#PecesSueltos presenta: The Durutti Column

“A Loose-Fish is fair game for anybody who can soonest catch it.” Moby Dick

Si la música se parece al mar, y lo habitamos todos, hay especies raras, que se ven poco y extraña vez son capturadas. Aquí surcamos las olas para hacerlos más evidentes.

The Durutti Column

Por Gabriela Astorga
@Gastorgap

Un músico virtuoso es más encantador si además está loco. Una mente dañada siempre aporta cierta consistencia anecdótica al talento. A veces demasiada. Este es el caso de Vini Reilly. El guitarrista originario de Manchester hizo su aparición en el mundo de la música en la segunda alineación de The Nosebleeders, alma mater de Morrissey y Billy Duffy, y de ahí pasó al extraño anonimato del artista de culto.

El paso al altar de los extraños lo dio al aceptar la invitación de Tony Wilson para formar parte de la primera banda firmada por la ahora legendaria Factory Records: The Durutti Column. En enero de 1978, se unieron a Vini Reilly, el baterista Chris Joyce, el guitarrista Dave Rowbotham, el bajista Tony Bowers, y el vocalista Phil Rainford. Todos provenientes de otras bandas, todos con la intención de fundar otra cosa en la escena británica de la época.

El nombre de la banda surgió, aparentemente, de un activista que portaba una camiseta del anarquista y héroe de la Guerra Civil Española, Buenaventura Durruti. Sin embargo, el mismo Reilly apunta que también sacaron el nombre de una tira cómica francesa sobre dos vaqueros de la Internacional Situacionista, titulada “Le Retour De La Colonne Durutti”. Al final el nombre fue lo de menos, a pocos meses del origen de la banda empezó lo que sería una de sus características principales: el cambio de integrantes. El vocalista salió y fue sustituido por el actor Colin Sharp.

TDC2

Ya con esta alineación grabaron para A Factory Sample, recopilatorio que funcionó como carta de presentación del sello, y que incluyó también canciones de Joy Division, John Dowie y Cabaret Voltaire. A mitad de la grabación, empezó la desbandada a causa de un conflicto por el productor elegido, y porque a Vini, guitarrista autodidacta y formado en el jazz, no le cuadraba el sonido de la banda. Tony Wilson lo detuvo y le aseguró que él era The Durutti Column. Como una profecía, antes de la grabación del primer disco, el resto de los integrantes abandonó la banda.

Con músicos de sesión, The Return of Durutti Column vio la luz. Y, siguiendo sus orígenes de la Internacional Situacionista, salió envuelto en papel lija para arruinar cualquier disco que estuviera a su alrededor en las tiendas. Aclamado por la crítica, el primer material de la banda marcó en muchos sentidos la línea de Factory Records, y cumplió con el cometido de Vini: no sonar punk.

Un año después saldría LC, siglas de Lotta Continua (lucha continua). Además de ser calificado como el gran álbum de la banda, este disco marcó la entrada de Bruce Mitchell, único compañero permanente de Vini, y quien ha fungido incluso como su manager. La presencia de Mitchell es una de las pocas constantes en The Durutti Column, y quien le ha dado un toque de equilibrio: sin educación musical formal, y proveniente de una banda “cómica” (Alberto y Lost Trios Paranoias), fue el contrapeso perfecto a las experimentaciones de Reilly con la música de cámara y el jazz. El disco incluye la canción “The Missing Boy“, dedicada a Ian Curtis, quien acababa de suicidarse.

A estos dos discos fundacionales siguió una veintena de materiales, con casi igual número de miembros que rotaron por la banda. Destacan Another Setting (1982), Without Mercy (1984), el concierto grabado en vivo Domo Arigato (1985), The Guitar and Other Machines (1987) y Vini Reilly  (1990).

Aunque la banda sigue en activo -de hecho ha publicado un disco cada dos años, el más reciente en 2014 bajo el nombre de Chronicle XL-, The Durutti Column no pierde el título de banda de culto. Si bien Vini es reconocido como un guitarrista virtuoso, su nombre siempre surge en las historias de músicos mucho más reconocidos en el ojo público: que si Reilly le pagó un par de libras a un empobrecido Ian Curtis para que forrara de lija el The Return on The Durutti Column; que si mandó al cuerno a los Happy Mondays por su sonido horrible; que si al él le pertenecen los clásicos acordes de “Suedehead“; que si Brian Eno declaró que LC es su disco favorito de la historia… O bien lo relacionan en historias truculentas de la escena musical como la de Colin Sharp, antiguo vocalista de la banda, asesinado con un hacha en su propia casa, las violentas muertes de los involucrados en Factory Records, etcétera.

Así, pareciera que Vini se hallara en el centro de un violento huracán. Todo sucede a su alrededor, la fama, el éxito, la historia, mientras él se resguarda en un mínimo espacio en que predomina la música. Y sólo la música, pues el poco reconocimiento obtenido lo aturde casi hasta la enfermedad, lo obsesiona el sonido auténtico, verdadero, y eso también lo vulnera. Es conocida su adicción a las drogas, que lo llevó a perder casi todo su dinero, y que le ha causado tres derrames cerebrales. En 2013, un sobrino suyo publicó en Facebook que Vini ya no podía mantenerse a sí mismo, y pedía a los fans que le donaran dinero; en menos de un día, los fanáticos reunieron más de 3000 libras, y la recaudación paró después de que el músico publicó que esa cantidad era suficiente para quitarle un peso de encima.

Vini Reilly es, entonces, un músico. Uno de tantos que cayó en las drogas y en la ruina. No tan histriónico como Morrisey, ni tan trágico como Ian Curtis, no lo suficientemente destructivo, no lo suficientemente violento. Sólo un loco, obsesionado con el sonido que, en palabras de Bruce Mitchell, “si estuviera bien, no tendría la música.”

Si quieren conocer más historias de la época, échenle un ojo a la película 24 hour party people, de Michael Winterbottom sobre la vida de Tony Wilson y Factory Records.

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