Postal 109. El paraíso del mar

por Erika Arroyo
@_earroyo

Las olas se golpean entre ellas salpicando el aire con pequeños espectáculos acuáticos, llegan a la orilla de Playa Agua Blanca impregnando de una espuma suave y hermosa la alfombra de arena que viste la orilla. A las 12 del día, el viento danza entre las palmeras y los sombreros de las señoras que se toman fotos en las rocas.

Entre las palapas, algunas hamacas se mecen ligeramente, sosteniendo cuerpos sudorosos y enrojecidos por la sobre exposición al sol; una mujer abraza como a un oso de peluche una bocina de la que emerge con ciertas dificultades técnicas una melodía de Napoleón. Murmura con una sonrisa brillante como un coral:

eres mi timón, mi vela, mi barca, mi mar, mi remo,
eres agua fresca donde se calma la sed que siento,
eres el abrazo donde se acuna mi sentimiento

Su canto, dulce y discreto, nos acompaña esta noche de #Postales a caminar en un micro paraíso de la costa oaxaqueña, nos sentamos junto a ella y acariciamos la brisa.

Un niño juega con un avispero y cuenta sobre la última vez que fue picado en la cara. No tiene miedo y para demostrarlo llama a sus hermanos para que lo respalden en voz alta, se distraen con un coco y luego se corretean entre sí. El más pequeño, balbuceante e inquieto, comienza a trepar por una palmera. Cae y llora. Su madre, hasta ahora ausente en la escena, corre a levantarlo alejándolo de las miradas curiosas.

Succionamos el agua de un coco para refrescarnos y se los compartimos a ustedes, no olviden pasarlo a su compañero de junto.

Una flotilla de pelícanos pesca dejándonos tan boquiabiertos que hemos derramado un pedazo de pescadilla. Tequila, una perrita simpática que aguardó pacientemente algún accidente como el que acaba de suceder, ingiere el diminuto festín y se sacude la arena del lomo. Se sienta cerca de la mesa, sabe que podrá aprovecharse de alguna otra sorpresa.

-¡Mamá, otra cerveza!

Azael, un niño tímido de unos 11 años, registra la orden en su memoria y pasa la comanda a gritos por la puerta de la choza azul, ahí se cocinan los manjares con los que entretendremos nuestros hambrientos estómagos por un rato. Mientras espera, cuida a su hermana pequeña, una bebé que se escurre por uno de los extremos de la carreola.

La vista es privilegiada bajo la palapa “El paraíso del mar”. Niños jugando futbol, salvavidas que hacen las veces de pescadores mientras la marea se calma, ancianos reutilizando bañadores de otros siglos, niños aprendiendo a resistir el oleaje… Pero por ningún lugar vemos el carrito de los helados que buena falta nos hace.

La tarde cae en Playa Agua Blanca, las banderas amarillas han sido cambiadas por rojas alertándonos de los peligros marítimos. El cielo es una superficie plástica donde un pintor ha combinado mágicamente pasteles de colores, el mar arroja piedras y conchas, y algunos cocos de otras islas.

 

Comments

comments