Postal 65. Bosques de papel y máquinas de escribir

Por Erika Arroyo
@WooWooRancher

No sé qué tantas posibilidades habrá de encontrar correspondencia de la misma persona pero he tenido la fortuna de leer las cartas de Ana más de una vez.

Esta mujer que escribe sobre sí misma en tercera persona desde algún rincón de la Ciudad de México a máquina de escribir con tinta azul mantiene al tanto de los pormenores de la cotidianidad a su hija que vive en Alemania. En esta ocasión seré yo quien les comparta desde la cabina, en un rinconcito de la Narvarte, esta carta del 16 de junio de 1965.

“Mi queroda [sic] Gil: La temperatura comienza a refrescar desde este día, en el que yo creo se han instalado las lluvias, pues cayó agua a torrentes por toda la Ciudad. Lo siento por las gentes que se viven en la calle de paseo o de merienda en los cafetines. Más vale que llueva porque el agua en la Ciudad comenzaba a escasear. Aquí en casa solo teníamos agua hasta medio día y después sino [sic] se cuidaba la que estaba almacenada en los tinacos, entonces a tomar jarras desde el zaguán.”

“Ayer estuvo Andrés a visitarme y me contó que su tía Carmen, la mujer de José, había llegado a la Ciudad; como yo no le hiciera mucho caso con la noticia, al rato me volvió a insistir. Ignoro con qué objeto me haya remachado la noticia; pero yo le dije que no me interesaba mucho saberlo, pues ellos jamás se habían preocupado por nosotros y habíamos vivido olvidados de todos ellos, de ahí que no tuviera yo interés en conocer su llegada.”

¿Alguien sabe si existe algún manual de reacciones ideales ante visitas inesperadas? ¿Qué se debe decir? ¿Cómo se debe actuar? ¿Con naturalidad? ¿Debe uno fingir que se está interesado un carajo en familiares que con las distancias y los rencores parecen extranjeros?

“Saben muy bien que tu mami ha estado muy grave en Veracruz y jamás han preguntado de su estado, así que también el estado de ellos no nos interesa.”

No te acuerdas de mí- Marisa Medina
[audio:http://nofm-radio.com/podcast/04-No-Te-Acuerdas-De-Mi.mp3]

“Lo mismo podemos contar de Chismet, desde que tu mami salió para Veracruz, ella jamás ha preguntado cómo se encuentra, a pesar de que muy bien supo la gravedad con [que] partió para el puerto. Lo mismo cuando Andrés me hable de ella, le voy a contestar en las mismas condiciones. ”

¿Usted, como Ana, colecciona olvidos? ¿Y si es de esos coleccionistas de olvidos en qué lugar se reúne con otros para intercambiarlos?

“Me llamó por teléfono el Dr. Perdomo para decirme que había estado con el [sic] el Dr. Méndez , Subjefe del Seguro, y que le había dicho el tal Dr. que cuando llegaran los documentos con la calificación, ya estudiaría el caso; que nada afirmó ni soltó trapo. El Dr. Perdomo piensa dejar pasar algunos días para volver a insistir a ver qué resultado tiene el estudio y si este señor te va a dar algún [sic] puesto. Tan pronto me hable el Dr. Perdomo te avisaré qué noticia me da.”

Una gripe, un torzón, un microbio, ¿será depresión, solo sentimientos encontrados o alguna de esas catastróficas dolencias que no se aprecian en las radiografías?

“Ha estado llamando la comadre Lolis para informarse del estado de salud de tu Mami y de paso te ha enviado saludos; dice que ella es muy floja para escribir pero que yo lo haga en su lugar.”

“Pero resulta que si todos son flojos para esto, qué sería de mí estar escribiendo cartas por ellos; sería necesario acabar con bosques de papel y con las máquinas de escribir.”

Me pregunto si en el fondo, Ana concebía la mecanografía como una práctica sinfónica o si habrá osado jugar basquetbol con alguna bolita de papel con motivo de alguna carta fallida.

“En esta época debe recordar Klaus los sabrosos mangos de manila que comía aquí en México, porque de esta fruta jamás volverá a saborearla excepto si viene a México en otra ocasión.”

Una canasta con frutas pegajosas, olorosas y jugosas para ese tal Klaus que, intuyo, terminaba embarrado de mango de oreja a oreja.

Una especie de posdata al margen de la pequeña y delgada hoja reza junto a una firma a mano: “Ahora que ya tienes fuerzas, esperamos que puedas pasearte el Domingo y disfrutes de un día soleado. Los Papis te recuerdan y besan”.

Les deseo un día soleado aunque sea de noche.

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