Postal 34. En el bazar de las especias

Por Erika Arroyo
@WooWooRancher

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En el bazar de las especias, un montoncito de azafrán palpita y crece ofreciendo un paisaje orográfico rojizo, visible entre el curry y el garam masala. El olor a orégano, a menta y a frutas secas abre camino entre los pasillos del mercado, dibujando surcos para sembrar frescura y picor en las narices de quienes deambulan en él.

María Lucía se pasa el pañuelo por las sienes, presiona un poco su frente y nuca. Javier está sencillamente resignado a interpretar el papel de regadera de sudor sentado en una banca del Parque Gülhane.

Cada verano, Estambul es una olla de vapor en la que se cuecen habitantes y turistas -sobre todo los segundos- que para después del medio día se han puesto tan rojos como jitomates de un İşkembe.

Un vendedor callejero de barba prominente, sin decir una sola palabra, ofrece a Javier un vaso de salgam. Lo bebe como quien llega a un manantial después de andar por el desierto. Le escurre el líquido por el cuello manchando su camisa blanca.

Sin una gota más, Javier pide otro vaso, el hombre extiende la mano. Javier lee el gesto como una exigencia de pago por lo que ha bebido primero y se ofende. Niega con la cabeza intentando devolver el vaso. Un hombre corpulento se para junto al turista como esperando algo, un trago quizá, o saldar alguna cuenta. Es difícil descifrar con precisión cuando se está tan confundido. María saca de su bolsa un morralito con liras y comienza a contar. Nadie ha dicho el precio probablemente porque nadie ha preguntado.

Intercambio de miradas desconfiadas entre joyería y artesanías. Uno lanza un monto, el otro regatea, el tiempo entre lo que dicen uno y otro se acorta, pronto las voces se empalman y se mezclan. Un grano de arena en la playa de un debate sobre precios.

En un póster, un piloto bigotón de patillas hasta el ombligo, sonríe junto a dos aeromosas de cabello rubio y cejas oscuras. A sus pies, un mensaje en inglés da la bienvenida a Turquía. Javier da la vuelta a la hoja del periódico. La foto de un miembro de los lobos grises abre una nota. El platillo ordenado ha llegado a la mesa interrumpiendo la lectura. Al bajar el impreso para comenzar a comer, Javier observa a María Lucía intentando colocarse en la muñeca el brazalete por el que pagó una cantidad ridícula en el mercado.

En la sobremesa, ella consulta con él las palabras que le van dando vida a las oraciones de la postal que enviará a su madre. Él asiente con cierta indiferencia, ella escribe en tinta azul sobre la superficie blanca.

Querida mamá:

Mañana salimos para Barcelona y desde luego trataremos de ver al oculista, ya mandamos pedir la cita. Del resultado de esta consulta depende nuestro regreso a México. De Barcelona te escribo con detalles.

Besos y saludos.

María Luis y Javier

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