Postal 66. Un hormiguero en pausa

Poe Erika Arroyo
@WooWooRancher

En el auto contiguo, una señora de mascada en el cuello y lentes oscuros ha sacado una revista de curiosidades. Aburrido y sudoroso, el adolescente que la acompaña ha sintonizado la radio.

Tico Tico de The Andrew Sisters comienza a sonar. La fila de autos, vista a lo lejos, parece un hormiguero en pausa.

Bienvenidos a Postales.

Una niña hace burbujas de saliva que revientan en la ventana de una carroza fúnebre. El conductor ha bajado del vehículo un momento con la esperanza de enterarse de lo que ocurre más adelante y que lo tiene detenido. Los arreglos florales que yacen perfectamente acomodados en los asientos aterciopelados se derriten conforme pasan los minutos.

Los nudos de las corbatas se aflojan, los peinados altos se apachurran, el rímel escurre como llanto negro por las rosadas mejillas de algunas damas, las madres abren las puertas para que los niños tomen un poco del fresco que puede haber al mediodía en la carretera estatal.

La parálisis vehicular pone nerviosos a algunos adultos y da curiosidad a los niños quienes ven en las camionetas dragones de fuego, en los convertibles piscinas con tiburones al volante y en los perros que jadean asomados en las ventanillas, extraterrestres orquestando una revolución.

Sentados en el filo del concreto, la familia Newman pone en práctica sus lecciones de canto, algunas versiones optimistas acompañan el desfile pasmado sobre ruedas.

Risas que se transforman en hipos o que se transforman en onomatopeyas animales conviven con llantos de bebés, claxons, rezos y maldiciones. Entre la sinfonía deforme una mujer le grita a su esposo.

-¡Morgan! ¡Morgan!

Se escucha entre los coches.

-¿Ha visto a Morgan?

-Emmm…. No.

-Mamá, se llama Norman. Vuelve al auto, por favor.

Un muchacho, su hijo probablemente, sirve como guía para su regreso.

La triste cafetería que alberga a los traileros de madrugada parece estar teniendo un gran momento, una suerte de Meca de fumadores se congrega ahí. El jamón por fin ha salido del refrigerador y el agua sigue y sigue fluyendo en la tetera.

El atardecer tiñe de azul todo. Las luces de los autos detenidos comienzan a encenderse como estrellas sobre el asfalto, rostros cabecean, codos sirven como tripié a los aburridos, el escenario es ideal para los amantes del Chevrolet verde que hace unos momentos ha comenzado a vibrar.

Un comité de conductores indignados planea partir hacia el frente. Se despiden de hijos y esposas como si de una guerra se tratase, llevan entre sus provisiones fruta y agua quién sabe para qué.

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