Popurrí de Noticias Falsas. Breve Historia de la manipulación mediática estadounidense (Parte 1)

por Christian Nader
@ExoSapiens

Tradicionalmente el gobierno estadounidense ha detonado o se ha involucrado en conflictos a partir de notas, culebrones trágicos y leyendas negras maquinadas, manipuladas y repetidas incesantemente por los grandes medios de comunicación vinculados a las altas esferas gubernamentales, los cuales acaban convenciendo al público que las “realidades” tramadas en los cuarteles, embajadas y oficinas de gobierno y difundidas en los noticiarios o en las primeras planas de los diarios, son un reflejo de lo que ocurre más allá de sus fronteras. Los montajes mediáticos no son una novedad contemporánea ya que estos han existido desde el siglo antepasado. Paralelamente al afianzamiento de Estados Unidos como una potencia global en el tránsito del siglo XIX al XX, el poder de los medios de comunicación fue aumentando exponencialmente, al mismo tiempo que sus relaciones con el gobierno estadounidense se iban haciendo más estrechas. El amarillismo (Yellow Journalism) se originó en una época de auge y expansionismo estadounidense, y muy pronto el gobierno de dicho país se percató de su potencial como herramienta propagandística para golpear a sus antagonistas o para lavar la imagen de una nación que ha estado involucrada en guerras durante 224 de los 241 años de años de su joven historia. De hecho, Estados Unidos, al igual que muchos otros estados-nación modernos, fue construido con base en mitos y mentiras incuestionables que incansablemente son defendidas y reestructuradas por los medios sensacionalistas y clientelares del gobierno estadounidense. Actualmente, debido al predominio de los medios electrónicos, y particularmente al surgimiento de las redes sociales, resulta casi imposible verificar, rastrear y, si fuese el caso, desmentir todas las notas y artículos que han creado una realidad alternativa exclusiva para los países industrializados en la que sus gobiernos son presentados como defensores de una periferia miserable, violenta y atrasada que debe ser socorrida por las potencias hegemónicas, con lo que automáticamente se legitiman las ambiciones imperialistas de sus gobiernos, que en esencia han fabricado un aura de santidad para ocultar sus incontables crímenes contra el resto del mundo.

Actualmente existe una campaña en el país del norte que busca combatir las “Noticias Falsas” en las redes. Debemos aclarar que dichas fuentes noticiosas y medios independientes no son exactamente “falsos” o “deshonestos”, todo lo contrario, son los que ponen en duda, desmitifican o contradicen las auténticas falsedades y ambigüedades en los distintos discursos oficiales o mainstream que por décadas han creado una atmósfera turbia con respecto a la política exterior de las distintas administraciones estadounidenses que han desinformado y moldeado la opinión del público y linchado a sus detractores. Esta es una breve historia sobre las desastrosas consecuencias para el planeta producidas por las alianzas entre los poderes oficiales y fácticos en Estados Unidos, grupos que irónicamente ahora están divididos en su lucha por el poder en el mismo epicentro del imperio.

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Después de la trágica pérdida e independencia de Texas (1836), y hasta mediados de la década de los cuarenta del siglo XIX, el gobierno estadounidense encabezado por el presidente James K. Polk intentó ampliar aún más el territorio estadounidense hacia el sur y el oeste buscando apropiarse de Nuevo México y la Alta California. Los periódicos de la época ponían en sus titulares frases que llamaban al público a apoyar a su gobierno en una nueva ofensiva en su contienda militar contra México. Estas notas aseguraban que el ejército mexicano constantemente agredía a las fuerzas estadounidenses. Nunca se reveló que las tropas de expedicionarios a menudo se internaban en territorio extranjero buscando ser atacadas por el ejército mexicano para así detonar más enfrentamientos entre ambos países, sin embargo, los mexicanos no mordieron el anzuelo. Esto no impidió que el gobierno apoyado por los diarios, y ante el clamor del pueblo estadounidense, se apropiara del territorio mexicano, que según los medios de aquella época se encontraba despoblado y dispuesto a ser “civilizado” al recibir colonos, filibusteros y cazadores de fortunas estadounidenses. A la postre Estados Unidos le arrebató a México más de la mitad de su territorio; a partir de ese momento Estados Unidos abarcaría toda la amplitud continental norteamericana, desde el Atlántico hasta el Pacífico. Aquí comenzó el matrimonio entre el gobierno y la prensa de Estados Unidos, que desde la primera mitad del siglo XIX ha fungido como el brazo propagandístico del imperialismo washingtoniano promoviendo el “Destino Manifiesto” no sólo para dominar el continente americano sino el mundo entero.

A finales del siglo XIX, el 15 de febrero de 1898. el acorazado USS Maine se hundió en La Habana tras una poderosa explosión que mató a 261 marineros estadounidenses. Este suceso, que detonó la guerra hispanoestadounidense, fue otro evento manejado tendenciosamente por la prensa amarillista de la época para provocar un gran enfrentamiento entre España, un imperio decrépito, y Estados Unidos, una naciente potencia de orden global. Hasta la fecha se desconoce si los hechos fueron un accidente o una operación de Bandera Falsa fraguada por Washington. La tragedia fue presentada por los diarios como una agresión española contra Estados Unidos que acabó declarando la guerra y derrotando a España, suplantando al viejo poder europeo como fuerza de ocupación en una Cuba que apenas se había liberado de cuatro siglos del yugo colonial español.

