Postal 64. La almohada es un abismo

Por Erika Arroyo
@WooWooRancher

La funda se ha humedecido tanto como un paño en una vaporera. Un cuello largo recubierto de cabellos que se han pegado como algas al cuerpo de un bañista, conduce cual pasillo de entrada a una casa, hacia un agitado pecho. Los huesos se asoman entre respiraciones irregulares y la delgada ropa de cama que se ha desplomado con el transcurrir de la noche.

Después de las 2am la almohada es un abismo.

Las plantas de los pies están perfectamente apoyadas. El tapete de la habitación se ha convertido en el asfalto de un callejón. Al fondo se ha encendido de manera inesperada el alumbrado público.

El camino es imperceptible, nada de vidrios, piedras o algún objeto con el cual tropezar, sin embargo, el trayecto a pie siempre resulta de lo más perturbador. Como cada vez, sólo hay oscuridad. Al inicio le acompañan voces que se enciman con otras como los ladrillos de una pared.

Una mano áspera le alcanza cada noche, la toma como si fuese su hija y con autoridad anónima la lleva hasta el mismo portón.

Alrededor solo se aprecian rejas azotadas por el viento.

Los engranajes de una maquinaria comienzan a trabajar, el silencio que les rodea las hace monstruosas. La ausencia de personas inquieta a tal grado que le da miedo pensar que esas fauces metálicas la tragarán y nadie podrá evitarlo.

Postal64

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