atención en la ya de por sí activa escena de Austin. Se dice incluso que la banda estuvo jammeando intensamente con Janis Joplin, justo antes de que el gurú de la contracultura californiana, Chet Helms, convenciera a la Perla de mudarse a San Francisco y tocar con Big Brother and The Holding Company.

A Roky no pudo importarle menos perder a su efímera vocalista, y menos de un año después los elevadores sacaron su álbum debut The Psychedelic Sounds of The 13th Floor Elevators, su único disco decentemente vendido, y considerado hasta el día de hoy como el catalizador del cual surgió inmediatamente el garage rock, y aún más importante, el primer disco en la historia de la humanidad en autodenominarse psicodélico como tal (aunque hoy en día sabemos que bandas más obscuras, como The Deep o los Electric Prunes ya habían utilizado antes el término en entrevistas o bien en los coloridos booklets de sus LPs). En efecto, la banda fue uno de los principales difusores culturales del uso de la marihuana, el LSD, la mezcalina y el DMT a finales de los sesenta, por lo que diferentes agencias del gobierno mantuvieron un rudo panóptico institucional en la escena rockera de Austin, al ser Texas un estado fuertemente conservador.

Pero el pronto ascenso de una banda llena de talento y hambre se vería interrumpido calamitosamente. Podría pensarse en el azar, la mala suerte, o una que otra neurona mal acomodada, pero sabiendo la mística que Roky Erickson despierta en sus seguidores, sabemos que era sencillamente su destino, el de la expresión irracional y el egocentrismo dirigido. Su maldición –entendida así únicamente en un sentido económico del burdo y vacío “éxito” que nuestra falsa sociedad reclama— fue haber nacido bajo el signo del loco, el eterno outsider desde el principio de los tiempos.

En el festival de HemisFair, en 1968, Roky tuvo un ataque esquizofrénico justo a la mitad del set de los elevadores. Olvidó las letras, empezó a derivar en discursos sin sentido, y perdió fuertemente la noción del ritmo y el lugar. A los días fue diagnosticado con paranoia esquizofrénica, internado en un hospital psiquiátrico en Houston, y torturado involuntariamente con terapia electroconvulsiva (electroshock para nosotros los mortales). Esta “terapia” continuó por años, y aunado al acoso policiaco ejercido por las autoridades texanas, la carrera de los elevadores se vio arruinada apenas estaba despegando.

Tuvo que esperar hasta 1974 para ser liberado, y poder regresar a expresarse a través de la música. Habiendo formado ahora otras bandas, como los Aliens o los Explosives, Roky volvió a encontrar su rumbo, ahora más personal, diseñando una exquisita mezcla de blues rock con la versión más pesada de garage posible. Algo particular de las letras de Roky siempre fue su notable obsesión con temáticas de horror, pues cómicas representaciones de Lucifer, hombres lobo o zombies son muy comunes en su lírica de solista. Éstas salen siempre con un tono jocoso y bastante lúdico, y tal como Les Claypool o Frank Zappa (maaaeeestros!), Erickson supo apreciar también el carácter cuasi-surreal, pueril, y ligeramente carnavalesco del Halloween. Su valoración del horror como un medio alegre y vital de expresión antecede incluso al concepto del “cine de culto”. Esto se ve en canciones como “Stand for the Fire Demon”, “I Walked with a Zombie”, o “The Night of the Vampire“.

Sin embargo, su siempre presente desequilibrio mental impidió que encontrara ritmo de trabajo, por lo que sus tours (de por sí ya cortos) y sus periodos de grabación de estudio se vieron siempre interrumpidos a la larga. Roky vivía en su mundo de monstruos de serie B, regido aún por Lucifer y las inminentes catástrofes zombies, y como expresaría confundido Emil Sinclair alguna vez en el Demian, su psique estaba volteada enteramente hacia ese otro mundo, el obscuro, el que le pertenece a lo rechazados, a los hijos de Caín, a los marcados por Abraxas. Este mundo supuestamente luminoso, lleno de contratos unilaterales, disqueras consumidas por la industria cultural y valores inminentemente contaminados y decadentes, no fue capaz de detenerlo, no realmente, y de que publicara alrededor de una veintena de discos por su cuenta, de que se haya convertido en un artista de culto tan grande que se ha ganado un estatus ya folclórico.

Pero el final de la historia resulta feliz. Roky fue invitado en 2005 a presentarse como un headliner del Austin City Limits Music Festival, con una reunión de los Explosives y acompañado de Billy Gibbons de ZZ Top. Después de más de 20 años de no tocar en vivo, resultó ser el artista más calurosamente recibido, y el evento sirvió para reconocerlo finalmente como un auténtico héroe cultural de Austin. Hoy en día Roky sigue tocando, siempre que puede, y su legado es justamente reconocido por músicos, críticos y fanáticos que, como él, siempre han vivido más en otro mundo que en éste.

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