Postal 121. Derecha, remate

por Erika Arroyo
@_earroyo

La sombra dura proyectada por el sol del mediodía sobre la cancha eleva el brazo al cielo extendiendo la raqueta hacia las nubes para golpear con una fuerza insospechada desde el extremo de la línea de servicio, la pelota de fieltro amarrillento. Cinco milisengundos tardará el objeto de goma en chocar con el encordado para llegar al corazón del terreno contrincante y volver a la superficie que la lanzó inicialmente.

Samuel Groth logró un saque en 2012 a una velocidad de 263 km/h, destronando al croata Ivo Karlovic, que un año antes había logrado un servicio de 251 km/h. El rebote entre raquetas anuncia el inicio de un diálogo o de una discusión amplificada por el eco del lugar que acompañaremos girando el cuello de un lado hacia el otro, justo como viaja la pelota.

Esto es Postales.

El abdomen se contrae, los pies se plantan con fuerza trazando imaginariamente una diagonal, el cuerpo se desplaza levemente hacia un costado acercando el brazo que buscará como un imán lo haría con el metal, atraer la pelota para asegurar al menos un revés.

No hay inmovilidad en este juego, incluso si se aparenta espera. El jugador es una mole en potencia que teje su propia red de trayectos posibles.

Derecha, remate. El hombro es la llave que hace eficaz esta mecánica, apoyado por tobillos, rodillas, cintura, el cuerpo es una máquina que articula estrategias contra vientos y complicaciones climáticas.

Pericles ha sido arrojado moribundo a la costa griega y es descubierto por un grupo de pescadores que le ve cara de pelota en esa gran cancha de tenis donde juegan, mientras suplica que se compadezcan.

Se dice que el tenis es superficial y burgués, no obstante, posee un encanto que atrae obsesivos y meditabundos por igual. A diferencia de otros deportes en equipo, este es muy probablemente, uno de los más solitarios.

Ahí, sobre una superficie sintética de un verde pastoso se juegan las agonías más hipnóticas y extenuantes.

Con la fuerza de un huracán, dos mundos, cada uno en un extremo, entran en contacto mediante bolas imparables que se transforman en giros efectistas, golpes efectivos, y sueños que son mariposas y poemas rompiéndose entre derrotas y victorias.

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