Postal 102. Manikomyo

por Erika Arroyo
@WooWooRancher

Los vidrios semi empañados de un gimnasio dejan entrever algunos rostros jadeantes que escurren entre rutinas de cardio y ejercicios de calentamiento. La suela plástica de los tenis es imperceptible sobre la alfombra sobre la que caen calorías y sueños.

El sonido imparable de las bicicletas se fusiona con el de las escaladoras de uso rudo en una oda al esfuerzo físico dirigida por un instructor ensimismado que da la espalda al grupo de aprendices del fitness. El grito de guerra en este campo de batalla recubierto de espejos y publicidad de anabólicos disfrazada de suplementos alimenticios es una invitación a inhalar, exhalar, con fuerza, mucha más fuerza, y no importa qué tanto te esfuerces, tu gurú jamás te escuchará.

Cuerpos de exuberantes proporciones intercambian impresiones de manera gestual, bíceps hinchados reciben respuesta de brillantes pectorales bañados en sudor y deseos de ser objeto de miradas. A su alrededor, el círculo de apreciación muscular da fe y legalidad a estas dos esculturas vivientes.

En los aparatos vemos cómo se inflan pantorrillas, glúteos y espaldas como la levadura de una masa para pan bajo los efectos de la fermentación. El volumen corporal hace de las suyas en el ánimo de la gente inflando sus egos.

Con aceites corporales y ungüentos con olores mentolados se acarician lesiones y se vendan tobillos, codos, muñecas, hombros, inseguridades. Es imposible andar por un manicomio como el gimnasio sin admirar la piel que recubre el cuerpo.

Playeras sin mangas, mallas brillantes de colores chillantes, pants bombachos donde podrían ocultarse personas, tops que cumplen la función de contener la carne y las ganas de salir corriendo después de 1,500 sentadillas.

En esa cajita de ratón con vista panorámica a banquetas y grupos de mirones, los olores y sudores son un asunto ritual en la convivencia, se dice que debes mostrar total admiración por quien llueve en cada abdominal o deja una estela a humanidad en cada levantamiento de pesas.

Mujeres y hombres con pesas en los dedos meñiques, consumiendo bebidas energizantes para recobrar el aliento, disimulando el dolor muscular y repitiéndose en cada intento un “sí se puede”.

 

Track 12 Body Beat Feat. Horseman / Hollie Cook

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