Postal 28. Sopa existencial

Por Erika Arroyo
@WooWooRancher

Una albóndiga monumental yace junto a unos kasnulden a medio partir, el tenedor y el cuchillo descansan en una pausa originada por una conversación sobre las maravillas culinarias que aguardan en la mesa del buffet.

-Me dijeron que el pescado es delicioso aquí… Creo que ya no quiero esto.
-No llevas ni la mitad del plato.
-Mira eso, se ve muy bien.

El aroma proveniente del tazón de un comensal que pasa junto a la mesa hace de esa especie de sopa un anzuelo para pescar glotones adeptos.

Con una seña discreta la botella de vino besa el cristal de la copa que está a punto de ser llenada. El chorro cae creando un intermedio sonoro antes de retomar la charla. Esto se siente cada vez más como estar en casa.

Es casi imposible no pensar en una copa más. En otra. Echando el cuerpo hacia el respaldo para extender las piernas, la silla truena como si saludara esa comodidad.

-Deberíamos comprar dos de blanco y una de tinto, y llevárnoslas al hotel.

En este punto de la tarde las palabras son arrastradas con dificultad hacia fuera de la boca como bultos pesados a punto de ser lanzados por un precipicio.

Monton- New
[audio:http://nofm-radio.com/podcast/4. New- Monton.mp3]

Las cálidas luces del lugar se encienden para darle la bienvenida a la noche. Los rostros pálidos de algunos comensales se iluminan como si fuesen fogatas que se avivan en cada trago.

Carcajadas etílicas son emanadas como vaho por el lugar, acompañan a los más sobrios y persiguen a los que sienten culpa por el pasillo que conduce al baño, los esperan en la puerta y les observan lavarse las manos mientras los otros, los ebrios-, emiten onomatopeyas desnudando su comodidad y zambulléndose en alguna sopa existencial.

Los austriacos llaman gemütlichkeit a sentirse cómodo, nosotros sólo decimos “aquí se flota”.

La cabeza se siente más ligera, por ella se desplazan ideas que se perciben como revelaciones. Probablemente, la razón por la que los borrachos no pueden expresarse con claridad radica en que están muy asombrados.

La gente se transforma dramáticamente como quien ha volteado su suéter al revés. Con sus ojos brillantes, sus mejillas enrojecidas, sus cabellos despeinados y sus muecas torcidas van mostrando sus costuras e instrucciones de lavado. Estados inconvenientes que son como el fuego actuando en una vela. Puro derretimiento emocional.

Una tarde entera para luego intentar parar. Esto ahora se parece a una sala de cine cuya proyección ha concluido, las luces blancas se encienden para mostrar el lugar desde el cual se participó en el espectáculo. Una silla de madera insignificante a la que ahora le falta una pata y algunos pasajes en blanco que no se podrán relatar después.

Postal28v

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