El hundimiento en aguas irlandesas del transatlántico británico RMS Lusitania en el que murieron unos 1,200 pasajeros civiles tanto británicos como estadounidenses en mayo de 1915 aceleró la entrada de Estados Unidos a la “Gran Guerra”. El público y los diarios en ambos lados del Atlántico exigieron que su gobierno le declarara la guerra a Alemania que había asesinado impunemente a civiles. Los medios nunca mencionaron que la embarcación transportaba unas seis millones de municiones estadounidenses que iban con rumbo a Inglaterra, que posteriormente las utilizaría en su guerra contra Alemania en la Europa Continental y que la ruta seguida por el buque era una de las más asediadas por submarinos alemanes; en pocas palabras, la mancuerna angloparlante deseaba fervientemente que el navío fuese hundido por los u-boats alemanes. Sus súplicas fueron respondidas y en abril de 1917, después de dos años de un frenético proceso de producción armamentista, Estados Unidos le declaró la guerra al Kaiserreich alemán.

 on War Fatalities in Hawaii

34 años más tarde, el 7 de diciembre de 1941, la base estadounidense de Pearl Harbor en Hawái fue atacada por la fuerza aérea de la Armada Imperial Japonesa. Meses atrás el gobierno estadounidense esperaba con ansias un ataque que serviría para la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. El 7 de octubre de 1940, 14 meses antes del ataque, el alto mando de la armada estadounidense en el Pacífico ideó un plan que buscaría provocar un ataque japonés que serviría para insertar a Estados Unidos en la guerra. Sumado a esto, en octubre del 41 Estados Unidos logró interceptar y descifrar códigos que revelaban la fecha y el lugar exacto del ataque. Un mes más tarde, el Secretario de Estado declaró al NYT que se conocían los datos precisos del ataque, convenientemente la información fue publicada (sesgada y censurada) un día después del ataque japonés en el que murieron 2,400 marinos y militares estadounidenses.

Con el fin de la Segunda Guerra Mundial se inauguró un periodo de cuatro décadas y media de tensión entre Estados Unidos y la Unión Soviética. El mundo esperaba con temor que ambas superpotencias se enfrentaran en un tercer gran conflicto a escala mundial. La llamada Guerra Fría sirvió para que los servicios secretos occidentales, en alianza con los medios de comunicación euroestadounidenses, pusieran en marcha su poderosa máquina propagandística enfocada no sólo en combatir ideológicamente a los países del bloque socialista, sino también en perseguir, demonizar y marginar a cualquier ciudadano de los países occidentales sospechoso de ser partidario del comunismo. El macartismo sirvió no sólo para difamar a los detractores y opositores internos del imperialismo estadounidense, sino para moldear la visión del pueblo estadounidense, el cual se encuentra constantemente en estado de shock ante la posibilidad de ser atacado por enemigos reales y ficticios, y qué mejor manera para protegerse, que dando el primer golpe en guerras “justas” o “preventivas”.

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El 2 y 4 de agosto de 1964 ocurrieron dos hechos que forman parte de la operación de Bandera Falsa más emblemática de la historia moderna, cuyo objetivo fue involucrar de lleno al ejército estadounidense en la guerra contra la República Popular de Vietnam. El 31 de julio el destructor USS Maddox se adentró en aguas territoriales norvietnamitas en el Golfo de Tonkín, buscando ser atacado por las fuerzas vietnamitas, a pesar de las constantes provocaciones, nunca lograron su cometido, ni siquiera cuando la embarcación estadounidense atacó a las patrullas de Vietnam del Norte. Dos días después, ocurrió un segundo incidente cuando la misma tripulación del Maddox supuestamente interpretó interferencias en el radar y en el sonar de la nave como presencia de embarcaciones enemigas. Todos estos “incidentes” fueron planeados dos meses antes por la administración del presidente Lyndon B. Johnson y por altos mandos militares estadounidenses para ampliar las operaciones bélicas, para ganar el apoyo de la sociedad estadounidense y legitimar la guerra total contra las fuerzas norvietnamitas.

Nuevamente la estratagema de mentiras dio resultado, los estadounidenses no abandonarían el Sudeste Asiático hasta 1975. Tras la liberación de Saigón, y después veinte años de ocupación y genocidio por parte de las tropas invasoras, éstas abandonaron derrotadas el territorio vietnamita. La gran humillación vivida por el ejército estadounidense fue proporcional a las duras críticas por haber cometido incontables atrocidades contra los pueblos de Vietnam, Camboya y Laos que ni siquiera los medios pudieron silenciar. Esto llevó a Washington a replantarse sus estrategias de guerra convencional y apostaron por recurrir periódicamente a guerras subsidiarias o “proxy” en las que se utilizan a mercenarios o milicia estadounidense encubierta. En primer lugar, porque la guerra contra el Viet Cong demostró que la potencia del armamento y el número de soldados desplegados no era efectivo en contra de un contingente guerrillero, además, el pueblo estadounidense acabó por tornarse en contra de su propio gobierno por su guerra en un país aparentemente menos desarrollado como Vietnam. El gobierno estadounidense decidió recurrir a una forma de intervencionismo más “sutil” y práctico para las guerras que se avecinaban.
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SIGUE A PARTE 2

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