Postal 53. Jardín acuático

Por Erika Arroyo
@WooWooRancher

Como un adiós a manera de bienvenida vemos morir cosas que se convertirán en otras.

Escribí una postal desde los últimos momentos del 2015, ustedes son los primeros destinatarios y muy probablemente los únicos. No hay fotos, ni dibujos a lápiz, sólo impresiones, pedacitos de ese recuerdo que decidí compartir en esta primera postal del 2016, vehículos para transportarlos hacia ese lugar al que fui, sus texturas, temperaturas, olores… Un rinconcito de la Laguna de los Siete Colores, donde un azul muy profundo inquieta a la vez que tranquiliza, donde lo extinto se transforma en posibilidad.

El agua está muy quieta, los kayaks y lanchas han elegido otras áreas donde te puedes untar lodo milenario en la cara o en el alma. Conforme te acercas a este lugar, las risas de los niños y las carcajadas de los turistas que se voltean al remar van quedando atrás. Las libélulas fosforescentes danzan entre carrizos y nidos abandonados de pájaros, la puerta siempre abierta de un cementerio con vida.

There Are Birds in the Echo Chamber / Shye Ben Tzur, Jonny Greenwood & The Rajasthan Express

[audio:http://nofm-radio.com/podcast/There_Are_Birds_in_the_Echo_Chamber.mp3]

El viento golpeando algunas ramas se escucha como el eco de un llanto al mediodía. Los rayos del sol atravesando el agua de una tonalidad oscura ofrecen un espectáculo prerrafaelista. Si te dejas arrastrar por la corriente eres por un instante, Ofelia.

Dicen que al fondo hay un asilo de ancianos abandonado. No he podido constatarlo pero me gusta creer que alguien haya pensado en ese sitio como un refugio para el retiro. Una palapa con mobiliario abandonado es lo único que se ve. Un par de mariposas enormes se persiguen, almas inquietas.

Sedimentos y ramas aparentemente petrificadas se agitan a nuestro paso. El solo hecho de pensar en sumergirme me asusta, no quiero despertar a lo que quiera que sea que esté ahí acechando.

El agua está fría o soy yo la que tiene frío. Mis pies tocan una alfombra de plantas muy espigadas, bajo para acariciarlas con las manos, cierro los ojos y me concentro en las conversaciones submarinas. Se dice poco pero suena hermoso.

Nos preparamos para partir, acordamos hacerlo lo más silenciosamente posible. Tomo apuntes mentales y de regreso al campamento organizo el álbum como un rompecabezas, me encanta que falten piezas. Nada de lo que he dicho hasta ahora es suficiente para describirlo con precisión, de ese jardín acuático traje esta postal, espero que la hayan disfrutado.

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