Postal 58. Ese suave rumor de la ciudad recobrando el aliento

Por Erika Arroyo
@WooWooRancher

Debajo de un toldo que anuncia a Charlie Parker, una fila pequeña de obreros ha encontrado refugio para el almuerzo. Perfectamente envueltos en servilletas de tela, suculentos sándwiches de pastrami y sardina asoman aromatizando la acera. Entre el pregonar del cansado vendedor de periódicos y el rumor de la lluvia, dedos resecos y toscos rotan el reverso de un folleto, dibujan y re dibujan un esquema de negocio a la Capone que les procure trajes nuevos, sin remaches y billeteras gordas. Un señor corre tras su sombrero en sentido opuesto a la circulación vehicular, se le voló mientras pagaba su taxi.

Esta noche de viento y lluvia, una postal enviada a Peter Salomon en 1948 nos traslada a Nueva York. Bienvenidos a Postales.

Un auto descapotable recorre la Quinta Avenida a baja velocidad, despierta a su paso una avasalladora sinfonía de claxons de apoyo. “Queremos a Truman” dice una pancarta que transporta. En los televisores de un almacén cercano el Pájaro loco está a punto de saltar por un trampolín.

“Carnes finas importadas de todo el mundo” reza un letrero en una tienda. Un perro lanudo abandona una pelea por una bolsa de papel para dirigirse hacia el paraíso carnívoro. Con dos trozos en el hocico es echado a escobazos.

En la barra de una cafetería, un hombre imita el sonsonete de la guitarra de Lee Hooker. Una mujer de voz cascada le pide que se calle. La mesera llena las tazas de café. El dueño sube gradualmente el volumen a la radio, un locutor jadeante presenta “I Can’t Be Satisfied” y le advierte a la audiencia que eso que está a punto de escuchar está haciendo volar oídos. El hombre del inicio comienza a chasquear los dedos. La mujer tose. El acetato de Muddy Waters comienza a sonar.

Desde Tennessee ha llegado otro hitazo de Francis Craig que acompaña tanto los tijerazos del peluquero como los tragos de algunos bares.

Una mujer duplicada anuncia en traje de baño la próxima función especial de The 3 Godfathers, John Wayne y Pedro Armendáriz meciendo bebés en el oeste.

Una madre observa a sus hijos jugar mientras tiende la ropa. Resquicios del sol se cuelan entre sábanas y camisas, a través del agujero de un calcetín se aprecia un anuncio gigante de refresco de cola. La pelota se estrella contra una ventana. Los niños huyen. Los faros comienzan a encenderse y a lo lejos se percibe ese suave rumor de la ciudad recobrando el aliento.

Músicos con estuches gigantes salen de una camioneta. Desfilan hacia el Downbeat, donde sujetos de sombrero y gabardina lanzan fumarolas en la entrada. Uno de ellos abre la cortina cediendo el paso a una pareja que acaba de llegar. La pista está llena de pirinolas y trompos sonrientes girando sin cesar.

Y así, con ese repertorio mental de olores, sonidos y sensaciones nos alejamos de la casa de los Yankees, aquella que unas semanas después de este recorrido se despediría de su máxima estrella: Babe Ruth. Esto fue Postales, transmitiendo desde el 2 de agosto de 1948.

Postal58

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