Postal 104. Masticar, masticar, moler, moler

por Erika Arroyo
@WooWooRancher

POSTAL 104-1

El vapor de la válvula de la olla exprés brota como una pequeña fumarola, el aroma de las verduras en cocción gracias al efecto milagroso de la presión, se libera de a poco y crece gradualmente conforme su silbido penetra en cada rincón de la casa.

100 gramos de mantequilla
1 kilo de tomates
1 cebolla
3 ajos picados

-No te comas las uñas, decía la abuela, quitarle la cáscara a un ajo, seca y tan dura que es casi punzocortante, es mucho más complicado si de tus dedos no sale al menos una línea blanca, accidentada por la naturaleza de su crecimiento y no por la voluntad de tus dientes.

1 cucharada de sal
1 taza de caldo de pollo

-Alguien se comió el queso que compraste ayer. Repito: alguien se comió el queso que compraste ayer.

“El horrible queso”, como dijo Reyna, era un queso importado del monte no-se-qué. Eso dijo el maestro quesero mientras se comía los restos de miles de quesos que guardaba celosamente bajo la uña del dedo meñique. Quien sea que se lo haya comido, esperamos que no lo haya utilizado para gratinar nachos. ¿Todo sería más sencillo si ese queso horrible no hubiese sido traído desde tan lejos? ¿Si no hay queso estamos condenados a recalentar el insípido estofado de hace tres días? ¿Cualquier intento por conseguir ese queso nos llevaría al también horrible supermercado?

La carne chiclosa debe activar el doble de músculos mandibulares, seguro tu cara es como un escáner por el que se ve el movimiento de cada uno. Masticar, masticar, moler, moler, somos un molcajete.

-¿Qué pasa si le falta sabor a la comida?
-Le pones un poco de sal.
-¿Y si está muy salado?
-Buscas la pimienta.
-¿El limón funciona? La pimienta en exceso puede arruinar todo.
-Tus ideas también.

Son misteriosas las cocinas, espacios tan claros de día y tan lúgubres de noche. Me gusta cómo entra la luz de la mañana hacia la tarja, parece una señal divina o un recordatorio de que dejé algún traste sin lavar. Platicar en ella es, yo creo, tan íntimo como hacerlo bajo las cobijas. El cochambre en la sartén, los botecitos con aceite quemado, el papel estrasa que absorbió toda la grasa de la que crees haber salvado a tu sistema circulatorio, todo el conjunto, no lo ven todos. No cualquiera entra al corazón de la cocina, donde has llorado delante de un bistec encebollado o te has envenenado con cuadritos de caldo de pollo completamente falso.

Si las conquistas amorosas más efectivas se fraguan entre hornos y cacerolas, el hambre nos tiene muy tomada la medida, camaradas. Pónganse a dieta y pondrán a prueba sus emociones.

Los tragos de agua son como pequeñas pausas que le ponemos al sabor. No lo dejemos avanzar fuera de nuestras manos.

Una vez que el arrebato culinario ha hecho feliz a su corazón, coma una menta, cubra el rastro en su paladar, sólo así estará listo para degustar algo más. En una de esas, llega al postre.

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