¿Por qué fue un error estratégico la foto con Peña?

Por Mariana Favela
@favulas

En el marco del día nacional de lucha contra la homofobia, Enrique Peña Nieto acompañado de algunas organizaciones civiles anunció un paquete de iniciativas enfocadas a evitar la discriminación por razones de orientación sexual e identidad de género. Iniciativas que contemplan por ejemplo la posibilidad de modificar el género en los documentos oficiales de identidad y el derecho de personas del mismo sexo a contraer matrimonio. No había terminado la reunión cuando Facebook y Twiter ya se habían pintado de arcoíris pero las críticas tampoco se hicieron esperar.

Los entusiastas de las iniciativas, entre ellxs algunxs ferrexs opositores de Peña, argumentaron que se trató de una fecha histórica cuyo mérito recae exclusivamente en la sociedad organizada que ha pugnado por esos derechos durante décadas. En eso tienen razón. Haber puesto esos temas sobre la mesa ha sido un logro de la sociedad. Pero después de tantos años de que el gobierno se ha opuesto a estas medidas la pregunta de fuego es, ¿por qué ahora?

A Peña le urgía una foto para quedar bien con la ONU y de paso con la bola de quejosxs que provocan lo que él considera mal humor nacional y no una de las peores crisis humanitarias de la historia, una que por cierto, ha cobrado más muertes que las guerras en Afganisthan e Irak. Ayotzinapa y Tlatlaya descubrieron no sólo el nivel de imbricación entre el crimen organizado y las fuerzas del Estado, sino la absoluta reticencia del gobierno a colaborar y a atender las recomendaciones del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) que surgió del acuerdo entre la Comisión Interamericana de Derechos Humanos -que depende de la ONU-, las familias de los 43 estudiantes desaparecidos y el Estado mexicano. Contrario a lo que hubiéramos esperado, la ONU no sólo no solapó al gobierno en las campañas de desprestigio contra integrantes del GIEI sino que salió en su defensa y lo llamó a seguir las recomendaciones.

La historia de ayer no es nueva. Buena parte de las modificaciones que han significado un triunfo en materia de derechos humanos han sido resultado de una enorme presión social (punto para los defensores de la reunión), y no de las iniciativas del gobierno. Buena parte de esas modificaciones, además, se han dado como último recurso de los gobiernos para ganar un mínimo de legitimidad en medio de crisis que los tienen en jaque (punto para los detractores). O bien, cuando esas “concesiones” no significan una modificación de las condiciones estructurales que generan la discriminación. Es más, un breve repaso de historia feminista mostraría que de hecho esas “concesiones” muchas veces suelen ocultar procesos de rearticulación de las estructuras de explotación. Capitalismo, patriarcado o todas las anteriores. Por ejemplo cuando el reclamo por el derecho de las mujeres a trabajar fue reducido (por organizaciones como la ONU y el Banco Mundial) a el derecho de las mujeres a sumarse al sistema de explotación. ¡Yuju! ¡Ganamos! ¿Eso quiere decir que deberíamos oponernos a exigir el derecho a trabajar? No. Quiere decir que los retos son más complejos de lo que parecen y que omitir esa complejidad puede resultar contraproducente. No todo es cuestión de buena voluntad.

#SinHomofobia

Advierto. En este caso no creo que se trate de estrategias contrapuestas entre institucionales y antiinstitucionales. Sabemos que hay quienes se consideran feministas y están dispuestas a dar su batalla desde las estructuras del Estado o de las organizaciones civiles. Esa no es la discusión. Sabemos que hay quienes consideramos que pugnar por el matrimonio, de fondo, implica defender una de las principales instituciones que sostienen al patriarcado y una forma de normalización de las sexualidades disidentes. Por ahora, esa tampoco es la discusión.

La pregunta es otra. ¿Acaso el Estado feminicida no está usando al arcoíris para tapar las redes de tráfico y de explotación sexual? ¿ Acaso el Estado feminicida no está usando al arcoíris para tapar las desapariciones forzadas? ¿Cómo nos plantamos frente a eso? ¿Estamos dispuestas a colaborar? ¿Quienes asistieron a la reunión de ayer no creen que en esa sala estaban quienes administran el horror, los responsables de las redes de explotación infantil y de pederastia?

Honestamente dudo que Peña gane legitimidad en los sectores críticos por colgarse del arcoíris. No pasará de uno que otro tuit ingenuo y de que probablemente logre quedar bien con la ONU. El problema es otro y es una cuestión de estrategia por dos razones. Una, porque quienes se tomaron la foto pueden argumentar desde una perspectiva pragmática pero no feminista. Ayer no le tocaron un pelo al patriarcado, lo peinaron a la moda. Le ayudaron a tapar las marcas de feminicidio, pederastia, explotación sexual y desapariciones forzadas. Le mostraron un feminismo incapaz de ver su propia fuerza, porque esas modificaciones ya estaban ganadas. Por su organización y persistencia, cierto. No por mera concesión de la ONU. Y justo por eso, la foto sobraba.

La segunda. Porque al no reconocer el tamaño de su propia fuerza la hicieron pequeña al sentarse con los criminales. La hicieron pequeña a los ojos del poder pero no de otras organizaciones ni de otras feministas quienes desde nuestras diferencias nos respetamos. De ahí la rabia. De ahí el enojo de muchas. Esa foto en este momento, en este contexto de guerra, divide. ¿Creen de verdad como feministas que son que se puede avanzar algo en materia de derechos cada quién por su lado? ¿Creen de verdad como feministas que son que no tenemos más opción que movernos en el calendario y en los tiempos del poder? ¿Que hemos de resignarnos a que ellos decidan cuándo colgarse el mérito de nuestros logros? Sabemos que no. Ustedes saben que no. Podrán argumentar que las estrategias no son excluyentes. Que sentarse con Peña no es legitimarlo. Pausa. El peor error en medio de un régimen criminal es menospreciarlo. Sigue. Supongamos que es cierto que no obtuvo legitimidad, el otro resultado está ahí. Feministas enfurecidas no ya con el gobierno sino con otras feministas. ¿Por qué? No por ser unas institucionales o liberales y otras autónomas o libertarias. No. Enojadas porque si en algo coincidimos es en lo que menos suele conocerse sobre el feminismo. Y es que el feminismo es una posición ética, una lucha por la justicia, por la vida y por la libertad de todas las personas. No sólo de algunas y no sólo a veces. Porque coincidimos en que es al mirar con todas que debemos nacernos un horizonte de posibilidades.

SinHomofobia

Cuando las decisiones en nombre de la sociedad organizada fracturan, es momento de escuchar. Cuando nos decimos feministas es para mirar con y para todas. Para mirarnos en dónde y con quiénes estamos. Para decidir con quiénes y hacia dónde caminamos. La foto con Peña fue un error estratégico no sólo por regalarle una legitimidad que no tenía sino porque puede dividirnos. El modo de evitarlo será discutir. Rascar hasta lo último. Reconocer los errores y también las fuerzas. Reconocer que no es siempre en los tiempos del poder que cosechamos nuestros triunfos o corremos el riesgo de debilitarlos. Pero sobre todo que en esta nueva ola de reivindicación el feminismo puede ayudar a dinamitar las estructuras que sostienen la guerra o ser usado para alimentarla. En nosotras y no en el calendario del poder, está esa decisión.

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