Postal 112. Tiempo libre

por Erika Arroyo
@_earroyo

Póstnik Yákovlev“, repite una anciana a su sordo acompañante en un repaso permanente que resulta efectivo para turistas menos sordos aunque quizá más despistados, o algunos más alejados del guía, un hombre de voz fuerte, cuya estatura baja le impide llegar a los oídos de una muchedumbre en su mayoría, de viajeros chinos, norteamericanos, japoneses y franceses.

Juan se ha informado muy bien en guías y películas, Moscú, hacia principios de febrero es aún muy frío. Lo es más con la distancia del hogar y aquel descuido que le hizo perder los guantes.

La cámara desechable, a diferencia de las sofisticadas lentes de varios de los otros visitantes, tiene el encanto del aficionado que ya desearían aquellos profesionales que retratan a sus familias detrás de un monstruo con el que podrías espiar astronautas en la luna. A Juan le gustan los accidentes, ha aprendido a encariñarse con sus tomas abstractas de pies que en realidad buscaban palomas picando migajas entre adoquines.

La catedral de San Basilio es probablemente, el punto más concurrido esta tarde. Es impresionante lo colorida y ortodoxa que es, dos universos colisionando de forma insospechada.

“Cómase una sopa borsch“, dando santo y seña de cómo llegar al lugar, el guía, con un español cortado, indica a Juan dónde ahorrar un poco a cambio de buen sabor. En una hora volverán a verse en el punto de encuentro, para Juan ese camino es una odisea.

право (prava) dijo aquel hombre al que preguntó en la esquina y Juan dio vuelta a la izquierda. слева (slieva) se parece a eslava y eso suena mejor.

Perdido, el tiempo de libre es más libre. Juan tenía 4 horas para conocer mediana o diminutamente un pedazo de Rusia. El congreso de informáticos reanuda actividades tras una breve jornada de suspensión de actividades. Muy convenientes.

Ya son más de las 9pm y Juan sigue caminando sin rumbo fijo, el deseo de un caldito de pollo ha sido el subtítulo más frecuente en su trayecto.

Comments

comments