#PecesSueltos presenta: The Sonics

“A Loose-Fish is fair game for anybody who can soonest catch it.” Moby Dick

Si la música se parece al mar, y lo habitamos todos, hay especies raras, que se ven poco y extraña vez son capturadas. Aquí surcamos las olas para hacerlos más evidentes.

The Sonics

Por Iván Cruz Osorio
@IvanCruzOsorio

El sonido rufián, las guitarras con riffs estridentes, la batería ensordecedora, las voces aullantes, son la quintaesencia del rock and roll. El sonido y las voces de Howlin’ Wolf, Muddy Waters, Screamin’ Jay Hawkins, Chuck Berry, Little Richard, Odetta y Etta James, empezaron a moldear el espíritu feroz del rock. En los años 60, una nueva generación revitalizó este sonido áspero e intratable, bandas como The Kinks y The Who ofrecieron un sonido crudo a una audiencia que se empezaba a acostumbrar al exceso de melodías suaves y armonías amelcochadas de grupos estilo The Everly Brothers. Junto a estas dos bandas inglesas encontramos a los furiosos y posesos The Sonics, surgidos en Tacoma, Washington, en 1960, con la figura del guitarrista Larry Parypa, su hermano, Andy, en el bajo, Tony Mabin en el saxofón y el baterista Mitch Jaber. Con esta alineación tocaban de manera instrumental en el garage de los Parypa y en pequeños bares.

No es sino hasta 1964, cuando encuentran al salvaje vocalista Gerry Roslie y deciden echar por la borda la idea instrumental de la banda. Como un redentor, como el mesías de Satán que toda banda espera para volar las cabezas de sus escuchas, los hermanos Parypa enamorados de la voz luciferina de Roslie, deciden amoldar su estilo a su modo vocal sucio y crudísimo, para esto hacen cambios en los miembros que conforman la banda, y dejan la alineación de The Sonics con Bob Bennett en la batería, Rob Lind en el saxofón, Andy Parypa en el bajo, Larry Parypa en la guitarra y Gerry Roslie en el piano y la voz.

El cambio musical es total, la guitarra salvaje, en constante aullido, el bajo y la batería sincronizados como en una fábrica de metales, y la voz bronca Roslie, crearon un estilo único a mediados de los años 60, con la limitante de que carecían de apoyo comercial y sus momentos más épicos no se daban en los estudios de grabación, sino en sus presentaciones en vivo, con audiencias enloquecidas, posesas por un torrente musical de rebeldía inenarrables. El primer sencillo que grabaron fue “The Witch”, una sugerente rola sobre los poderes sobrenaturales de una nueva chica sexosa en la ciudad.

Empiezan a grabar canciones que evocan, en su época, lo censurado, lo prohibido: la sexualidad, el alcoholismo, la drogadicción, las enfermedades mentales, la pesadilla americana, en canciones como “Boss Hoss”, “Dirty Robber”, “Psycho” y “Strychnine”. Estas canciones conformarían su primer disco: Here are The Sonics!!! (1965), doce tracks, grabados por Kearney Barton, en donde se incluyen rabiosos covers de rolas clásicas: “Good Golly Miss Molly”, “Money”, y la demencial “Have Love, Will Travel” de Richard Berry y que The Sonics llevó con su interpretación como estandarte de su estética.

Este primer disco marca un estilo propio, un sello único que no variaría, desde las técnicas de grabación que, por desición propia, son absolutamente austeras, al grado de grabar en sólo dos pistas, un canal para el vocalista y el otro para el resto de los instrumentos o incluso un sólo canal para la batería y el otro para la voz y el resto de los instrumentos. Lo cual era visto como primitivo por músicos de la talla de Phil Spector, Brian Wilson y Paul McCartney, quienes estaban ávidos de que las consolas tuvieran más canales para la grabación de todos los instrumentos por separado. The Sonics captaron la atención de bandas como The Beach Boys que los incluyeron en sus giras como teloneros. Su segundo disco Boom (1966), pierde en frescura, denota un interés por ser más comerciales, sin lograrlo, la búsqueda los lleva a querer parecerse a su alter ego inglés The Kinks en canciones como “He´s Waitin”, pero es en vano. El gran público devorador de hits no los considera, se vuelven cada vez más un grupo de pequeños lugares, bares, de preferencia, lo que no paga las cuentas.

En un desesperado intento por producir un hit, contratan a Lary Levine, quien les graba Introducing the Sonics (1967), que si bien gana en una grabación de mayor calidad, pierde en cuanto a la esencia raspa de la banda.

Tras este fallido intento no habrá otro en esta década para The Sonics. Roslie deja la banda, y el resto, imposibilitado para seguir adelante sin él, entierran a la banda. Pero su rebelión no sería sepultada, en los años 70, bandas como Dr. Feelgood, Ramones y Blondie asimilarían su sonido. Las bandas de garage de los años 80 y 90 los tomarían como sus antecesores, Kurt Cobain reconocería su sonido como una de sus influencias, así como Bruce Springsteen y, más recientemente, The White Stripes. Con este apoyo y reconocimiento de músicos y bandas reconocidas, The Sonics se reunieron en 2007 para tocar en vivo para el festival de rock de garage Cavestomp, con un éxito inusitado. De tal forma, en 2015, sale a la venta This Is The Sonics, grabado por Jim Diamond. El disco es arisco, intratable, rock puro y sin concesiones, y de una actualidad pasmosa. Los enchamucados miembros de la tercera edad, redefinen la juventud en el rock en cada interpretación, de pronto son más frescos y lozanos que un montonal de bandas adolescentes. Escucharlos implica adentrarse en un viaje intenso por las raíces más primitivas y recias del rock.

This Is The Sonics es un disco de despedida perfecto para una banda sediciosa, raspa, que no ha perdido un ápice de dignidad y coherencia.

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